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EDICIÓN 500

Literatura

Los macondos persisten y la tecnología los reinventa.

REPOSITORIO DIGITAL ® ARCHIVO DE FOTOGRAFÍA PATRIMONIAL- INPC. Fiesta de la Lira, 1920 -1930

Más mujeres, más novelas y más internacionales

por Damián De La Torre Ayora

En las últimas cuatro décadas, la literatura iberoamericana ha ganado presencia y notoriedad en la escena literaria global. También lo han hecho las escritoras, las editoriales independientes, las librerías de barrio y los nuevos soportes para la lectura. Lo disruptivo es la presencia de la inteligencia artificial (IA), lo de siempre es la escritura.

En 1982, frente a los miembros de la Academia sueca, el escritor Gabriel García Márquez había de recordar aquel remoto día en que recibió el Premio Nobel de Literatura. Vestido de a liquiliqui irrumpía la solemnidad del frac.

El traje, tan blanco como la espuma caribeña, también era la metáfora de la diversidad de escrituras que provenían de Latinoamérica y que reventaban haciendo boom en la península ibérica, mejor dicho: en todo el mundo.

En su discurso García Márquez demostró que somos parte de Macondo. “En nuestra tierra pasa lo imposible: un mandatario macheteado es velado con honores y por días sentado en la silla presidencial”. Así dijo aquel día, con la misma honestidad con la que mencionaba que en su literatura estaba presente la herencia de José de la Cuadra.

Los cuentos escritos en el Ecuador siempre han tenido importancia en la tradición literaria. Ha sido el género por excelencia en esta línea imaginaria, aunque en estas últimas décadas la novela ha ganado peso. No es que antes no se escribiera, pero hay un giro que termina consolidando el legado de Cervantes.

Quizás esto se deba a la herencia más próxima de los sesenta y setenta del boom, cuando novelas como Rayuela (1963) de Cortázar, Conversación en La Catedral (1969) de Vargas Llosa y Terra Nostra (1975) de Carlos Fuentes germinaron en la literatura ecuatoriana.

En el principio, ya no fue el cuento

“Se fue erguido. Viene encorvado”. Así arranca Polvo y ceniza (1979), la obra cumbre de Eliécer Cárdenas, considerada por la crítica como una de las mejores novelas ecuatorianas. Esta frase lo encierra todo: el día, la noche, la existencia… el inicio y el final.

La novela de Cárdenas representa la bisagra que abre una puerta. Este género tomó más fuerza de interés en el país, lo cual se ratificó con Carta larga sin final (1978) de Lupe Rumazo, un fiel reflejo de la literatura híbrida, algo que parecería reciente. Lo que demuestra que, más allá de cualquier momento literario, la escritura es parte de un proceso en el que las tendencias van y vienen.

Dentro de estas idas y vueltas, lo político y económico pesan. Para el escritor y catedrático Fernando Balseca se debe entender a los ochenta como un momento en el que el contexto social y sus consecuencias empezaron a alimentar a lo literario.

Jorge Enrique Adoum Diners N°34~1985.
Jorge Enrique Adoum Diners N°34~1985. ® RODRIGO ZAPATA.

Se vivía el retorno de la democracia en nuestro territorio, mientras que un modelo neoliberal englobaba al mundo y se preparaba el terreno para la caída del Muro de Berlín, el punto final de una ideología que marcó a los movimientos literarios de los sesenta y setenta; un ejemplo de esto es la presencia del grupo Tzántzico y la publicación de la revista La bufanda del sol.

La crítica y escritora Alicia Ortega Caicedo explica este panorama en su libro Fuga hacia adentro. La novela ecuatoriana del siglo XX. Ella recuerda que este período pasó a la historia como “la década pérdida”, tras reflexionar sobre dos editoriales de opinión: uno elaborado por Alberto Acosta y otro por Diego Araujo, las dos caras de una moneda que reflejó cómo la crisis económica terminó repercutiendo en lo cultural.

Ortega rescata la vasta producción ensayística que permitió hacer un recorrido crítico de la producción novelística hasta entonces, lo que fortaleció lo realizado hasta el momento, pero también representó la posibilidad de “leer al país en clave literaria”.

Se trató de un período donde los fondos del Banco Central apostaron por la publicación de estudios, editorial El Conejo lanzó una serie de libros que consolidaron obras nacionales que terminaron siendo clásicos y la Casa de la Cultura vivió otra etapa de oro bajo la presidencia de Edmundo Ribadeneira. Fue un tiempo en el que al ecuatoriano le interesaba lo que se escribía en su país.

Los ochenta representaron la vuelta tras el exilio de Miguel Donoso Pareja, lo cual derivó en la formación de escritores a través de talleres literarios, un legado que continúa hasta hoy.

Otro aspecto de esta década fue que el lenguaje empezó a superar a lo ideológico. “El escritor se preocupa por una profesionalización. No en un sentido de un título, sino de pensar que se debe trabajar sobre la palabra más que en la ideología. Si bien siempre la literatura significa una exploración del lenguaje, antes la carga ideológica pesaba muchísimo”, opina el escritor y catedrático Leonardo Valencia.

Por otro lado, el costumbrismo también empezó a quedar de lado y lo urbano cobró fuerza desde el margen, como se nota en El rincón de los justos de Jorge Velasco Mackenzie. Esto marcó un hito. En 1983 se inauguró una propuesta que va desde la periferia y lo pop para hablar de la realidad social.

Todo ha sido tan súbito, tan corto, que aún me sobra amor y no sé dónde ponerlo”.

Jorge Enrique Adoum

Los ochenta en habla hispana

La literatura latinoamericana en esta década se caracterizó por su diversidad temática y estilística, así como por su compromiso con la realidad social y política.

Todavía se sentía la influencia del boom y continuaba a flote el realismo mágico y lo real maravilloso. Pero esto no dejó de lado el abordaje de la desigualdad social, la dictadura, la violencia política y la búsqueda de la identidad.

Fue importante la presencia protagónica de mujeres. Por un lado, se empezó a reconocer el gran aporte de autoras como Clarice Lispector, Silvina Ocampo y Cristina Peri Rossi. Además, se consolidó una nueva ola de escritoras que se transformaron en fenómenos editoriales como Isabel Allende, Laura Esquivel, Gioconda Belli y Ángeles Mastretta.

Por su parte, España vivió la consolidación de la democracia tras la dictadura de Franco, lo que generó un ambiente de libertad creativa, sin olvidar la memoria histórica. Autores como Antonio Muñoz Molina, Javier Marías y Luis Landero abordaron estos temas en sus obras, explorando la memoria colectiva y las consecuencias individuales y sociales del pasado reciente.

También la literatura feminista ganó fuerza. Autoras como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Rosa Montero destacaron por su compromiso con la lucha por la igualdad de género y la exploración de la identidad femenina.

Me hice un cuartito en un clóset. Entonces mandé a forrar las paredes con corcho para que no salga el ruido de la maquinita de escribir”.

Alicia Yánez Cossío

Talleres y nuevas generaciones

En nuestro territorio el regreso de Miguel Donoso Pareja no se resume en sus pasos firmes en torno a los talleres literarios. También publicó Nunca más el mar (1981), una obra en la que se evidencia esa búsqueda por trabajar con el lenguaje como si fuese plastilina, reivindicando el habla popular.

Algo que también trabajó Velasco Mackenzie en El rincón de los justos. Ambas novelas pueden constituirse como un punto de partida de las últimas cuatro décadas.

Por otra parte, en 1984, Telmo Herrera fue finalista del Premio Nadal con Papá murió hoy. Mientras que Alicia Yánez Cossío, una de las autoras referentes de la literatura latinoamericana, publicaba La cofradía del mullo del vestido de la virgen pipona (1985), y Abdón Ubidia sacaba a la luz Sueño de lobos (1986).

Javier Vásconez Diners N°241~2002.
Javier Vásconez Diners N°241~2002. ® CHRISTOPH HIRTZ.

Los talleres literarios dieron sus frutos y, a finales de los ochenta e inicios de los noventa, apareció el trabajo de Gilda Holst, Liliana Miraglia, Livina Santos y Marcela Vintimilla. Además de ellas, tampoco se puede olvidar la consolidación de Sonia Manzano. Y el trabajo de Natasha Salguero, quien, con sus Azulinaciones (1990), creó una de las obras más experimentales de nuestra literatura.

En los noventa despuntaron las propuestas literarias de Huilo Ruales, Carlos Carrión y Raúl Vallejo. Pero el caso de Javier Vásconez resulta paradigmático. Tal como lo explica Leonardo Valencia, él ejemplifica al escritor que quiere vivir de la escritura. “Los ecuatorianos han publicado toda la vida afuera, pienso en Demetrio Aguilera o Pareja Diezcanseco, pero en Vásconez aparece esa ambición por ser un escritor internacional”. Por eso, resulta importante marcar su universo desde El viajero de Praga (1996).

Ese “afán” por ser un escritor internacional se consolidó en el siglo XXI. El propio Valencia y Gabriela Alemán son un ejemplo de ello. Ambos fueron parte del Bogotá39-2007, una selección de los narradores más relevantes menores de 39 años de entonces.

Ahora, varios son los autores que han publicado en sellos multinacionales o editoriales independientes internacionales. Solo por citar algunos: Óscar Vela, Juan Pablo Castro, Adolfo Macías, Miguel Antonio Chávez, Mauro Cárdenas… El caso de las mujeres merece, dado su actual éxito, un capítulo aparte.

En la poesía el país ha contado con exponentes como Julio Pazos, autor de obras como Mujeres (1988). También está presente Iván Carvajal, quien se consolidó con sus Parajes (1983), y Jorge Martillo irrumpió con fuerza con Fragmentarium (1991). La figura de Roy Sigüenza empezó a ganar espacio en los noventa. Paúl Puma trajo una innovadora obra con Felipe Guamán Poma de Ayala (2002). Esto, mientras dos poetas, con su obra en general, despuntaron avanzado el siglo XXI: Ernesto Carrión y Juan José Rodinás.

En el caso de Latinoamérica los hitos se marcan por el reconocimiento histórico. Arrancamos con el propio García Márquez que se alza con el Nobel, al cual le seguirán el mexicano Octavio Paz (1990) y el peruano Mario Vargas Llosa en 2010, el último de nuestra región en recibir el preciado galardón sueco.

Por su parte, dos figuras resultan clave en lo literario. Roberto Bolaño, quien marcó una separación con el boom, pero que representa la internacionalización a la que están obligados los latinoamericanos: consagración en España y publicación en editoriales multinacionales. Mientras que el argentino César Aira y su prolífica obra puede encontrarse en sellos empresariales, editoriales independientes de renombre, editoriales pequeñas y hasta ínfimas.

Un llamado particular representa José Saramago. El portugués es un escritor en términos tardíos, quien se consagra en los ochenta hasta condensar una obra extraordinaria en los noventa, que le hizo merecedor del Nobel en 1998.

El escritor es siempre un rebelde con respecto al grupo en el que nace. No importa si es la burguesía, el proletariado o cualquier otro”.

Javier Vásconez

Firma de escritoras ecuatorianas

La literatura ecuatoriana contemporánea se enriquece con una notable presencia de escritoras cuyas obras exploran una amplia variedad de temas y estilos. Las mujeres han demostrado su talento y creatividad a través de sus palabras, y sus voces resuenan en el panorama literario internacional.

Destacan escritoras como Gabriela Alemán, Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero, Carla Badillo, Yuliana Ortiz, Natalia García, Solange Rodríguez, Andrea Crespo, Sandra Araya, Daniela Alcívar, María Fernanda Heredia…

Las escritoras ecuatorianas contemporáneas abordan temas diversos y no solo temáticas específicas de género. Rompen estereotipos, desafían las normas y ofrecen una visión polifónica de la realidad.

Exploran la identidad, la violencia de género, la discriminación, la migración, la historia y las luchas sociales, entre muchos otros temas relevantes.

María Fernanda Ampuero es reconocida por sus cuentos, textos que abordan la violencia de género. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Sobresale por su estilo directo y su capacidad para plantear temas incómodos pero necesarios.

Mónica Ojeda destaca por sus novelas, que exploran la oscuridad y la violencia en la sociedad contemporánea. Su estilo narrativo innovador y su habilidad para crear atmósferas inquietantes le han valido reconocimientos como el Premio Príncipe Claus Next Generation.

Cómplices de la lectura

El mundo de los libros ha experimentado una transformación en las últimas décadas por los avances tecnológicos y a la aparición de nuevas formas de lectura. El tradicional libro impreso convive con alternativas como el libro digital, el audiolibro, la novela gráfica, el cómic, los fanzines y los pódcast.

El libro digital (e-book) ha ganado popularidad en los últimos años. Pueden ser leídos en dispositivos como lectores electrónicos, tabletas y teléfonos inteligentes. La principal ventaja del libro digital es su accesibilidad, ya que el lector puede llevar consigo una biblioteca entera en un solo dispositivo. Además, los e-books ofrecen opciones de personalización, como la posibilidad de resaltar y tomar notas en el texto.

Gabriela Aleman 1

El audiolibro es otra forma de lectura que ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, y se escuchan ya sea en formato físico o en plataformas de streaming.

La novela gráfica se destaca por su estilo narrativo en viñetas, en el que imágenes y texto se complementan para contar una historia. Esta forma de lectura ha ganado reconocimiento en las últimas décadas gracias al atractivo arte visual que presentan.

Marcando una independencia, aparecen las ediciones cartoneras y los fanzines. En términos generales, se trata de la posibilidad de publicar “haciéndolo tú mismo”.

Por último, los pódcast han revolucionado la forma en que consumimos contenido de audio, incluyendo la narración de historias y la divulgación de conocimientos. Los pódcast literarios permiten a los oyentes sumergirse en cuentos, novelas y poemas, mientras son narrados por expertos o incluso por los propios autores.

Ser escritora es estar encerrada demasiadas horas en la cabeza”.

Gabriela Alemán

De la imaginación del libro a la IA

El ecosistema para la adquisición del libro también ha cambiado en este tiempo. Centenarias librerías como La Española se mantienen, icónicas como la CIMA han desaparecido. Grandes cadenas como Mr.Books se consolidan y han adquirido espacios como LibriMundi.

Pero también, en los últimos años, han aparecido librerías independientes, las cuales diversificaron el sector y se transformaron en la trinchera y vitrina de las editoriales independientes, las cuales en su mayoría apuestan por la nueva literatura ecuatoriana.

Lugares como Tolstói, Conde Mosca, Tolomeo, Cosmonauta, entre otras, en Quito, o la Casa Morada en Guayaquil, se han convertido en el hábitat de existencia de editoriales como Severo, Doble Rostro, Cadáver Exquisito, El Fakir, La Caída… Y lo que queda claro es que el trabajo del librero, sea en el espacio que fuere, resulta fundamental como brújula de lectura.

Al respecto, la filóloga española Irene Vallejo, autora de El infinito en un junco (2019), plantea que el hábito de la lectura es esencial para la transmisión de conocimiento y la identidad cultural.

Vallejo también subraya la importancia de preservar la tradición oral y escrita como parte esencial de la experiencia humana. Su perspectiva refleja cómo la literatura y la lectura moldean nuestra relación con el conocimiento y la imaginación.

Pero, ¿qué sucede con la escritura y la lectura en un mundo atravesado por la IA? ¿Cómo se plantea el futuro? Para el catedrático Pablo Escandón hay una experimentación desde las vanguardias, es decir, existe ya un antecedente de los textos automáticos.

“Siempre serán herramientas para poder desarrollar más elementos creativos y estéticos; todo depende del profesionalismo y oficio de quien escribe”, opina Escandón. Para él, el estilo develará a los “escritores que solo ingresan los datos a la IA y generan el texto”, de los que aún apuestan por una estética y el aporte sensible de lo humano. Pasará, quizás, menos de cuarenta años y no será la edición mil de esta revista la que determine si alguien de carne y hueso escribe un texto como este o la rebelión de las máquinas ha triunfado.

Escribo todos los días. Reviso mucho. Necesito leer en voz alta para ver el ritmo y los errores”.

María Fernanda Heredia

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Acerca de Damián De La Torre Ayora

Damián De la Torre Ayora (Quito, 1984). Periodista cultural. Estudió Ciencias de la Educación, Lengua y Literatura y Comunicación Social. Fue redactor, editor y jefe de información de Diario La Hora y condujo el programa radial In-Cultos. Ganador de los premios Eugenio Espejo UNP y Artes Vivas de Loja.
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