
Tomte es el gnomo que acompaña a Papá Noel, pero además es un protector de hogares y, por lo mismo, en Escandinavia la gente suele usar imágenes suyas para adornar estantes y chimeneas. Su historia es la de un ser tan amable como travieso. Le presentamos una adaptación de un cuento del norte europeo.
En el norte de Europa, el folclore está lleno de duendes y gnomos. Uno de estos es Tomte, un hombrecillo que vestido con traje gris y gorro rojo aparece durante el solsticio de invierno. Se trata de un espíritu casero que inspecciona el orden en las casas. Si lo encuentra satisfactorio, premia con obsequios; si no, castiga con travesuras. Como otras tradiciones locales, esta se mezcló con la de Santa Claus. La historia es así:
Tomte, el generoso
Tomte era un gnomo muy hábil y saltarín que vivía oculto en un bosque frondoso. No llegaba al metro de altura y su barba era larguísima y blanca.
Le gustaba contemplar a las familias alegres durante la Navidad y ayudar a otros sin que llegaran a enterarse de su intervención. Devolvía, por ejemplo, las ovejas descarriadas a su granja o iluminaba el bosque con el apoyo de sus amigas luciérnagas para que ningún aldeano se perdiese.
Una noche de invierno, Tomte salió a pasear y vio a un reno en apuros: su pata había quedado atrapada entre unas ramas. Se trataba de un animal extraño, con la nariz roja. Pero el gnomo no tuvo dudas y lo salvó.
Al poco, llegó Papá Noel. Estaba agotado por repartir regalos, así que se puso muy alegre cuando Tomte lo llevó a tomar chocolate caliente en su casa.
Después de conversar un rato, el padre de la Navidad le propuso al gnomo acompañarlo en el trineo para que observara su trabajo. Él aceptó. Y ambos empezaron a recorrer techos de casas y a deslizarse por las chimeneas.
Lejos de agotarse, pronto, el hombrecillo se ofreció a terminar la tarea por su cuenta. Papá Noel no pudo negarse. Satisfecho, lo contemplaba caminando de puntillas para no tumbar tejas o despertar a la gente. Y la felicidad con la que acometía cada entrega lo persuadió de que era el indicado para ser su nuevo asistente.
Esa misma noche, Papá Noel ayudó a Tomte a construir un trineo propio. Este, sin embargo, no podía volar por la falta de un reno como Rodolfo, así que el santo le encargó la repartición únicamente en las tierras vecinas a su casa. Desde entonces, no ha vuelto por allí el hombre vestido de rojo. Solo aparece un gnomo gris.
Pero no se preocupe: aquello ocurre muy lejos, en Escandinavia.

