Mugre rosa

Mugre rosa

Fernanda Trías
Mondadori Random House, Bogotá, 2020

Esta novela está contada por una narradora que viene del pasado a entregarnos su historia de un futuro distópico. Fernanda Trías ha hecho —sin proponérselo— una parábola sobre la pandemia que vivimos, ambientada en un puerto abstracto, lejano, producto de la nostalgia y del exilio. 

Es un mundo que nos resulta cercano; familias que no se soportan en el encierro, negocios que se caen a jirones, enfermos despellejados por la niebla, cintas amarillas que bloquean la playa, hospitales colapsados, muertos que no figuran en las listas. También hay teóricos de la conspiración que niegan la peste. Fernanda imaginó bien la pandemia antes de la pandemia.

Sin embargo, el mérito de Mugre rosa no es solo lo oportuno de su publicación, sino la creación de ese mundo extraño, abstracto, narrado como si la autora nos lo contara desde una grieta de la realidad. La historia está centrada en la intimidad de su protagonista, en la relación con su pareja y con el niño que cuida por encargo de una familia pudiente. Mauro es un niño enfermo y obeso por un extraño mal que lo obliga a comer sin descanso, que termina alimentado por la mugre rosa, una masa de carne que se vende en vasitos plásticos con veinte gramos de proteína. 

La autora buscaba, mientras escribía el libro, construir un mundo extraño, al mismo tiempo distópico y poético. Lo que no pudo imaginar es que la extrañeza del mundo real alcanzara a su creación. Pero lo importante es que en el fondo de esa fábula sobre la peste está la implacable presencia de los sentimientos y los afectos. 

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