Una ola plateada se extenderá sobre la literatura mundial. No está lejano el día en el que la llamada “tercera edad” se convierta en el mayor grupo etario y como, por lo menos en el Primer Mundo, los viejos tienen tiempo libre, ingresos asegurados y son más inclinados a la lectura, se puede prever que los libros sobre temas que les interesa serán una tendencia poderosa en el futuro.
Hace algunos meses murió Paul Auster, escritor muy reconocido y galardonado, joven para lo que se ve en estos tiempos. Poco antes de marcharse nos dejó Baumgartner, novela breve sobre los fríos sinsabores y las tibias satisfacciones de los años del ocaso. No es autobiográfica, pero tiene componentes evidentemente salidos de su menguante peripecia vital.
Con el realismo reflexivo que caracteriza a su obra, Auster nos narra la historia de Sy Baumgartner, un catedrático viudo, septuagenario, que una mañana es sorprendido por una serie de pequeños incidentes que las limitaciones de la edad convierten en trágicos. Pronto nos enteramos de que su esposa, Ann, murió diez años antes, llevada por una ola en Cape Cod. Su matrimonio había sido moderadamente feliz, tanto como puede serlo la combinación de una poeta, traductora y estudiosa de la literatura, con un ensayista, académico y filósofo.
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