Encumbrada como la gran novela estadounidense de los noventa, La broma infinita de David Foster Wallace cayó en desgracia arrastrada por las acusaciones de malos tratos a su autor. Ahora es reivindicada por jóvenes escritoras que descubren su “humanidad”.
Se acaban de cumplir 30 años de la aparición de La broma infinita, una de las novelas más influyentes de la década final del siglo XX, reeditada por Random House, y con la que David Foster Wallace dio vida a una forma radicalmente nueva de entender el arte de narrar.
La acción transcurre en un futuro que viene a coincidir con nuestro presente. Sus dos escenarios principales son la academia de tenis Enfield y Ennet House, un centro de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, en los alrededores de Boston. En lugar de cifras, los años se denominan conforme a los nombres de corporaciones que los patrocinan.
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