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 Pecunia non olet 

por Paola Ponce

 Pecunia non olet 

Gonzalo Ortiz Crespo
Plaza Grande, Quito, 2021

Al tenor de una trama propia del thriller, Gonzalo Ortiz indaga en el mal y el poder prevalecientes en una sociedad reconocible, la nuestra. La técnica es hiperrealista y no desdeña el análisis sociológico, el reportaje investigativo o la crónica, géneros que la novela contemporánea admite sin prejuicios. Por sobre ello, nos confronta en un hábil juego de realidad e irrealidad. 

Pecunia non olet, “El dinero no huele”, deviene metáfora de la trama central. Un personaje femenino se envilece allí, inmerso en el clima de un régimen represivo y corrupto, y luego, es presa de la amenaza del mismo poder al que se ha entregado. Lo real pasa a ser parte de la ficción, donde sutilmente se nos ponen trampas, como en toda obra de arte que se respete.

La primera, la más ostensible, es la presencia del periodista de investigación mimetizado en la figura del narrador, un detective y expolicía en trance de perpetua metamorfosis: de innominado narrador omnisciente devendrá en coprotagonista y testigo, y escribirá clandestinamente el registro de los hechos. Otro ardid, quizá el principal, devuelve a la narración su especificidad de ficción. Ello se da cuando alguien que husmea en el registro del narrador duda, verosímilmente, de la verdad de los episodios. 

Nuestra conciencia deberá tomar nota de aquello que se cuenta y de sus grandes temas: la corrupción y la violencia de un régimen, el crimen transnacional organizado y la actual pandemia, flagelos de un tiempo atroz. Una novela que, cargada de humanismo, nos interpela y concierne, profundamente.