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‘Archipiélago’: el mundo literario de Mariana Enriquez 

por Pablo Concha

Archipiélago
La escritora argentina Mariana Enriquez es una de las autoras más populares de Latinoamérica.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

En Archipiélago, la escritora argentina Mariana Enríquez rememora las lecturas intensas y obsesivas que ha acumulado con los años y que han dado forma a su imaginario literario. 

¿Qué lleva a un autor a escribir determinado tipo de narrativa? ¿Por qué se inclina hacia ciertas temáticas? ¿De dónde vienen sus influencias? ¿Por qué, dentro de un mismo género, es diferente a otros? Son preguntas que emergen a la superficie cuando se piensa en la obra de un escritor o escritora favorita. 

No todos estos interrogantes tienen respuesta, ya que la creación literaria suele ser misteriosa y no siempre se puede desentrañar su complejidad. Hay demasiados factores que entran en juego y se mezclan en ese torbellino que ruge en el interior de muchos artistas: la época del nacimiento, el lugar geográfico de la crianza, la composición de la familia, el entorno, la situación socioeconómica, las carencias, problemas o dificultades que tuvo, los vicios adquiridos o heredados, la orientación sexual, la educación y un muy largo etcétera. 

“Creo que el gusto literario no se elige. Ignoro de dónde viene, es una conexión esotérica y estética que no podría explicar”, dice Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) en Archipiélago (Ampersand, 2025). Su nuevo libro es una colección de notas relacionadas –como islas dispersas en el mar– sobre su formación lectora y las obras que la impactaron, influenciaron y de alguna manera la ayudaron a convertirse en la escritora que es hoy en día. “Esa afinidad inmediata, el gusto primero y permanente, es inexplicable pero está fuera de duda”.

Archipielago cover

Una lectura letal

Un rasgo común que comparten todos los escritores, sin importar su procedencia, es que el inicio de todo siempre ha sido la lectura. Un libro que atrapó al autor o autora, por la razón que fuera, y cuyo contacto le transmitió un virus, algo que se expandió rápidamente a su cerebro y se arraigó con fuerza, dando inicio a una 'enfermedad' para la que no existe tratamiento ni cura. El descubrimiento de ese primer libro es similar a cuando se prueba una droga fuerte, algo que engancha inmediatamente y no se puede ni se quiere dejar.

En el caso de Enriquez, esa primera dosis se la suministró La historia interminable de Michael Ende. Todo comenzó en Lanús, en la biblioteca de la casa familiar, compuesta casi en su totalidad por colecciones de la Biblioteca Básica Salvat y Club Bruguera. 

Archipiélago realiza un recorrido por esas lecturas que terminaron siendo esenciales para la autora, cuando ni siquiera pensaba en escribir sus propias ficciones. La obra forma parte de la interesante colección ‘Lectores’ de la editorial Ampersand, la cual “busca explorar los vínculos que unen la experiencia de leer con la experiencia de vivir. Para ello, se recogen las reflexiones de un conjunto singular de escritores latinoamericanos, cada uno con su propia geografía intelectual y afectiva”.

La alumna aventajada

Enriquez, que no estudió Letras, ni realizó maestrías o doctorados en escritura creativa y nunca asistió a un taller literario ni formó parte de un club de lectura, detalla la forma como llegaron esas primeras lecturas a sus manos, y la manera como empezaron a emerger esas islas que fueron formando ese archipiélago de ficciones inquietantes y terroríficas que han dado forma y vida a su escritura.

Cuenta, por ejemplo, lo importante que fueron las dedicatorias y epígrafes en los libros de sus escritores favoritos, los cuales la llevaron a nuevos nombres y obras por conseguir y explorar, alimentando esa búsqueda incesante de más y mejores historias.

Entre los nombres de amigos, colaboradores, colegas y maestros, hay unos pocos que se repiten y salen a flote varias veces: Rodrigo Fresán, Stephen King, Shirley Jackson, J. G. Ballard y Cormac McCarthy. “No hubiese escrito un renglón sin leer a King y a Jackson. Son quienes, para mí, sostienen en alto las luces para poder ver el camino”, afirma.

También cuenta la anécdota sobre la lectura de Cementerio de animales (regalo de un tío en diciembre) y la manera como le hizo experimentar lo que era “devorar un libro” y leer a “un narrador despiadado”. Señala que continúa siendo una lectora fiel del Rey del terror y considera también que “no se lo ha leído bien o que no se lo ha leído”. Dice también que “leo a King como un mitólogo, un realista y un mago”.

Los epígrafes esenciales de Fresány las recomendaciones actuales que le hace. De J. G. Ballard, el mejor exponente de la modernidad distópica y los efectos psicológicos de los avances tecnológicos dice que: “¿Cómo describir esa frialdad que implica leer a Ballard?”

Pasiones oscuras

Enriquez detalla su interés por la psicogeografía al descubrir la obra de Iain Sinclair y el impacto de leer a Dennis Cooper, que inició con Contacto: “Leerlo fue transformador. Me hizo sentir incómoda y libre al mismo tiempo”. Señala que Cooper “me abrió la puerta de la abyección”, y menciona su trinidad absoluta de lo abyecto: El monstruo pentápodo, de Liliana Blum, Páradais, de Fernanda Melchor y Nefando, de Mónica Ojeda.

Nombra los escritores que considera que han sido olvidados: Henry Miller, D. H. Lawrence y los primeros libros de Ian McEwan, cuando se lo conocía como “Ian Macabre”, Manuel Mujica Lainez, Kenzaburo Oé y Sam Shepard. 

Sobre uno de sus géneros predilectos, el gótico sureño, dice que: “Hay territorios de lectura que se reconocen enseguida como cercanos y no es claro por qué. La literatura tiene algo misterioso, tanto al leerla como al escribirla, y uno de esos misterios son las afinidades”.

Menciona su favorito de este campo: Cormac McCarthy, y cómo lloró desconsolada cuando iba en un colectivo en Buenos Aires al terminar de leer Ciudades de la llanura y descubrir el destino de John Grady Cole. Enriquez peregrinó a la Universidad de El Paso, en Texas, para conocer la casa en donde el autor escribió la ya mítica Meridiano de sangre.

Aquí vive el horror

Naturalmente, y como no podía faltar, habla de sus lecturas iniciales de terror. En especial de las colecciones de cuentos de Horror, de la editorial Martínez Roca, favoritas de los conocedores del género y hogar de innumerables joyas. “El estado natural de la literatura de horror es la antología de cuentos”, dice. 

De Thomas Ligotti afirma que es “demasiado críptico y altivo: leerlo es como leer algo muerto”. Reconoce, como deberían hacer todos los que lo han leído, a Brian Evenson como un genio. Confiesa que el vampiro es su monstruo favorito y que lo venera; que Lovecraft no le gustó la primera vez que lo leyó y que la lectura se le hizo pesada.

Se expande en elogios a Robert Aickman, a quien reconoce como el mejor autor en el campo de la ficción extraña. Enriquez escribió un extenso y muy interesante prólogo para el libro El Asilo y otros relatos de lo extraño de Perla Ediciones, obra que recoge varios de los mejores cuentos de Aickman.

La claridad de la mirada de Enriquez, la madurez y sinceridad de sus análisis, las anécdotas interesantes, los datos, los nombres de autores que quizá no se conocen y apenas se descubren, la generosidad de las recomendaciones, convierten la lectura de Archipiélago en imprescindible, no solo para los seguidores de su narrativa, sino para todo aquel que entiende y reconoce el poder intenso y el magnetismo de los libros, además de la manera en que pueden mostrarnos un lado oculto, inquietante y quizá más auténtico de la realidad.

En medio de esas islas perturbadoras e hipnóticas, hay apuntes curiosos, confesiones, obsesiones, miedos, algunas quejas y peregrinajes a casas (convertidas ahora en museos) de autores que representaron algo más que una ayuda para evadir la realidad, haciendo del conjunto algo fascinante de explorar y un espacio ideal en donde naufragar y perderse para descubrir tesoros.

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Acerca de Pablo Concha

Cali, Colombia. Autor de los libros Otra Luz (2017) y La piel de las pesadillas (2020). Su relato “El infinito en una cita” fue incluido en la antología de cuento colombiano Puñalada Trapera II (Rey Naranjo editores, 2022). Colabora con reseñas literarias y entrevistas a escritores, editores y traductores en diversos medios culturales.
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