El ganador del Pulitzer de Ficción Viet Thanh Nguyen nos regala “El simpatizante”, una novela sobre guerras, identidades fallidas y un colonialismo que no termina.
“Ella había sido pobre, yo era su hijo pobre y a la gente pobre nadie le pregunta si quiere la guerra”. El Capitán, portentoso narrador de El simpatizante nació de una humilde campesina vietnamita y un sacerdote francés. Fue refugiado, testigo de la caída de Saigón el 30 de abril de 1975 —suceso que llevó al final de la casi interminable guerra de Vietnam—, agente doble para el Viet Cong y la Policía Secreta vietnamita —y, con ello, para los estadounidenses—: “un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras”.
El simpatizante, que tanto en su versión literaria como en la pantalla nos revela el prodigio de una narración disconforme y riquísima en matices, pone sobre la mesa los valores, ideas y creencias contradictorias que nacen del trauma de una guerra que parece no haber terminado, y de la lejanía de un país que se siente ajeno. En el medio, la identidad que colapsa, los enemigos que se hacen amigos, el poder político, la deshumanización… y un vietnamita de ojos verdes que baila chachachá mientras toma whisky de Tennessee.
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