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Mundo Diners al día

Los años desconocidos de un ‘Justo de las Naciones’

por Gabriel Flores Flores

Muñoz Borrero
Manuel Antonio Muñoz Borrero, a los 30 años. Fotografía: J.N. Gómez.

En 2011, Manuel Antonio Muñoz Borrero fue nombrado Justo de las Naciones, por su ayuda humanitaria a los judíos durante el Holocausto. Gonzalo Ortiz Crespo vuelve sobre los años bogotanos de este cuencano, con un libro histórico.

El libro

¿Cuántas vidas puede vivir un hombre? Manuel Antonio Muñoz Borrero (1891-1976) vivió un puñado; y en todas esas vidas dejó huellas que han perdurado más allá de su existencia y del paso del tiempo. Está su vida en Cuenca, en Estocolmo, en Ciudad de México y en Bogotá. Sobre esta última ahonda Gonzalo Ortiz Crespo en su nuevo libro, publicado por la casa editorial de la Universidad del Azuay. 

En ‘Manuel Antonio Muñoz Borrero: los años desconocidos’, Ortiz Crespo cuenta una serie de hallazgos sobre la vida bogotana de este ilustre cuencano. Entre las más importantes confirmar que fueron 17 los años que estuvo en funciones diplomáticas en Colombia. Y que durante los últimos cinco fue el encargado de los archivos de la Legación ecuatoriana. 

También hay pasajes de su vida privada, como la fecha precisa de su matrimonio con Carmen van Arken Mallarino, que se celebró pocos días después de graduarse de doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Sobre esta historia, el autor apunta que el matrimonio duró 14 años y que volvieron a compartir su vida 30 años después de estar separados. 

El libro incluye lo que Ortiz Crespo llama ‘Textos colombianos’. En este apartado aparecen: ‘Notas del viaje a Bogotá’ y ‘Misiones Diplomáticas del Ecuador en Colombia’ -la tesis de grado de Muñoz Borrero-, que está en la Biblioteca Luis Ángel Arango: documento que era desconocido, incluso, para Óscar Vela, autor de la biografía novelada de este personaje. 

‘Notas del viaje a Bogotá’ es, sin duda, el texto que más luz arroja sobre los años de juventud de Muñoz Borrero. El relato cuenta la travesía que este personaje realizó desde Cuenca hasta Bogotá, un viaje que, hace poco más de cien años, tomaba un mes y no un par de horas como sucede ahora. 

El autor cuenta que estas notas escritas en 1913 fueron halladas por Enrique Muñoz Larrea -sobrino de Muñoz Borrero- en un viejo cuaderno que seguramente olvidó durante su última estancia en Cuenca; y que estas fueron publicadas por primera vez en ‘Pasaporte a la vida. La callada historia de un cuencano, héroe de Israel' (2011), de Gerardo Martínez. 

En este relato, el lector se encuentra con un Muñoz Borrero que muestra su habilidad como observador. La descripción de su travesía, en la que se subió y bajó de caballos, barcos y trenes, está llena de detalles y notas de color, que fácilmente podrían ser la envidia de cualquier novel escritor. Además dejan ver un pedacito de lo que era el mundo a inicios del siglo XX. 

justo

‘Justo de las Naciones’ 

Hasta hace un par de lustros, la figura de Manuel Antonio Muñoz Borrero era desconocida para la mayoría de ecuatorianos. Todo cambió en 2011, cuando El Yad Vashem, el centro oficial de Israel dedicado a la conmemoración del Holocausto Judío, le otorgó el reconocimiento de Justo de la Naciones, el máximo honor que se otorga a un gentil. 

Después de vivir 17 años en Bogotá, Muñoz Borrero fue nombrado cónsul de Ecuador en Estocolmo, donde vivió 30 años. En la capital de Suecia realizó un trabajo humanitario silencioso, con el otorgamiento de visas y pasaportes a judíos perseguidos por los nazis, antes y durante la Segunda Guerra Mundial; así salvó la vida de cientos de personas. 

Esta historia, por la que fue separado del cuerpo diplomático ecuatoriano en 1942, es narrada por el escritor ecuatoriano Óscar Vela en ‘Ahora que cae la niebla’ (2019). Un año antes, el Gobierno del Ecuador lo reincorporó al cuerpo diplomático y en 2023 lo reconoció con la Gran Cruz de la Orden Nacional Honorato Vásquez. 

Los libros de Vela y de Ortiz Crespo, -ficción y no ficción respectivamente-, han permitido armar un retrato de cuerpo entero de un ser humano que evitó el autobombo. Después de leer ‘Notas del viaje a Bogotá’ no cabe duda que Muñoz Borrero tenía varios méritos por los que presumir, pero con sabiduría prefirió lo que a muchos les cuesta, el silencio. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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