Duelo barroco entre Caravaggio y Quevedo

libro muerte súbita del escritor Álvaro Enrigue.
Portada del libro Muerte súbita del escritor Álvaro Enrigue.

Las posibilidades de la novela histórica van desde la ucronía manifiesta —es decir, la ficción pura expuesta como historia—, hasta las rigurosas y documentadas crónicas que a veces prescinden de la inclusión de algún diálogo ficticio para acreditar su calidad de novelas.

Pero en Muerte súbita el mexicano Álvaro Enrigue incluso se sale de ese marco, en una obra que se proyecta a otras dimensiones. Así monta una instalación de distintos objetos textuales, que comprenden mensajes digitales, minuciosas biografías y hasta una descripción de qué clase de trabajo es el que intenta el autor. El resultado es un mecanismo multifacético, divertido, ilustrativo e incluso respetuoso de valores estéticos y éticos.

Todas las situaciones se articulan en torno a un partido de tenis, o un juego precursor de este deporte, entre el poeta español Francisco de Quevedo y el pintor italiano Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio. Eran contemporáneos y pudieron coincidir o no en Roma. También compartían su afición por los bajos fondos, burdeles y tabernas, en los cuales bien pudieron encontrarse y tener un malentendido que los llevaría a pactar un duelo en el que se batirían a la mañana siguiente, no a espada ni pistola, sino en el campo de pelota y raqueta.

Pero los dos no tienen el mismo peso literario: Quevedo queda en la sombra, mientras que el narrador pone en evidencia una admiración sin reservas por Caravaggio. Sobre la vida y la obra del gran pintor, Enrigue está muy bien informado, se explaya narrando y cae de lleno en la biografía.

Autor libro Muerte súbita
Fotografía: Alamy Photo Stock.

Cortés, la Malinche y Ana Bolena

Aparecen otros residentes en la Roma de inicios del siglo XVII, en cuyas acciones hay detalles singulares, extraños, novelescos, que, investigados, demuestran no ser ficciones. El mundo barroco era sorprendente, dramático y abigarrado como el arte surgido en aquella centuria. Testifican el duelo dos personajes reales que deambularon por Roma en aquellos tiempos, el duque de Osuna, cuyo secretario y amigo era Quevedo, y Galileo Galilei, el gran cosmógrafo.

Pero el segundo personaje más importante de la historia es nada menos que Hernán Cortés, el conquistador de México y, para Enrigue, el creador de la nación mexicana. Su retrato es caravaggiesco, con acentuadas luces y sombras, que dan un aire humano a este aventurero capaz de inhumanidades tremendas, como hacer cortar el cabello al Cuauhtémoc, monarca de los mejicas, luego de decapitarlo.

Canal: Palabra de autor

Malinche, hipersexuada pareja de Cortés, teje un escapulario con ese pelo. El objeto aparece luego en la cancha en que se enfrentan Quevedo y Merisi, partido en el que también se usará una pelota hecha de las rojas trenzas de Ana Bolena, decapitada por orden de su esposo Enrique VIII de Inglaterra y Gales.

Lindando con la caricatura a ratos, con patinazos en leyendas negras, esta frenética narración no será un documental del barroco, pero brinda una sólida porción con todo el sabor de esa época determinante de la historia.

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