
Hace dos años, Oquendo (Quito, 1937) apagó los micrófonos de Visión FM y anunció que se retiraba del periodismo. Ese día prometió que se dedicaría a concluir sus memorias.
'El lugar de donde vengo'
A dos años de aquello, Diego Oquendo cumple su promesa y nos entrega un libro titulado El lugar de donde vengo. El juego literario que propone comienza desde el título, porque en la primera portadilla el subtítulo reza Memorias mientras que en la segunda portadilla el subtítulo es más sugerente: Apuntes para ahuyentar el olvido, con lo que empieza a aparecer el poeta.
Con la trayectoria de Diego Oquendo, figura del periodismo en radio, televisión y prensa escrita, lo que recalca el título es que viene de algún lugar que nos quiere revelar: la pobreza y la falta de abuelos en medio de una infancia dura, a la que sobrevivió y de la que le salvó una madre abnegada y su propio trabajo constante, metódico, y su lectura diaria, de historia, filosofía, política y literatura.
No son unas memorias al uso, que comienzan con la infancia y desarrollan el relato de forma cronológica, siguiendo el transcurso de la vida, sino que, aunque comienza con sus primeros años de vida -con un cuadro durísimo de la pobreza en que aquella se desarrolló-, pega de pronto un salto a una escena en que, ya padre de familia, ayuda a salvar de la muerte a su hijo mayor, Diego del que sabemos ahora se llama Diego Asís.
Luego echa unas pinceladas sobre su segundo hijo, Sebastián, y de pronto nos cuenta de sus andanzas de periodista bisoño al que Jaime Nebot Velasco le da la primicia de que supuestamente el líder del CFP, Assad Bucaram Elmhalin, tenía fraguada su identidad pues su nombre verdadero era Fortunato Khury Buraye, una patraña para impedir que sea candidato. Diego, por su parte, periodista inquisitivo, decide ir a Panamá a entrevistar al propio Assad Bucaram y recoger su versión de la historia.
Así, en las primeras 40 páginas del libro, el lector va a apreciar que Oquendo engarza el tema con otras anécdotas del programa “Ante la opinión”, conducido por él y que marcó el inicio de los espacios de entrevistas en la televisión nacional, en la primera estación televisiva de Quito, Canal 6.
Y pronto sabemos del otro desafío que se plantó con la columna “Frente a frente” en el diario El Tiempo, de entrevistas de preguntas y respuestas brevísimas.
Diego Oquendo, el poeta
Sería absurdo hacer aquí una suerte de índice del libro. Lo que importa es saber que este no tiene el orden tradicional, que es un libro que va hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. Que es un libro que a ratos parece revista, con reportajes y fotografías (como uno, que es a su vez un diario de campo, sobre el terremoto de Guatemala de 1976).
Un libro que en ciertas páginas tiene viñetas muy cortas e íntimas, que en otras tiene textos que son verdaderos poemas en prosa y otros con versos, porque Oquendo ha sido periodista, gran periodista, toda su vida, pero como le dice Diego Araujo en una entrevista que le hace, en realidad, en el fondo, es un poeta.
Entonces, estamos frente a un libro de memorias, a una revista, a un casi álbum de recortes, que ha sido escrito a lo largo de cincuenta años (hay textos firmados en 1973, otros en los noventa) pero todos ellos, y eso es de destacar y agradecer, escrito con la calidad de estilo, la finura y el especial humor de Oquendo.

La suma en un libro sobresaliente, que no aburre pues en él no solo se rememoran hechos políticos, circunstancias y personajes nacionales de los que el periodista fue testigo de primera línea, sino que se abre como un abanico para convertirse en testimonio del fino escritor, socarrón a veces, del viajero, del personaje público siempre patriota, amante de su tierra, de su gente y, “por cierto”, como diría el propio Oquendo, de su familia, que está revoloteando el libro al igual que estuvo siempre presente en los 30 años de “Buenos días” y en la propia radio.
Oquendo no escribe como lo haría un auditor o un contable, llenándonos de detalles, sino más bien como el periodista creativo, inquisitivo sobre los demás pero que a la vez bucea en su propia alma, encontrando belleza e inspiración más allá de la prosaica realidad.
Por fin, y no menos importante, el libro, editado por Dinediciones, tiene un formato de fácil lectura, diagramado con gusto y espacios generosos, cuyas 500 páginas están encuadernadas en pasta dura y lomo cosido, lo que asegura su durabilidad. Las fotos que están cuidadas y son de personajes muy diversos, desde políticos hasta protagonistas de la crónica roja, otro componente de esa variedad divertida de este volumen.

