
Si algo hace match con un lector es visitar una biblioteca o una librería. Pero, ¿qué pasa si se vive en zonas donde el acceso a la lectura es ínfimo? ¿Qué significa llevar libros a donde no llegan? En este artículo, contamos la historia de una biblioteca-librería ambulante en Loja.

Hay un libro que cuenta la historia de una mujer mayor que, harta de la rutina de su entorno rural, compra un carromato -vehículo antiguo- lleno de libros, una yegua y un perro; y con ellos, se convierte en librera peregrina. Por supuesto, hablamos del clásico de la literatura norteamericana 'La librería ambulante' de Christopher Morley (1917).
En en Loja, al sur de Ecuador, el caso de Stalin Paciche, editor y dueño de SP editorial, es ligeramente similar. Aunque Stalin no consiguió un carromato, sí un remolque, una gran caja metálica de dos metros de ancho, ocho de largo y dos de alto, convertida en una biblioteca-librería móvil.
El origen del movimiento
La familia de las librerías y bibliotecas itinerantes es antigua. Comenzó con fondos de libros religiosos, luego laicos, que pasaban con vehículos tirados por caballos entre comunidades británicas en el siglo XIX; luego, en el siglo XX, en Estados Unidos, se popularizaron los bookmobile para llevar lecturas a los granjeros.
En 1997, en la ruralidad colombiana, apareció el biblioburro. Mientras que, en Ecuador, la combi de la fundación Cecilia Rivadeneira y la furgoneta de Biblioazuay son casos de vigentes de bibliotecas móviles.
Para Loja, una biblioteca-librería móvil es un hito, un sueño que ha tardado años en robustecer su cuerpo. En 2018, la idea nació de una conversación entre amigos: Stalin Paciche; Carlos Carrión, escritor; Luis Salvador Jaramillo, también escritor, y José María Sánchez, abogado y poeta.
“¿Qué podemos hacer para llevar la literatura lojana actual hasta donde no llega?”, se preguntaron. La respuesta fue audaz: publicar libros, y después, llevar esas historias sobre ruedas. Así, se gestó el grupo SP editorial -al que se unió, más tarde, el escritor cuencano Jorge Dávila Vásquez-. Hasta 2024, el grupo editorial publicó 48 libros de ficción, pedagogía e investigación de autores lojanos.

El interior de la biblioteca-librería ambulante de Loja. Foto: cortesía.
Libros sobre ruedas
El proyecto Literatura sobre ruedas se creó con una inversión de aproximadamente 30.000 dólares y el año pasado se presentó a la comunidad en el marco del Festival Internacional de Artes Vivas de Loja (FIALV).
Stalin-o Talo, como lo llaman sus amigos-consiguió un remolque con la capacidad de recibir 85 personas. El espacio es grande. En su interior hay anaqueles de metal, extendidos a los costados, organizados y llenos de libros. Cada estantería está coronada por un cartel que indica su contenido: fantasía, literatura ecuatoriana, cuento...
En un rincón, hay pufs y cojines que invitan a los visitantes a sentarse. La biblioteca cuenta con 5.000 libros que se prestan para ser disfrutados ahí mismo. La librería tiene dos catálogos: uno con 600 libros de literatura universal, y otro con 120 de letras lojanas.
En Loja poco o nada se venden libros”, dice Talo. “Nuestro nicho de adquisición de letras de escritores lojanos no están en Loja, en su cuna, sino más bien fuera; por eso, el itinerario de viaje de Literatura sobre ruedas es visitar las escuelas y colegios en las zonas periféricas de la provincia: sus 16 cantones, esos lugares donde el acceso es, casi siempre, un lujo.
“Queremos ser irreverentes con lo que propone el Ministerio de Educación (Mineduc)”, añade Talo. En su opinión, las lecturas que promueve el Mineduc en las instituciones educativas, a menudo, excluyen los autores locales. Este proyecto, entonces, es también una declaración: los autores lojanos serán leídos y discutidos.
Además, la librería y biblioteca ambulante está destinada a servir de centro cultural móvil para que se den talleres de escritura, conversatorios, animación lectora, presentaciones de libros, y también para permitir el diálogo de la literatura con otras disciplinas artísticas.
Actualmente, la agenda de actividades y visitas de Literatura sobre ruedas se está programando y se difundirá en sus redes sociales. Cuando Stalin habla de este proyecto pata caliente, andariego, uno es testigo de una convicción legítima. Al igual que la historia de librería de Morley, los libros viajarán como tejidos que despertarán con el tacto de quienes los encuentren, pues, solo lo vivo se mueve.

