
Si Jorge Luis Borges estuviera vivo —murió en junio de 1986, hace 40 años— seguro sería un invitado recurrente de podcasts culturales. La afirmación no es descabellada si pensamos que, a diferencia de otros intelectuales de su época, él nunca rehuía las entrevistas en televisión. Nosotros seleccionamos tres de los años 70 que lo retratan de cuerpo entero.
Uno: A fondo, con Joaquín Soler Serrano (1976)
Entre 1976 y 1981, el periodista español Joaquín Soler Serrano entrevistó en el programa A fondo a personajes de la talla de Teresa de Calcuta, Salvador Dalí, Juan Rulfo y Juan Manuel Fangio. Pocos pisaron el plató de su estudio dos veces; uno de ellos fue Jorge Luis Borges.
En esa entrevista, que dura cerca de hora y media, Borges habla de temas que van desde su personalidad y sus gustos literarios hasta asuntos políticos. De entrada se reconoce como una persona "desagradablemente sentimental" y un hombre muy sensible.
Con 77 años, el escritor argentino confiesa que desde niño supo que estaría unido para siempre a la literatura y que en su primer libro, Fervor de Buenos Aires (1923), está todo lo que haría después en su vida literaria, "salvo que está entre líneas y solo para mí".
También revela que leyó a los bestsellers de su época (H. G. Wells, Kipling y Stevenson) y que quiere mucho a Suiza: "No entiendo que haya gente que aborrezca un país donde alemanes, franceses e italianos decidieron olvidar sus diferencias y convertirse en suizos".
Soler dispara dardos y él no los esquiva; sereno y con la mirada perdida —recordemos que estaba ciego— responde que no cree en la democracia y que preferiría un mundo sin gobernantes, que no le gusta Wagner ni el idioma francés y que Lorca es un poeta menor.
A Soler no le gusta el comentario sobre Lorca y busca una explicación, pero Borges prefiere hablar de Miguel de Cervantes y de Alonso Quijano, protagonista de Don Quijote, a los que considera sus amigos, y de la pasión que tenía por esos días: la literatura escandinava.
Dos: Charlas mano a mano, con Antonio Carrizo (1979)
Si la entrevista de Soler tiene un aire educativo alrededor de la figura de Borges, la de Antonio Carrizo posee un tono más existencialista. Esta charla, que a diferencia de la anterior aparece a todo color, ocurre a propósito del cumpleaños número 80 del autor de El Aleph.
De entrada, Carrizo le pregunta: "¿Hay más de dos Borges?", a lo que el escritor responde: "Yo sospecho, como dijo Stevenson, que cada hombre es una multitud; o como dijo Hermann Hesse, todo hombre incluye a toda la humanidad; o como Whitman, todos somos multitudes".
En ese contexto, Borges reniega de varias asociaciones que se hacían alrededor de su figura: Borges y el tango o Borges y Buenos Aires. Del tango afirma que no le interesa especialmente este género musical, y de la capital argentina, que tiene otras patrias.
Mientras Carrizo muestra fotografías de los ancestros de Borges —criollos argentinos y pastores metodistas ingleses—, el autor de Inquisiciones habla sobre su afición por la lectura de la Biblia y sobre su padre, un profesor de psicología que gastaba su dinero en libros.
Un Borges completamente lúcido critica la idea del éxito, de la fama y la riqueza que, según él, comenzó en el siglo XIX y se disparó en el XX, y recuerda a sus maestros, entre ellos al escritor y traductor español Rafael Cansinos Assens, a quien considera un genio de las letras.
Con la voz serena de toda la vida, cuenta que a la escritora Victoria Ocampo le debe que lo hayan nombrado director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina: "Era una persona autoritaria y el trato con ella fue complejo, pero conmigo siempre fue muy buena".
Tres: Encuentros con las artes y las letras, con Paloma Chamorro (1976)
Si mira las entrevistas que Jorge Luis Borges dio en televisión durante la década de los años 70, notará que en todas aparece de traje, chaleco y corbata, tal cual lo hace en Encuentros con las artes y las letras, de Televisión Española, programa dirigido por Paloma Chamorro.
En esta entrevista, Borges habla, entre otras cosas, sobre su éxito literario: «Me siento agradecido y atónito porque no creo que mis libros merezcan la difusión que tienen, pero sobre todo pienso que mis libros han sido enriquecidos por quienes los han leído».
Enseguida menciona algunas de sus manías, obsesiones y monotonías literarias que a la fecha han sido estudiadas en todo el mundo, como los laberintos y los espejos. Y a renglón seguido habla del ultraísmo (un movimiento literario) y de Macedonio Fernández.
Cuando le preguntan sobre la Real Academia Española, asegura que le parece misteriosa y cuestiona la pertinencia del diccionario de la RAE: "No entiendo por qué se insiste en resaltar las diferencias cuando lo mejor sería que la lengua castellana se una".
Ciego como estaba —él no habría perdonado que le dijeran discapacitado visual o cosas por el estilo— se da tiempo para hablar del futuro y sentencia que el porvenir le pertenece a dos idiomas: el inglés y el castellano: "El ruso y el chino son muy difíciles".
Pero no hay nada que lo ponga más contento en esta y otras entrevistas que el hecho de que le pregunten sobre las bibliotecas. Cuando Chamorro lo hace, Borges lanza una sonrisa y dice: "Una biblioteca es una forma de eternidad, de superar las limitaciones del tiempo y del espacio".

