
En apariencia, Dantescas es un libro. En la práctica es la puerta de entrada a los infiernos cotidianos de mujeres de distintas épocas y latitudes. Sus historias son contadas por 12 escritoras vivas y muertas; entre ellas Mariana Enriquez y Clarice Lispector.
En Dantescas, la violencia no se esconde en el Séptimo círculo del Infierno de La divina comedia, de Dante, ni en el cuadro que está en la entrada de la iglesia de la Compañía de Jesús, en el Centro Histórico de Quito. Habita y se propaga entre los 12 cuentos que la escritora María Fernanda Ampuero seleccionó para este libro.
Es el tercero de una colección de libros ilustrados y comentados llamado Mujeres que leen mujeres (Editorial Ferra), que busca acercar la obra de autoras clásicas a nuevos lectores. El primero fue Un cuarto propio, de Virginia Woolf, comentado por Agustina de Diego; el segundo fue Frankenstein, de Mary Shelley, con comentarios de Esther Cross.

Los cuentos
Los cuentos de Dantescas son como dagas. Y aunque no vemos la herida sentimos el dolor. No importa si están ambientados en la ruralidad o en medio de alguna metrópoli o si fueron escritos a inicios del siglo XX o en el último lustro. La violencia psicológica o física que viven sus protagonistas está ahí, latente, para recordarnos que no todos las historias tienen final feliz y que el infierno puede estar a unos pasos de nosotros.
Entre los cuentos que eligió Ampuero hay clásicos como El empapelado amarillo, de la estadounidense Charlotte Perkins Gilman (traducido por Florencia Parodi); El huésped, de la mexicana Amparo Dávila; Las esclavas de las criadas, de la argentina Silvina Ocampo; y la Mujer más pequeña del mundo de la brasileña Clarice Lispector.
Estas autoras usan recursos de la literatura de terror, como la presencia del monstruo o de la criatura, para mostrar la violencia cotidiana ejercida por padres, esposos, compañeros o por otras mujeres. La daga que hiere al lector está manchada por las diferencias entre clases sociales, el machismo, la locura y el encierro. La casa -la propia o la de otros-, aparece como la puerta por la que se desciende hasta los infiernos.
Estas historias dialogan con relatos más actuales, como Las voladoras, de Mónica Ojeda; El camino angosto, de Liliana Colanzi; o El chico sucio, de Mariana Enriquez. El cuento de Colanzi está ambientado en Bolivia pero es inevitable que el lector no lo conecte con Colonia Dignidad, la secta fundada en Chile por el predicador y pederasta alemán Paul Schafer. El de Enriquez es el relato más urbano, allí el infierno está adentro y afuera, en un barrio de Buenos Aires y en las entrañas de una mujer drogadicta.
A estas historias se suman relatos inéditos y exclusivos como Las fieras, de Elaine Vilar Madruga; y El don de la familia, de Layla Martínez. Sin duda, el cuento donde la daga se hunde hasta lo más profundo del cuerpo es ‘Transmutación’ de la brasileña Verena Cavalcante, se trata de una historia donde los protagonistas, incluida la narradora, son menores de edad, niñas cuya infancia arde hasta convertirse en el peor de los infiernos.
Dantescas
Como todos los libros de la colección Mujeres que leen mujeres, Dantescas es una edición comentada. Incluye marcas de lectura como fragmentos resaltados, palabras claves, argumentos subrayados y notas al margen. Además, cada cuento tiene ilustraciones de Jules Mamone y un comentario crítico de Ampuero, donde analiza los textos, sus circunstancias de escritura y los puntos de contacto entre las mujeres y la violencia.

Vicky Benaim y Mara Parra, las editoras de Ferra, han comentado que para este libro Ampuero hizo hincapié en tres cosas: en el diálogo entre escritoras muertas y vivas; en el vínculo entre la literatura que se escribe desde Latinoamérica y desde España; y en la integración de Brasil al diálogo con el resto de cuentistas de países hispanoamericanos.
Estos cuentos, como en cualquier antología, pueden leerse en el orden de publicación, en este caso comenzando por Vampiro, de Emilia Pardo Bazán y terminando con El chico sucio. Pero hay otras posibilidades de lectura si de entrada se sabe que, por ejemplo, el cuento más poético es el de Ojeda, el más cinematográfico el de Colanzi, el más urbano el de Enriquez o el más desgarrador el de Cavalcante. El de Perkins Gilman es el imperdible, el que le recomendamos leerlo dos o tres veces.

