Jorgenrique Adoum heredó de su padre —Jorge Elías— la vocación por la escritura, mas no la forma de ver el mundo. No obstante, el hecho de compartir nombre y oficio provocó algunas confusiones. Julio Cortázar jugó a que los Adoum eran dos facetas de una sola persona. Yo imaginé que, en lugar de hablar con uno, había conversado con el otro.
Parecerse es hacer lo mismo
Creo que era el año 1999 cuando interactué, por única vez, con el escritor ambateño Jorgenrique Adoum. Fue durante una invitación en la casa de un amigo de mis padres. Adoum y yo —que éramos el más viejo y el más joven del sitio— nos pusimos a conversar. Sentí entonces la confianza de pedirle que me diera sus impresiones acerca de un cuento que yo había escrito pocas semanas antes y que hablaba sobre el barrio de Guápulo.
Pedírselo fue incómodo, pues me era difícil prever su respuesta. No sabía casi nada sobre él, apenas recordaba que era el autor de Entre Marx y una mujer desnuda, la novela experimental llevada al cine en 1996 por Camilo Luzuriaga. Yo no había leído el libro, solo había visto la película.
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