En contra
Hay libros que simplemente nunca debieron publicarse. En agosto nos vemos, novela póstuma de Gabriel García Márquez, es uno de ellos. En vida, a Gabo le perdonaron todo, dentro y fuera de su literatura, pero llegó el momento de hacer una excepción.
“Este libro no sirve. Hay que destruirlo”. Con esa sentencia saliendo de su boca, Gabriel García Márquez tal vez sintió el mismo desamparo que el coronel Aureliano Buendía, el protagonista de Cien años de soledad, cuando estuvo frente al pelotón de fusilamiento. Una indefensión que seguro se hizo más grande al recordar que había sido pieza central del boom, globalizado el realismo mágico, ganado un Nobel de Literatura y que era referente para legiones de escritores en todo el mundo. No es difícil imaginarlo en el estudio de su casa, en Ciudad de México, masticando su frustración porque En agosto nos vemos, su novela póstuma publicada en marzo pasado, no alcanza el nivel al que él y sus lectores estaban acostumbrados.
En el prólogo del libro, Gonzalo y Rodrigo García Barcha, dos de sus tres hijos aseguran que para ellos no fue fácil publicar la novela después de la sentencia de su padre. “En un acto de traición, decidimos anteponer el placer de sus lectores a todas las demás consideraciones. Si ellos lo celebran es posible que Gabo nos perdone. En eso confiamos”. Ahora, quienquiera que lea las 137 páginas de esta novela entenderá que García Márquez tenía razón y que el mejor hogar para esta historia siempre fue uno de los muebles del Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas donde reposan todos los documentos de su colección.
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