En un breve paseo por Internet se puede reunir un buen manojo de historias falsas sobre quien fuera durante varios años el hombre más rico del mundo, Bill Gates, el creador de Microsoft, la poderosa corporación cuyos fabulosos ingresos provienen de la venta de un producto que hasta los años cincuenta ni siquiera tenía nombre: el software.
Quienes no creen en el sueño americano del self–made man propagan información para probar “que no era para tanto” y que en realidad provenía de un círculo privilegiado. En el libro Código fuente, subtitulado Mis inicios, el propio Gates, con ayuda de un nutrido grupo de asesores, a quienes menciona exhaustivamente, narra cómo se produjo su despegue. Es una obra convincente, de lectura agradable, a ratos emocionante, que no se adensa por sus detalles técnicos.
El futuro magnate nació en un ambiente bastante acomodado, pero no relacionado con las grandes fortunas billonarias del país. De niño sufrió una leve forma de autismo, que sus informados padres hicieron tratar oportunamente. En los síntomas que describe algunos han visto más bien un trastorno de atención deficiente.
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