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Mundo Diners al día

‘El camarote de Santa Marta’, el Quito colonial contado en viñetas

por Gabriel Flores Flores

Fabian Patinho
Fabián Patinho es el autor de tres novelas gráficas, la última está ambientada en el Quito colonial.

En el Quito colonial de ‘El camarote de Santa Marta’ la vida es un caos: en los barrios se fragua una revuelta contra los chapetones y en las quebradas aparecen cuerpos mutilados de mujeres jóvenes. El licor escasea y mientras unos se esconden otros desaparecen. 

Patinho descubrió el 'camarote' de Santa Marta mientras investigaba para el Archivo Blomberg. En la Biblioteca del Fonsal encontró la foto de una capilla que estaba junto al Museo de la Ciudad, donde ahora funciona la Cruz Roja. Enseguida llamó su atención el pie de foto, en el que leyó: “Un lugar donde se mandaba a hijas de familias acomodadas que necesitaban corrección”. La pregunta saltó de inmediato ¿Qué tipo de corrección?

‘El camarote de Santa Marta’ 

La nueva novela gráfica de Fabián Patinho está ambientada en 1765, días antes de la Revuelta de los estancos o Revolución de los barrios de Quito, una sublevación del pueblo cuyo detonante fue el incremento en el precio del aguardiente, bebida popular entre los quiteños de la época. 

En medio de este paisaje aparece Lorenzo Benamor, cronista de la ciudad acusado de traidor, que en esta historia se convertirá en una especie de detective criollo, a quien una familia acomodada le encarga descubrir el paradero de su hija. La única pista que tiene es el lugar en el que fue vista por última vez, el camarote de Santa Marta. 

Unos lo conocían como el ‘recogimiento', otros, como el ‘camarote`. Lo cierto es que Santa Marta, fundado en 1595, fue un lugar de confinamiento para mujeres pobres que habían delinquido, adúlteras, deudoras y otras infractoras de las leyes de la época. 

Había familias acomodadas que enviaban a sus hijas “rebeldes” a los conventos, pero otras preferían que los periodos de castigo los cumplieran encerradas en el 'camarote'. Santa Marta tuvo varios emplazamientos, pero el más duradero fue junto a la capilla del Hospital San Juan de Dios, en la calle Rocafuerte, hasta que fue derrocado en 1940. 

Junto a Benamor aparecen otros personajes distintas clases sociales, como Baltasara Chusig, hierbatera y ladrona de mercado; Juana Deleg, kichwa amazónica y hechicera de caballos; Bernarda Palla de Aldás, dama acomodada de Quito; Blas y Garcilaso, el primero cura betlemita que atiende a leprosos y el segundo su fiel perro, y Fidelio, centinela nocturno del 'camarote'. 

Su trayectoria

  • Fabián Patinho nació en Cuenca y vive en Quito. Escribe para teatro y es autor de cómics. 
  • Sus novelas gráficas publicadas hasta ahora son: ‘El ejército de los tiburones martillo’ (2019), ‘Cielo’ (2022) y ‘El camarote de Santa Marta’ (2023). 
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Novela policial 

Del Quito colonial hay pocas referencias visuales. Cobijado por la historia, Patinho ficciona con sus dibujos una ciudad donde no solo se está preparando una revuelta popular, sino una en la que violan, matan y lanzan a mujeres a las quebradas. Podría ser el siglo XXI pero es el XVIII, época en la cual la homosexualidad y el diablo eran sinónimos; un mal que debía ser expulsado de los cuerpos de hombres y mujeres. 

A medida que Benamor avanza en sus investigaciones, la novela deja ver las costuras de una sociedad curuchupa y pacata, donde hay hombres que van a misa por la mañana y al burdel por la noche. Otra vez, podría ser el siglo XXI pero es el siglo XVII. Y aquí las mujeres si no están casadas valen menos que el perro de Blas. La cosa empeora si son indígenas y se remata si alguna de ellas decide fijarse en otra mujer: triple condena. 

A diferencia de los thrillers policiacos clásicos, donde el detective o el policía de turno se juegan la vida para descubrir un crimen, en esta historia ninguna autoridad está interesada en resolver la muerte de las mujeres que desaparecen del ‘camarote’. Sí, ya sabe, podría ser el siglo XXI pero… Lo que mueve a Benamor son el dinero y la culpa. Y con la culpa viene la expiación, esa búsqueda incesante de alcanzar el perdón, el propio o el ajeno. 

En ‘El camarote de Santa Marta’, la mayoría de personajes viven atormentados no solo por los abusos de la Corona española sino por sus propios miedos. Hay unos que logran escapar de los muros de este Quito colonial, pero hay otros que solo alcanzan a malvivir en medio de una ciudad donde ser alguien sin máscaras y secretos parece imposible. “La culpa, querido Bruto, no radica en nuestra estrella, sino en nosotros”. La frase es del 'Julio César de Shakespeare' y se lee al inicio de esta historia.  

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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