
Santiago Posteguillo
Penguin Random House, Barcelona, 2024
Si hay algo que queda claro al leer Maldita Roma es que su título debería incluir un “featuring Espartaco”. Porque, hay que ser sinceros, el gladiador rebelde se roba gran parte del protagonismo en esta segunda entrega del proyecto sobre Julio César que comenzó con Roma soy yo. Su fascinante historia a veces hace olvidar que se está leyendo una novela sobre el futuro dictator in perpetuum.
Por otra parte, decir que Posteguillo está enamorado del personaje de Julio César sería quedarse corto. Es más, parece que se está ante una relación apasionada y sin fisuras. En Maldita Roma, César no solo es el héroe, sino un hombre tan perfecto que casi dan ganas de invitarlo a dirigir el Ecuador. Todo lo hace bien, todo le sale bien y, si no le sale bien, es porque alguien a su alrededor es una mala persona y no está a su altura. Y claro, entre tanto brillo, los demás personajes terminan pareciendo villanos caricaturescos (salvo Espartaco, claro).
Pero la novela es entretenida. Mucho. Incluso con sus casi novecientas páginas, se lee con mucha facilidad. Posteguillo tiene el don de atrapar al lector y de convertir datos históricos, en especial, las innumerables batallas, en aventuras de cuento. Y no se puede ignorar el impresionante trabajo de investigación que hay detrás. Es evidente que Posteguillo sabe de lo que habla.
¿Es un libro perfecto? No. ¿Es un libro que merece leerse? Absolutamente. Porque, a pesar de los excesos en su devoción por César, Maldita Roma nos recuerda que la historia, cuando se cuenta bien, siempre es entretenida.

