¿La ropa digital llegó para quedarse?
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¿La ropa digital llegó para quedarse?

¿Imaginó alguna vez que podría comprar una prenda virtual, que nunca se ha fabricado realmente, para usarla en una de sus fotografías de redes sociales como si en verdad la estuviera vistiendo? Eso está ocurriendo. ¿Será una tendencia temporal o una modificación en el comportamiento?

La ropa es nuestra presentación en la vida cotidiana y está mediada por su apariencia y por la selección de lo que mostramos al vestir, es la escenificación de la identidad. Esta presentación es un dilema entre el ser individual y el ser social influenciado por la industria cultural, los medios de comunicación y ahora por las redes sociales. 

La indumentaria que vestimos a diario, que se compra en tiendas y que llega ahí luego de varios procesos creativos, muestra cómo la sociedad usa, compra y almacena la ropa. Pero el futuro está aquí y la pandemia ha apresurado los saltos virtuales, incluso en la moda. Este video resume de lo que se trata la moda digital:

Moda Virtual: la nueva tendencia para instagramers.

Diseño, tecnología y pandemia

Como efecto de la pandemia, la compra de ropa se redujo notablemente desde marzo de 2020. El soporte tecnológico ha permitido que las dinámicas sociales y laborales no se detengan a través del teletrabajo, lo que ha significado que la persona se preocupe de su imagen de la cintura para arriba, cuando las cámaras están encendidas. 

¿Cuántas veces repetimos un vestido o traje en actos sociales? ¿Cuánta ropa no pasa del segundo uso hasta “reciclarla”, luego de un prudencial tiempo, apostando a la desmemoria del círculo social en el que nos desenvolvemos? Esto se traduce en un gasto de dinero, desuso y espacio insuficiente. Hoy, los diseñadores dan alternativas para la vestimenta desde el espacio telemático, no solo para las reuniones de Zoom, sino también para la presencia en redes sociales, principalmente en Instagram, donde la fotografía es la protagonista. 

Eso precisamente es la ropa digital, que adapta prendas de vestir a una fotografía, juega con lo irreal a través de lo virtual, con prendas creadas de texturas que no existen, con materiales de fantasía que encontramos en tiendas online como dressx.com o thefabricant.com, pioneras en el tema.

Plataformas como Dress-X, The Fabricant y Carlings se han dedicado a la moda digital de una forma maravillosa, han lanzado colecciones digitales donde echan a volar la imaginación. El proceso de compra es básicamente elegir una foto y revisar el catálogo online de las marcas. En el caso de Carlings, realizas el pago y ellos “visten” la foto que tú envíes. Al final puedes descargarla para comenzar a compartirla en redes.

¿Es real la ropa digital?

Sí, tan real como la que utilizamos en la boda de familiares o amigos cercanos. Su realidad radica en dos aspectos: el primero es el proceso de creación, que al igual que el de una prenda física, se logra luego de pruebas, selección de patrones, colores, texturas y es aprobado por los diseñadores de una marca para un uso específico. 

El segundo aspecto tiene que ver con el traslado al ámbito de la virtualidad, tan presente en la cotidianidad, sobre todo en las redes sociales. Para Eduar Lamprea, diseñador de modas ecuatoriano, radicado en Estados Unidos, la ropa digital es una alternativa temporal que puede despegar como una tendencia social, “pero que nunca reemplazará a la sensación de la textura y el corte que se da al vestir un traje físico”, dice a Mundo Diners.

La moda digital proviene de mundos virtuales, cercanos al gaming y a los eSports, sus características benefician a la industria de la moda por la facilidad de diseño y sustentabilidad que representa. Su tendencia es extravagante, cercana a lo futurista. El crecimiento de este mercado es real y la posibilidad de cambio de imagen para los consumidores es amplia. Para adquirir una prenda digital hay que entrar en una plataforma de e-comerce; allí el usuario compra la prenda, envía la fotografía en la que quiere que se inserte y la empresa la devuelve al comprador para su uso. Hay camisetas desde veinte dólares, vestidos por sesenta y más. La marca noruega Carlings es un referente. 

Si bien desarrollar una prenda física implica todo un trabajo creativo, también conlleva desperdicio de materiales y una huella de carbono e impacto ambiental a nivel mundial. Las herramientas de trabajo para el diseño digital reducen los tiempos y el impacto ambiental en producción, consumo y contaminación. Los showrooms virtuales, como runway360.cfda.com, donde se realizó la fashion week en Nueva York en febrero de este año, son una innovación en ahorro ambiental y recursos.

En el Ecuador

Michelle luciendo una chaqueta de su autoria.
Fotografía: ® MICHELLE CAZAR-@MCAZAR.DESIGN 

La tendencia digital también crece, para la diseñadora Michelle Cazar “la pandemia es un buen momento para educar al consumidor y que comprenda los beneficios de la moda digital por la sustentabilidad ambiental que conlleva”. Cazar apuesta por lo digital porque así la industria puede priorizar la calidad del trabajo frente a la cantidad, en un contexto donde el consumidor cada vez exige más. Este cambio debe beneficiar al planeta, “necesitamos que la gente consuma menos, aunque esto sea un golpe para la industria de la moda”, agrega. 

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