Las horas o la (mala) conciencia del tiempo
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Las horas o la (mala) conciencia del tiempo

Gonzalo Maldonado Albán

Son pocos los filmes que alcanzan la calidad artística de las obras literarias que los inspiraron. Pienso, por ejemplo, en El padrino, de Ford Coppola, o en Blow up, de Antonioni, películas tan notables como la novela de Puzo y el cuento de Cortázar. Las horas, basada en el libro homónimo de Michael Cunningham —ganadora del Pulitzer a la mejor obra de ficción en 1999— es otra de ellas.

El título es el mismo que Virginia Woolf dio provisionalmente a su cuarto libro (terminó llamándose Mrs. Dalloway), donde se propuso narrar los devaneos de una señora de clase alta que recibía invitados en su casa, por la noche. Tras leer Ulises de Joyce, Woolf quiso describir el funcionamiento de la conciencia humana e imaginó a su heroína haciendo un viaje que empieza a las diez de la mañana y termina a la medianoche de un día cualquiera.

Por eso es que en Las horas la conciencia de los personajes está marcada por el paso del tiempo. Se dan cuenta de la nimiedad —y también de la grandeza— de sus existencias cuando entienden el transcurso inexorable de las horas. Cuando no hay un reloj colgado en una pared o ceñido en la muñeca de alguien, los personajes se encargan de recordar al espectador cuánto tiempo falta para que algo suceda.

A las 10:30 Laura Brown (Julianne Moore) deja caer en el tacho de la basura el pastel que había horneado para celebrar el cumpleaños de su esposo. Pero no se preocupa porque “hay todavía mucho tiempo para hacer uno nuevo”. La segunda heroína, nada menos que Virginia Woolf (Nicole Kidman con nariz postiza), es poseída por una urgencia súbita de abandonar Richmond para tomar el último tren de la tarde hacia Londres y escuchar al Big Ben marcar el tiempo para ella y los demás transeúntes.

Clarissa Vaughan (personaje central de la trama, encarnado por Meryl Streep) tiene un horario estricto que cumplir porque ofrecerá una fiesta en honor a Richard Brown (Ed Harris), su íntimo amigo y examante fugaz, quien ha ganado un premio por su obra poética. Clarissa es una mujer culta que trabaja para una casa editorial. Es probable que conozca la novela de Woolf. Tal vez por eso, al iniciar su día, a las 10:00, decide que ella misma comprará las flores para su fiesta, igual que la señora Dalloway.

Richard Brown está muriendo de una enfermedad provocada por el sida. Más que por su enfermedad, este personaje de corte hamletiano parece torturado por la intensidad de lo que ve y escucha. ¿De dónde emana la lucidez de Richard? De su interpretación del tiempo y de las horas. En una escena clave de la película, Richard nos revela aquella visión, una que es mejor citarla en el idioma original por su resonancia poética: “But there are still the hours, aren’t there? One and then another, and you get through that one and then, my god, there’s another”.

Meryl, Julianne y Nicole

• Dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore.

• La música fue compuesta por Philip Glass.

• Nicole Kidman ganó un Óscar a mejor actriz por su actuación como Virginia Woolf.

• Michael Cunningham es el autor de la novela original.

Edición 456-Mayo 2020

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