En 1985, László Krashnahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025, publicó su primera novela, Tango Satánico, una enredadera sobre la crisis y los riesgos de ver señales donde no están. Después de leerla, le contamos, en exclusiva, los detalles del libro.
Escribir con rapidez el nombre de László Krashnahorkai es complicado para un lector hispanoamericano. Demasiadas consonantes muy cerca, así como dos tildes casi vecinas que generan dudas sobre si se lo está haciendo bien. La misma complejidad que, quizás, existe cuando se lee su primera novela, la que publicó en 1985 en su Hungría natal y que es considerada como la puerta de entrada para una obra compleja y, ahora, premiada con un Nobel de Literatura.
La novela cuenta el retorno de Irimiás -junto a su compinche, Petrina- a un pueblo en la ruralidad húngara que está al borde de la muerte, en medio de un abandono estatal y de cara al fracaso, y cómo su regreso cambia las dinámicas entre las personas que todavía están ahí.
Son campesinos que viven en la desesperación, como Futaki, Schmidt y Kráner -quienes están dispuestos a robar el dinero de sus conocidos y fugarse-, que desean a las mujeres del otro -la señora Schmidt es el objeto de deseo de varios- y que observan todo lo que hacen los demás, como el Doctor que está perennemente borracho.
Irimiás parece haber regresado de la muerte -muchos pensaban que había fallecido- y el autor lo dota de cierto halo divino gracias a coincidencias que van sucediendo con el anuncio de su vuelta, convirtiéndose en un mesías que, con el objetivo de estafar al resto, termina dándole la última esperanza a los habitantes de esta novela. Pero todo saldrá mal y en una historia regular esto lo notaríamos con firmeza pasando de una oración a otra, pero en Tango Satánico no hay nada regular.

Es una obra que a veces da la impresión de avanzar en círculos, hasta que sucede el gesto que revela aquello que estaba oculto. No se trata de una historia en la que del punto A se llega al punto B; en realidad, el efecto que provoca Krashnahorkai es el de la confusión y, a veces, desespera, pero esto le juega muchísimo a favor de lo que cuenta.
Esta es una fábula con personajes amorales, fundidos en medio de la destrucción, de las habladurías y de las pésimas decisiones. Probablemente víctimas de todo, de ellos mismos y Krashnahorkai los tiene en lo más alto, como lo respondió en una entrevista a The Guardian en 2015: “Solo tengo un héroe: K, en las obras de Kafka. Lo sigo siempre”.
Tango Satánico es el libro con el que Krashnahorkai se dio a conocer en el ambiente literario húngaro. Es la novela de lo que fue crecer en el comunismo y apareció con el título original de Sátántangó, cuando él tenía 31 años. Este dato es importante, porque no se trata de un libro tan temprano, ni de un ejercicio literario que buscara retratar la realidad de su país como si se tratara de un espejo. Quizás haya algo de eso, pero sucede en un contexto mucho más interesante.
Otros datos sobre Tango Satánico
- La novela fue llevada al cine por el húngaro Béla Tarr en 1994, con un guión que coescribió con el propio Krashnahorkai.
- Una particularidad de esta versión cinematográfica es su extensión: dura siete horas y media.
- Béla Tarr y László Krashnahorkai colaboraron en varios guiones de diversos largos, incluyendo la adaptación de otra de sus novelas, Melancolía de la resistencia, que en el año 200 se convirtió en la película Werckmeister Harmonies. En 2011, Krashnahorkai anunció que no haría más películas con Tarr.
- Tango Satánico sigue siendo la novela más conocida del escritor.
- La traducción al español de esta novela la publicó editorial Acantilado en 2017 y estuvo a cargo de Adan Kovacsics.
El baile de los que sobran
Lo de László Krashnahorkai es un baile y por eso el título de la novela. Se trata de un movimiento de atrás hacia adelante, que se refleja en una estructura que va y viene. Tango Satánico está dividido en dos partes, cada una integrada por seis capítulos; con un sentido de circularidad que martilla: mientras que la primera parte va de los capítulos del uno al seis; la segunda se mueve desde el sexto hasta el primero, a la inversa. Esta articulación provoca algo necesario para la lectura.
Este es el marco de una prosa que tiene su fuerza en la divagación y en una serie de hechos que no tienen sentido de inmediato. Cada capítulo se enfoca en un grupo de personajes y lo que ha sucedido con ellos para estar en ese punto; bueno, no queda tan claro, porque el objetivo del autor no es darnos claridad, sino enterrarnos en el estado de ánimo de cada una de esas personas que aparecen. Han perdido todo o están a punto de perderlo y en un terreno así no es necesaria la comprensión inmediata. Krashnahorkai no cuenta la desazón de sus personajes, prefiere hacer que el lector se hunda en ese desasosiego y eso es mágico.
En pocas palabras, cada capítulo está compuesto por un solo párrafo largo, sin separación entre líneas. Lo que hacen, piensan, leen, escriben, recuerdan y dicen los personajes descansa en un mismo bloque; la confusión es un requisito y eso es más aplastante que entender qué es lo que está sucediendo.
Así, la trama se va estableciendo a medida que se avanzan las páginas, porque cada cosa que sucede con un personaje u otro, termina por tener forma en lo que se ha leído antes o en lo que se leerá a continuación. Sí, es un baile exigente y cada vez que se inicia un nuevo capítulo hay que hacer el ejercicio de seguir hasta que se acuse sentido, que llegará en medio de ese ovillo de oraciones, referencias y acciones que ofrecen los detalles de ese universo sin un orden riguroso.
Es más, cuando se conoce a Irimiás y a Petrina de manera directa, no hay manera de saber que se trata de ellos sino hasta casi 10 páginas avanzadas en ese capítulo. Sí, es absurdo, pero uno que tiene que ver con el espíritu del libro y que recuerda muchísimo a ese entendimiento tan beckettiano de lo absurdo, por el que el hombre busca con angustia aquello que siempre le será negado.
Por esa razón es que, una vez ingresado en la dinámica formal de la novela, el lector empezará a encontrar momentos de mucho humor. Lo gracioso es el acto de resistencia más revelador en un ambiente como el que el húngaro ha escrito; no para burlarse de los personajes, sino para soportar lo que se construye a medida que se avanza con la lectura.
Sí, hay una necesidad de equilibrio entre lo doloroso y lo divertido; sin embargo, eso no esconde las multitudes que se contienen en este libro.
Tango Satánico es una novela sobre el horror de cuando no hay significado en el mundo. Sobre la esperanza por aquello que nunca va a llegar y lo que sucede cuando no llega. La gente que aquí está rota, ha sido víctima de algo que ha fracasado -sí, podría decirse que Krashnahorkai habla del comunismo, pero nunca lo enuncia de manera directa- y no puede hacer nada más que permanecer en el limbo.
Es posible que no sea la lectura favorita para alguien acostumbrado a libros más lineales y formalmente más “normales”, ya que Tango Satánico interpela y demanda. Pero es una forma contundente y poderosa de recordar que, en medio del sinsentido del mundo, existe un pequeño resquicio que se debe atender para no dejar que lo oscuro siga dominando. La primera novela del más reciente Premio Nobel de Literatura no es una advertencia, sí una radiografía de mundo que vivimos hoy, escrita hace 40 años.


