
Entre edificios olvidados y fotografías antiguas, un libro sobre la obra del arquitecto Oswaldo de la Torre busca generar un diálogo en torno al urbanismo modernista de Quito que podría ayudarnos a enfrentar los retos demográficos de la actualidad.
En Quito hay edificios que la gente usa sin conocer su origen, por ejemplo, el Teatro de la Escuela Politécnica Nacional. Aquel, como otros, están allí desde hace décadas. Son estructuras de hormigón armado con formas angulares y que sobreviven entre cables, grafitis y esmog. Se trata de obras de la arquitectura moderna levantada en la ciudad, sobre todo, entre los años cincuenta y setenta.
Buena parte de ellos fueron diseñados o construidos por un arquitecto que fue colaborador y socio de Sixto Durán Ballén. Roberto de la Torre Neira los recupera en el libro Oswaldo de la Torre Villacreses.1948-1998. Técnica, Materia y Espacialidad, que se presentará el 14 de mayo en el Colegio de Arquitectos del Ecuador.

Libro y exposición fotográfica
- Lugar: Núñez de Vela N35-204 e Ignacio San María, Colegio de Arquitectos del Ecuador, sede Pichincha
- Fecha: 17:00
La presentación del libro es ambiciosa, pues aspira a ser el arranque de un debate que trascienda a los arquitectos y empuje a la sociedad en general a preguntarse qué está pasando en Quito con sus construcciones de otras épocas.
La jornada incluirá, además, la exposición ‘Arquitectura Fotografiada’, de Santiago de la Torre Freire, quien documentó varias de las obras de Oswaldo de la Torre. Las imágenes se enfocan en los edificios, pero reinterpretándolos a través de un estudio de su materia, la iluminación y el paso del tiempo.

Un libro que rebasa la arquitectura

El texto no es solo un homenaje a Oswaldo de la Torre, es en realidad un análisis minucioso sobre su producción. Incluye un examen de 92 obras suyas, así como el contexto histórico, fotografías, planos y estudios técnicos.
El volumen aspira a que los ecuatorianos, sobre todo los quiteños, conozcan y valoren el trabajo de un arquitecto que se esforzó en darle una cara moderna a la ciudad cuando esta empezaba su gran expansión.
Algunas de sus construcciones han sido demolidas como la casa Chérrez. Aun así, sobreviven muchas por la resistencia de los materiales utilizados y por una planificación moderna que ponía atención a detalles como el clima, el suelo y las necesidades de la gente. Y es que el libro no solo recupera la obra del arquitecto, también obliga a preguntarse qué ciudad quiere ser Quito en el futuro y cuánto podría perder por la falta de memoria.

