La obra fotográfica del peruano Martín Chambi tendrá un espacio propio en Quito. La Embajada de Perú en Ecuador inaugurará una sala que llevará su nombre y que mostrará de manera permanente parte de su colección fotográfica. En esta nota le contamos más detalles sobre este artista.
Durante el primer año de mi carrera estudié a varios fotógrafos que han sido grandes íconos del retrato, como Richard Avedon o Irving Penn. Sin embargo, uno solo me impactó de manera diferente. Era latinoamericano. Encontré uno de sus libros por casualidad. La foto de la portada era impresionante. Se trataba de una imagen en blanco y negro de un indígena de envergadura imponente, pero de expresión tierna, serena y estable. Tenía la mirada de un niño, pero era un hombre.
¿Quién era capaz de mirar con esa sutileza y ese respeto profundo a los seres a los que fotografiaba? Esa mirada era de Martín Chambi, un fotógrafo peruano de comienzos y mediados del siglo XX. Un indígena nacido en Caza, al sur del Perú. Así lo descubrí, por azar, entre las páginas de un libro que contenía las más bellas imágenes de Cusco, de sus iglesias, campanarios y enormes muros incas. Pero sobre todo me conmovieron sus retratos de la sociedad cusqueña de ese entonces.
Hombres, mujeres, niños, indígenas, criollos y familias pertenecientes a la cúpula social de Cusco eran retratados con la mirada que dignifica y enaltece. Ese era el lenguaje de Chambi: el lenguaje de la equidad. En su estudio no existían estratos sociales ni diferencias raciales. Su estudio era tierra neutral, tierra justa, tierra de todos por igual.
Por ello, el legado de Chambi es inconmensurable. La documentación de la sociedad cusqueña que hace este fotógrafo va muchísimo más allá del simple registro de una ciudad y de una época particulares.
Chambi retrata a un país entero que se junta en un solo rostro; no importa si es el rostro de un indígena o de una dama blanca de la alta sociedad. Este es el poder de una mirada clara y del mágico lenguaje de un artista que comprende desde muy adentro las limitaciones humanas, pero también su fuerza y su potencialidad.
Chambi nunca fue un fotógrafo indigenista, como muchos lo han catalogado. Chambi es el fotógrafo del Perú, de nuestros Andes y de su complejidad histórica, pero sobre todo Chambi es el fotógrafo de una sola raza: la humana.

El artista y empresario
Conversé con Andrés Garay, curador de la exposición de Martín Chambi que ahora se muestra en el Museo del Alabado hasta el mes de enero.
Andrés Garay, investigador y profesor de la Universidad de Piura, es un apasionado de la vida y la obra de Chambi. “Hay muchos mitos que se han desarrollado alrededor de su vida.
Uno de esos mitos es que Chambi fue un autodidacta. Lo cierto es que el fotógrafo puneño, antes de mudarse a Cusco en el año 1920, pasó varios años en Arequipa formándose con el gran maestro de la fotografía Maximiliano Telésforo Vargas, conocido como Max T. Vargas. Con apenas diecisiete años, se mudó a Arequipa para trabajar de asistente de este maestro. En ese entonces Arequipa vivía su época dorada dentro de la historia de la fotografía del Perú, un momento muy importante pero desconocido para muchos.
“Vargas era un verdadero empresario de la fotografía,” dice Garay. Vargas se había formado en Europa y manejaba dos estudios fotográficos simultáneamente, uno en la plaza central de Arequipa y otro en La Paz, Bolivia. El maestro conocía la fotografía, no solamente como una forma de hacer arte, sino como un negocio de gran envergadura.
Martín Chambi no solo aprendió de Vargas el funcionamiento de un estudio fotográfico, también la estética del claroscuro y varias técnicas de retoque. Aunque Chambi desarrolló su propio estilo fotográfico como retratista, aprendió de Vargas a fotografiar paisajes, eventos sociales y a manejarse como un corresponsal de prensa.

Fotografías: piezas de la colección Jan Mulder.
Luego de formarse con este gran maestro, Chambi también se unió con los hermanos Vargas, Carlos y Miguel (sin ningún parentesco con el maestro Max T.) para trabajar en su estudio y continuar aprendiendo el arte y el negocio de la fotografía.
En 1920 Chambi se trasladó a Cusco con su esposa arequipeña para instalarse en la ciudad hasta el año de su muerte en 1973. “A Cusco ya llegó un fotógrafo altamente sofisticado”, aclara enfáticamente Garay, al contrario de lo que muchos piensan. Y el fotógrafo logró abrir su estudio en 1924 ofreciendo su trabajo como retratista al igual que un servicio de revelado de película, placas para aficionados y venta de postales turísticas.
Para publicitar su trabajo en medios impresos, Chambi definió su oficio como una fotografía “al estilo Rembrandt y al gusto del cliente”; esto le aseguró el éxito entre las clases acomodadas de la sociedad cusqueña. Chambi sabía moldear con precisión la luz natural. Era el poeta de la luz.
En su taller también tenía una galería. Esta permanecía abierta al público y ahí mostraba sus diversas imágenes. Chambi registró muros, calles, iglesias, ruinas (hizo la primera foto artística de Machu Picchu), con la misma rigurosidad y meticulosidad con que retrataba a los seres de su sociedad. Y aunque se lo conoce como un gran retratista no se comprometió con ningún género específico ni con ningún movimiento o tendencia artística de la época. Simplemente amaba la fotografía, era su oficio, su arte y su forma de vida.
Inauguración: Sala Martín Chambi.
Lugar: Embajada del Perú (República de El Salvador N34-361 e Irlanda).
Fecha: 9 de junio, de 2026.
Hora: 18:00.
* El artículo original fue publicado en la edición impresa de Mundo Diners, en diciembre de 2018. Autora: Daniela Merino.



