
Sí, como acaba de leer. El país está en las grandes ligas de la literatura infantil y juvenil gracias a la candidatura de la escritora ecuatoriana Edna Iturralde al Premio Hans Christian Andersen 2026.
No es una novedad ni la primera vez. A sus 77 años, Edna Iturralde puede sacar pecho de los premios y reconocimientos que ha cosechado en más de 40 años de carrera literaria. El último -enero de 2025- fue el Campoy-Ada de Literatura Infantil y Juvenil que le entregó la Academia Norteamericana de la Lengua Española; el más importante, quizás, sea el Cervantes Chico que ganó en 2020.
Cuando habla de sus premios, su rostro se ilumina y su sonrisa se hace gigante. Está orgullosa de todos los reconocimientos y de su candidatura al pequeño Nobel. Pero sobre todo, de no haber renunciado a escribir para niños, cuando le decían que deje “esos cuentitos” de lado y se ponga a contar historias para adultos, o cuando su primer esposo murió y ella se quedó a cargo del cuidado de sus cuatro hijos pequeños.
Además, está contenta de que esos reconocimientos no solo vengan de adultos y de instituciones prestigiosas dentro y fuera del mundo litearrio sino también de sus lectores, niños con quienes comparte su pasión por los personajes de la historia local, las culturas ancestrales y la fantasía. A estos tres elementos, centrales en su literatura, ha sumado su interés y preocupación por problemas sociales, como el sida.
Edna y sus setenta ‘hijos’ de papel
Nunca ha tenido horarios fijos para dedicarse a su oficio. En medio de la crianza de sus hijos y la producción de la revista ‘La Cometa’, que circulaba con el diario Hoy, Iturralde escribía en cualquier parte y a cualquier hora. Ahora sigue sin tener horarios pero lo hace con más calma, en el estudio que tiene en el primer piso de su casa, en Tumbaco; junto a ella suelen estar Capitán, Natacha, Tito y Pee-Wee, sus cuatro 'perrhijos'.
Sus mascotas no son las únicas que la acompañan. En su estudio están los libros que ha leído y los que ha escrito, estos últimos suman setenta, según sus cuentas, y los llama “hijos de papel”. “No tengo ningún preferido. A todos, como siempre les digo a los niños, los quiero por igual”. Lo dice con la misma convicción con la que cada día, sentada frente a su computador, alza las manos y le pide a Dios que esté a su lado mientras escribe.
La primera vez que escribió algo que no fuera su nombre o la tarea de la escuela tenía 11 años. Era una comedia inspirada en la historieta ‘El Coronel Cholalisa y la Duquesa Sonrisa’, que a su profesor de quinto grado le gustó mucho. Luego vinieron los cuentos que escribía a sus hijos y los que publicaba en El Comercio. Fue a inicios de los años 80, tiempo en el que la literatura escrita para niños era vista por debajo del hombro.
Hoy todo es distinto. La literatura infantil tiene el mismo reconocimiento que cualquier otro género literario. Iturralde no lo dice pero sabe que ha sido clave, junto con otras escritoras locales, para que las nuevas generaciones se enganchen con la lectura. Niños que en los 80 leían Desde el jardín de las arañas doradas, su primer libro de cuentos, y que hoy ya adultos leen a sus hijos títulos populares como Aventura en los Llanganates.

Los personajes de Edna
En el bestiario literario de Iturralde hay de todo: arañas, guacamayas, llamas, cerdos, mariposas, lagartos, caballos, cóndores, leones, ballenas y cuyes. Sobre el escritorio de madera de su estudio hay un cuy de juguete vestido con una chompa rojo y audífonos negros, cuando Edna aplasta un botón, el divertido conejillo de indias repite lo que ella dice. “Él también me acompaña cuando escribo”, cuenta soltando una mirada pícara.
Pero en su universo literario no solo hay animales sino hombres y mujeres cuya historia ha trascendido el tiempo, como Simón Bolívar, Miguel de Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz o Zeila Nuttal, una mexicana pionera en los estudios antropológicos y arqueológicos en su país y la protagonista del libro con el que ganó el Premio Campoy-Ada. “Me gusta tanto la historia de Bolívar que escribí dos libros, una biografía para jóvenes y otra para niños”.
También están los personajes anónimos como los protagonistas de Lágrimas de ángeles o del El día de ayer, donde cuenta la historia de cuatro niños con sida que viven en un hospital-escuela. “Aunque el libro habla de un tema complejo, en la trama hay esperanza, aventura y lealtad entre los chicos. Lo escribí por pedido de un cura colombiano que me contó la discriminación que vivía un grupo de niños que conocía”.
Entre los personajes más jóvenes de su literatura están los protagonistas de El abuelo que tejía historias, donde cuenta la historia de un otavaleño y su nieto que acaba de llegar del extranjero. El libro se publicó en España y llegará este año a las librerías locales. Edna dice que sigue escribiendo con la misma alegría y fluidez de siempre y que por eso está convencida de que en su vida falta aún que nazcan más ‘hijos de papel’.


