
El escritor guayaquileño Edgar Allan García falleció el 27 de julio de 2025. Es conocido por sus cuentos infantiles, aunque no fue el único género que cultivó: su obra incluye 74 libros de ensayo, cuento y poesía.
La literatura ecuatoriana perdió a Edgar Allan García, una de sus figuras más prolíficas. El escritor era conocido por su dedicación a la escritura de relatos infantiles, muchos de los cuales formaron parte de los planes lectores de estudiantes de Ecuador y algunos países de América Latina. Varios de los premios que obtuvo fueron gracias a este género literario. De hecho, el último, la mención Iberoamericana del Cervantes Chico, se lo entregaron apenas cinco días antes de su fallecimiento por su trayectoria en el mundo literario infantil. Antes, también lo recibieron las ecuatorianas Edna Iturralde en 2020 y María Fernanda Heredia en 2023.
Premio Iberoamericano Cervantes Chico
El 22 de julio de 2025, Edgar Allan García recibió la mención Iberoamericana del Cervantes Chico. Este galardón lo entregan el Ayuntamiento de Alcalá de Henares en alianza con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) a un escritor residente en la zona que haya contribuido a la creación y difusión de la literatura de niños y jóvenes.
Los organizadores destacaron el trabajo continuo del escritor para revitalizar al género y su sensibilidad, pero también la preminencia de Ecuador en esta área, pues con él se completan tres ganadores del país a partir de la primera vez que se entregó en 2019. El Premio Cervantes Chico existe desde 1992, sin embargo, hace siete años empezó a ofrecer esta mención especial para Iberoamérica.
En el caso de García, este premio se suma a otros entre los que destacan el de la I Bienal de Poesía ‘César Dávila Andrade’ en 1992, el Nacional de Literatura Infantil ‘Darío Guevara’ en 1995, 1999 y 2003 y el Nacional de Cuento Histórico ‘Hideyo Noguchi’.
El Edgar Allan García que fue muchos
El escritor nació en Guayaquil en 1958, pero se sentía a sí mismo esmeraldeño porque vivió buena parte de su infancia en esa provincia. Más tarde, se mudó a Quito, que iba a ser el epicentro de su creación literaria pero García probó, además de este, toda suerte de oficios y disciplinas.
Estudio Sociología y Ciencias Políticas, Psicología Transpersonal, Antropología y varios idiomas. Al mismo tiempo, viajaba de la Costa a la capital ejerciendo como guionista y productor televisivo, guía de turismo, profesor, bailarín, vendedor de seguros, actor de voz para radio, conferencista y hasta viceministro de la cartera de Cultura. Todo en medio de una búsqueda, quizá más intelectual que profesional, porque la experiencia era materia para su escritura.
Y es que en sus relatos y poemas aparecen las leyendas y los personajes que conoció, eso sí, modernizados y descritos con un lenguaje ingenioso, cargado de humor. Por ejemplo: ‘Kikirimiau’ (2003) esa palabra popularizada por el cuentero de Muisne se vuelve el detonante de un libro de adivinanzas y trabalenguas para niños. Y en ‘No hallarás olvido’ (2024) aleja a Eloy Alfaro del héroe unidimensional y lo muestra como un individuo con dudas existenciales y en constante formación.

La obra
García, en su obra como en su vida, probó muchos caminos. Hizo ensayos sobre Julio Jaramillo, Esmeraldas o los talleres literarios. También preparó un ‘Diccionario de esmeraldeñismos’ que, a través del estudio de 2000 mil palabras y frases, muestra la riqueza de la cultura de aquella provincia.
Dentro de la narrativa el cuento fue el género predilecto y le permitió alcanzar el Premio Nacional de Narrativa ‘Ismael Pérez Pazmiño’ en 1997 con ‘El encanto de los bordes’. Dicho libro crea atmósferas inquietantes capaces de envolver al lector recurriendo para eso al constante uso de analepsis ('flashback'). Y en microcuento se sacó de la manga grageas literarias en ‘333 Micro-Bios’ o en ‘Nanocuentos’.
Pero no solo la narrativa era el eje de su escritura, la poesía fue parte fundamental. En 1991 arrancó con ‘Sobre los ijares de Rocinante’ y luego vinieron otros poemarios, por ejemplo, ‘La crueldad de la memoria’, ‘El fantasma de Platón’ o ‘Cannabis’. En todo caso, su voz poética trascendía los versos y se filtraba en sus novelas y cuentos, dotándolos de riqueza en imágenes. Al fin y al cabo, García estuvo emparentado espiritualmente con esos narradores orales de la Costa que cuentan historias sin miedo a desafiar los géneros literarios.
La literatura infantil es, sin embargo, la parte esencial de la obra de Edgar Allan García. Xavier Oquendo Troncoso, poeta y editor, escribió que la solidez de esta es resultado de ‘un lenguaje lleno de ironía y una astucia notable para crear y romper moldes’. Aunque no solo eso: fue clave su sensibilidad para acercarse a lectores de distintas edades e intereses sin prejuicios o paternalismos.
Así, el escritor, como un juglar moderno, podía moverse con facilidad de los dichos y los juegos de palabras a los cuentos de vampiros, pasando por readaptaciones modernas de leyendas tradicionales del Ecuador. Desde 1995, cuando debutó en el género con ‘Rebululú’ hasta ‘Historias maravillosas’ (2023), él estuvo enfocado en conseguir que la literatura dejara de ser una asignatura obligatoria para transformarse en una pasión en la vida de los jóvenes.

