
Diego Araujo Sánchez
Rayuela, Quito, 2021
La literatura y la historia, quizás, son la manera de condensar las formas del tiempo que se desvanecen. Ese es el mérito de esta novela que explora al tan apasionante como controvertido Gabriel García Moreno.
Y si el presidente resulta controversial, la polémica frente a su asesinato le supera con creces. Ante esta realidad, la investigación se convierte en la columna vertebral que sostiene en forma y contenido a la obra, en la cual un adecuado manejo del lenguaje resulta imprescindible para no tornarla pesada.
Esto se logra al intercalar los testimonios del pasado con una trama del presente, donde la fragilidad de la vida queda a flote y la guadaña (¿el machete?) de la muerte no perdona a nadie, sin importar el poder que tenga. Con las imprecisiones que enriquecen a los mitos, aparece la figura de ese “santo o demonio”, que no se reduce a sí mismo ni a su verdugo Faustino Rayo, y se construye de una manera coral al incluir a conspiradores como Roberto Andrade, Abelardo Moncayo y Manuel Polanco, sin olvidar el papel clave de Juana Terrazas.
La desmitificación de un crimen pasional se sostiene con los personajes actuales: el historiador Mauricio Salvador, el investigador Carlos Sánchez, y Lucía, hija del primero y gran amor del segundo, quienes reflexionan sobre nuestros paralelismos históricos, que demuestran los constantes tropiezos en la construcción del Estado.
Si Montalvo “mató” con su pluma a García Moreno, Araujo aviva con rigor a un personaje que no muere y al que hace falta (re)escribirlo más allá del mito.
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