Un jardín de placeres terrenales

Joyce Carol Oates
Punto de Lectura, 2009

Esta novela “inédita” se publicó por primera vez para el lector anglosajón en 1966. A la fuerza poética, entre gótica y realista, de Joyce Carol Oates, se suma una voz fresca proveniente de la infancia, una suerte de río sinuoso —cargado de diversas voces y miradas— a través del cual la escritura explora un mundo rural, colmado de resonancias sociales.

Pero esta condición —para el pesar de nuestros queridos sociólogos, hambrientos lobos de carne fresca— no resulta el motor fundamental de la aventura literaria. Por el contrario, supone un riquísimo telón de fondo cuyos ecos recaen en la composición de los personajes principales: Carlenton, Clara y Swan.

El desplazamiento de la historia —de Carolina del Sur a Florida y de ahí Arkansas— constituye otra cualidad de la primera parte de esta novela: no es solo un cambio de locación, como dirían los cineastas, sino que supone un desplazamiento mismo de la novela, de ese caudal gozoso y sugestivo de las palabras, que nos lleva de una emoción a otra, de un rostro a una chabola, de un pensamiento íntimo a la expresión alegre de un diálogo.

Oates privilegia el universo de los personajes, el drama mismo de esa condición humana que transita de la enfermedad al placer, de la inocencia a la sombra del mal, de la Depresión de los treinta a los jardines del alma para configurar, a lo largo de sus casi 600 páginas, un viaje por el más puro sentido de lo literario.

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