
Hoy le presentamos a Quito a través de su literatura joven. Esa que nació allí desde 1990 y que hoy se debate entre quedarse o huir. Acompáñenos a conocer la ciudad más allá de la geografía, aproximándonos a sus escritores.
Quito es una contradicción. Aquí, el sol se cruza con las tormentas y los deslaves; las montañas son escudos que aíslan a los quiteños del mar y, al mismo tiempo, escaleras que conducen al cielo. Y los periodos de fiesta y de duelo se suceden tan vertiginosamente que pueden, de pronto, revivir a un barrio o aniquilarlo, La Mariscal, por ejemplo.
Tal vez por eso los escritores de la ciudad suelen estar entre el escape al extranjero y introspección -la búsqueda interna de respuestas, en definitiva-. Tal es el caso de estos seis escritores menores de 36 años que hemos escogido para desnudar a Quito a través de las letras.
Juan Romero Vinueza (1994)
![Seis escritores quiteños: entre la carne y el desarraigo 2 Portada del libro Dämmerung [o cómo reinventar a los ídolos] de uno de los escritores quiteños, Juan Romero.](https://revistamundodiners.com/wp-content/uploads/2025/12/Cubierta-de-Juan-Romero-Vinueza-1-376x500.png)
Romero es un poeta en el exilio. Cuando terminó sus estudios en Comunicación y Literatura en la Universidad Católica de Quito se fue a México y luego a Estados Unidos. Persigue maestrías y doctorados. Apasionado por los idiomas y la crítica hace traducciones y participa en la edición de libros o revistas, sin embargo, su camino principal es la poesía.
Sus versos, justamente, se transformaron en Revólver Escorpión (La Caída, Ecuador, 2016), 39 poemas de mierda para mi primera esposa (Turbina, Ecuador, 2018) y Dämmerung [o cómo reinventar a los ídolos] (La Caída, Ecuador, 2021). Este último obtuvo una Mención de Honor en el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade 2019.
En su obra desfila la vida -a menudo dolorosa e inevitablemente condenada a la muerte- mezclada con un Quito tragicómico. También están las lecturas de autores que, desde la prosa o el verso, hacen parte del equipaje intelectual que el autor se llevó a sus viajes.
Abril Altamirano (1994)

Su debut en la ficción, fuera de las antologías, es reciente. En 2024, apareció su libro de relatos El impulso femenino de saltar por las ventanas (Editorial La Caída). Este cuenta con trece historias acerca de la experiencia humana, sobre todo femenina. Obtuvo el premio Joaquín Gallegos Lara de aquel año.
Su obra pone énfasis en la maternidad, la infancia, el deseo de la carne y hasta los conflictos cotidianos. Eso sí, todo impregnado por el aroma del terror. Característica que seguramente tomó de Horacio Quiroga, un autor que fue materia de su tesis de licenciatura y el responsable de que se interesará por el cuento.
Altamirano ganó la beca Mary Wollstonecraft de la Horror Writers Association de Estados Unidos en 2020. Y, fuera de la escritura de ficción, trabajó como editora de revistas y periodista cultural. Actualmente, prepara un nuevo libro de cuentos, cuyos ejes son el terror y la música.
Jonathan Álvarez (1991)

Se declara un adepto de la ‘no-poesía’, es decir, de aquello que la tradición y la academia no incluyen en el género, pero que contienen la fuerza del verso. Con esto se refiere a la literatura, claro, aunque también a la vida, pues su escritura extrae el sentido poético de todo aquello que le ocurre o de lo que ve.
Álvarez escogió el camino del autoexilio y hoy vive en Colombia como docente universiatario. Estudió Literatura, Derecho y Filosofía, carreras que le dejaron un puñado de masterados, pero en especial viajes y temas para sus libros.
Entre estos se cuenta Esquiziudades (Núcleo Pichincha de la Casa de la Cultura, 2018), libro de crónicas que ganó el premio Pichincha Escribe, y las novelas El postpunk de aquellos a quienes nadie nos enterrará (Núcleo del Azuay de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2024) y El letargo de los barbitúricos (Entreletras, 2025). Su obra juega con el humor amargo y lo esperpéntico.
Andrea Armijos Echeverría (1996)

Hoy, Armijos se encuentra en los Estados Unidos estudiando un doctorado en Literatura Latinoamericana. Se dedicó a la escritura desde muy joven: estuvo en los Talleres Literarios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana desde los diecisiete años. Por entonces, ganó el concurso de relato Interpretatio de la Universidad San Francisco, cuyo premio fue una beca de estudios en la institución.
Sus poemas y sus prosas poéticas hablan sobre el extravío, sobre la nostalgia por aquello que se sabe perdido. También de la maternidad frustrada, de salir del hogar y no encontrarse a uno mismo en ninguna parte pero, sobre todo, del paso del tiempo que es implacable.
Su libro Cómo tratan las mujeres a sus peces dorados (FLAP, 2016) es su ópera prima, aunque sus textos han aparecido antes en antologías como Señorita Satán: nuevas narradoras ecuatorianas (El Conejo, 2017) o Despertar de la Hydra: Antología del nuevo cuento ecuatoriano (La Caída, 2017).
Adriana Borja Enríquez (1990)

Borja es psicóloga clínica, de modo que sus versos y su prosa se hunden en la mente de los humanos, como si quisieran diseccionarla. Pero, a diferencia de un científico, ella no es ajena a sus personajes, no los mira de lejos, sino que hace parte de su piel. Siente su asco cuando, de pronto y sin razón aparente, vomitan arañas, pero también se enamora cuando ellos descubren la belleza que hay -incluso- en la imperfección.
La autora cursó el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa y ha ganado el Concurso Internacional de Poesía y Teatro Castello di Duino en dos ocasiones -2013 y 2017-. Su trabajo también tiene reconocimientos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
Sus textos se incluyen con regularidad en antologías nacionales y extranjeras. Entre ellas: Bajo las luces oscuras (Taller Cultural Retorno, 2012), Il Futuro… un luogo nel mondo (Ibiskos, 2014), Señorita Satán: nuevas narradoras ecuatorianas (El Conejo, 2017), Nunca se sabe antología de nuevos narradores ecuatorianos (Cactus Pink, 2017) y Generazioni (Ibiskos, 2017).
Santiago Peña Bossano (1990)

En 2015 su ensayo Estética de la indolencia obtuvo el Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit. Aquel texto indaga a los personajes Bartleby de Herman Melville y Meursault de Albert Camus. Pretende entender la paradoja de dos creaciones que son sinónimos de silencio e inacción en un mundo que parece exigirnos habla y acciones a diario. Por esas páginas el autor, sin darnos respuestas cerradas sino alternativas, apunta al hedonismo o el estoicismo con el fin de enfrentar la realidad. Él afirma:
Algunos permanecen y luchan por esa comprensión del mundo, por compartir su visión particular; otros dan el salto de fe que está más allá de la comprensión y guardan silencio para siempre desprendiéndose de la pretensión del creador y viviendo la poesía contemplativa internamente.
“Al final, todo será poesía”, escribió el poeta alemán Novalis y aquel podría ser el eje de la obra de Peña. Él se marcha y vuelve a Quito con frecuencia mientras combina la escritura con la labor de editor, director de talleres literarios y docente universitario.
Fuera de la Estética de la indolencia (PUCE, 2015), el escritor cuenta con la novela Mindotown (Manzana Bomb, 2017) y relatos en antologías como Los que vendrán (Alejandría Editorial, 2014) o Nunca se sabe antología de nuevos narradores ecuatorianos (Cactus Pink, 2017).

