
Los restaurantes y las cafeterías no son el único atractivo cultural de Las Casas. En este barrio, ubicado en el noroccidente de Quito, también hay una librería. Se llama La Bodeguita y sus dueñas son Micaela Mantilla y Stephanie Serrano, dos amigas, dos libreras, dos soñadoras.
A veces, los momentos que cambian drásticamente nuestras vidas suceden en lugares inhóspitos; sino pregunten a Micaela y a Stephanie. Un día de agosto de 2021, mientras bajaban del primer refugio del Cotopaxi, decidieron abrir una librería.
Entre el frío que agujereaba sus cuerpos y la blancura del volcán que encandilaba sus ojos, barajaron nombres, hablaron de libros y de editoriales ecuatorianas y argentinas y se imaginaron cómo sería ese nuevo espacio que le regalarían a la ciudad.
Desde ese momento hasta noviembre de 2023, cuando abrieron las puertas de La Bodeguita, estas dos amigas no dejaron de traer libros bajo pedido desde Argentina, donde ambas estudiaron, Micaela Psicología y Stephanie Historia.
La mayoría de títulos eran de Tinta Limón, una editorial que tiene entre su catálogo libros como Calibán y la bruja, de Silvia Federici; Sociología de la imagen, de Silvia Rivera Cusicanqui; o El feminismo es para todo el mundo, de Bell Hooks.
Con la frase “¿No encuentras un libro? ¡Escríbenos, te lo conseguimos!” comenzaron a captar la atención en redes sociales y ferias. Ahora, esa especie de mantra está escrito en los separadores que las personas que visitan su librería pueden llevarse a casa.
-¿Por qué las librerías de barrio son importantes?
Son lugares que tratan de dar sentido a todo lo que nos rodea. Espacios que convocan desde lo cálido, desde lo dulce, desde la ternura, desde lo colectivo. En ese contexto, siento que La Bodeguita es un hogar para la diversidad”. Adriana Mantilla, librera.
La Bodeguita
Miércoles, mediodía. Quito es una masita urbana de frío y nubes grises. Afuera de La Bodeguita -una casa de dos pisos pintada de blanco, ubicada entre las calles Salvador Rivera y Acuña (barrio Las Casas)- la temperatura no llega ni a 10 grados. Aquí, el bullicio de la avenida América llega apenas como un susurro.
Adentro, en las tripas de La Bodeguita, el paisaje visual y sonoro es distinto. Suena ‘Llorarás’, ese clásico salsero de Óscar D’ León y Adriana Mantilla, madre de Micaela, prepara café. Stephanie no está pero Micaela la nombra tantas veces, que se vuelve omnipresente. "¡Somos dos!, ella ahora está en Argentina pero ¡somos dos!"
Ese afán de aclarar que La Bodeguita no es solo suya no es casual. Durante las siguientes dos horas, Micaela y Adriana hablarán de libros, de editoriales y de todas las personas que han ayudado para que esta librería se convierta en un espacio cálido y acogedor, en medio de una ciudad atiborrada de lugares inhóspitos.
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Como otros dueños de librerías de barrio, Micela y Stephanie se han empeñado en que las personas que entran a La Bodeguita se encuentren con libros de editoriales que no suelen llegar con frecuencia a Quito, como Limonero, Calibroscopio, Cuenco de plata, Sigilo, Ommani, Consonni, Madre Selva, Zorro Rojo, Hekht o Ferra.
Muchas de estas editoriales tienen entre su catálogo novelas gráficas, poemarios, fanzines, ensayos o libros de relatos sobre feminismos y disidencias sexuales y políticas. “Nos encanta -cuenta Micaela- que acá la gente se encuentre con libros de autores que están vivos y que están escribiendo sobre lo que hoy está pasando en nuestra vidas”.
Sobre mesas y muebles de madera también hay libros de autores ecuatorianos. A la vista aparecen Fiebre de Carnaval, de Yuliana Ortiz Ruano; o Bouquet, de Óscar Molina, pero si uno se pone a hurgar en las estanterías se puede encontrar con Dantescas, el libro editado y comentado por María Fernanda Ampuero, o con las novelas de Mónica Ojeda.
Igual, entre esos muebles y mesas, se puede hallar libros de sociología, psicología y psicoanálisis. Y junto a ellos, libros para niños y adolescentes que, desde sus portadas, convocan a la lectura de los adultos. Están ahí juntos, porque para estas mujeres, libreras y amigas, los libros siempre ayudarán a resistir desde la libertad y la ternura.

















