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La literatura del yo

por Leisa Sánchez

Por Daniela Mejía.

Fotografías: Facundo Barisani y Madreselva Editorial.

Edición 457 - junio 2020.

Belén López Peiró es una de las escritoras argentinas contemporáneas más referenciales, tanto dentro del espectro literario como del movimiento de mujeres. Está por publicar su segunda novela redoblando su apuesta por el relato intimista y político que construyó en su primera obra.

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Uno siente que tiene más años de los que encierra su cuerpo. Se siente al leerla sin conocerla, pero esa sensación no cambia releyéndola tras hacerlo finalmente, tras escucharla y saberla una voz que en adelante representará a una generación. Una voz que habló de lo que no se hablaba, no en la forma intimista, cruda y desalmada en la que ella lo hizo, en un país donde la violencia hacia las mujeres desde el primer día de este año y hasta el 30 de marzo último se tradujo en 86 femicidios (en 2019 fueron 327, una mujer asesinada cada 27 horas).

Belén López Peiró tiene veintiocho años.

En marzo fue incluida por el Ministerio de Cultura de la Nación en la lista de las once escritoras contemporáneas a las que hay que leer.

Ahí están también Claudia Piñeiro, Gabriela Cabezón Cámara, Mariana Enríquez, Leila Guerriero, Samanta Schweblin, autoras más prolíficas y con mayor tiempo en el campo literario.

Pero a Belén muchos la habían leído antes de esa mención. En su primera novela, Por qué volvías cada verano (Madreselva), que publicó en 2018 y en la que narra su historia de abuso en un relato polifónico con el que las mujeres argentinas se identificaron y reconocieron las ganas de elevar su propio grito.

Belén, como muchas otras mujeres que sufren de las distintas formas de violencia de género e intrafamiliar, se tardó en reconocerse como tal pero evitó y evita la revictimización en su literatura intimista. Ella escribió para repararse, pero a su vez y con el mismo grado de importancia, para ayudar a otras mujeres. Ella escribió para hacerse cargo de lo que sentía, de lo que vivió, de que fue abusada, de que sintió vergüenza, de que se sintió cobarde. Escribió para contar su verdad.

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En Argentina uno de los efectos —y mayores repercusiones mediáticas— que tuvo la acción en prosa de Belén fue que tras leerla la actriz Thelma Fardin denunciara al también actor Juan Darthés (que huyó a Brasil y se encuentra con orden de captura) por abusar de ella en Nicaragua durante una gira que hacía el elenco de la telenovela Patito feo. Ella tenía dieciséis, él 45.

Belén también era una adolescente cuando un tío, que era como un padre, abusó de ella en Santa Lucía, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, el pueblo de su familia, el pueblo de su niñez. Las palabras de ese victimario, policía, con poder, y las de sus demás familiares se aúnan en su narrativa que se encasilla en la literatura del yo, la autoficción, que para Belén se separa de la novela de no ficción por una delgada línea.

Ella conoce ambos géneros de primera mano. Es escritora, pero a la vez periodista y comunicadora social. Su inclinación hacia el periodismo viene por el lado de su madre, que también estudió esa carrera, pero dedicarse a la mixtura de ambas disciplinas es cosa suya. Siempre le interesó esa vinculación.

Si bien la mayoría de autores que en la universidad le enviaban a leer eran varones —un detalle que subraya—, reconoce que sus voces le abrieron el camino que le permitió ir investigando por su cuenta y aprender cuáles eran las maneras de hacer no ficción. Cita a Tomás Eloy Martínez, Tom Wolfe, Truman Capote, Rodolfo Walsh para hablar de los inicios del género. Y expone: “Era una escritura de denuncia, con mucha impronta social”.

Mediante esos autores varones aprendió cuáles eran las formas de hacer no ficción, pero fueron las voces de otras mujeres las que la ayudaron a articular y escribir su propia historia. “Yo tenía veintidós años e intenciones de denunciar y me encontraba muy sola. Sentía que al tema le faltaba palabra, que se usaban muchos eufemismos, que muy pocas personas podían nombrar la violencia. La literatura también me ayudó a abrir puertas. Leer Teoría King Kong de Virginie Despentes, a Rita Segato que dice que para desarticular la violencia hay que nombrar los procedimientos, a Gabi Cabezón Cámara con Le viste la cara a Dios en el que habla sobre la trata de personas. Fueron autoras que me permitieron ponerle nombre a una situación a la que yo todavía no podía ponerle nombre”.

Leer a esas mujeres fue una parte del proceso, uno de los pasos del recorrido personal que hizo Belén López Peiró. En el taller de ficción de Cabezón Cámara, al que asistió por primera vez hace cinco años y de quien continúa siendo tallerista, encontró su propia voz, su propio mecanismo para contarse y repararse. “Fui para hacer ficción y después de un año escribiendo me encontré con una voz que quería salir y contar su propia experiencia con la particularidad de que no era solamente en primera persona, como suele ser la gran mayoría de la literatura del yo o de las autoficciones, sino de forma polifónica”, precisa.

Lo profundiza así: “Me salió la voz de mi tía, el recuerdo de mi tío hablando de mis lunares en la espalda, me surgió el recuerdo de mi mamá disputándose el rol de víctima y yo llevé las voces al taller. Me di cuenta de que tenía que trabajar cada una, ser una escultora de esas voces. Escribiendo también me fui dando cuenta de los procedimientos que hacían que yo naturalizara la violencia, que me diera vergüenza decir que había sido abusada, que silenciara por más de diez años. En ningún momento pensé, uy, esto es muy íntimo, sino que me entregué a la literatura y para mí no hubo otro lugar donde yo me sienta más contenida”. La literatura como refugio, como salvación, como fuente de vida.

Para Belén la autoficción tiene un enorme desafío: de qué manera objetivarse. “Para mí desdoblarme fue vital porque eso significa ponerse en duda, cuestionarse. En la ficción, cuando se inventa un personaje uno trata de poner siempre el pero y el pero son los claroscuros, las contradicciones. ¿Qué pasa cuando el personaje soy yo, cuando tengo que asumir que mentí, cuando tengo que asumir que dejé que me tocara sin poder frenar? La autoficción requiere hacerse cargo, ver tus propias contradicciones”.

Pero también las contradicciones de los demás. “Cuando yo hablo del abusador, yo cuento los claroscuros. Si no hubiese pensado en el abusador como un personaje no hubiese narrado, por ejemplo, las veces en las que se portó bien conmigo o todas esas formas en las que se convertía en mi padre, cuidador, protector y hubiese narrado solamente el abuso”.

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Primera novela de Belén López Peiró, publicada por Madreselva Editorial en 2018 con consecuentes reimpresiones.

La escritora Hebe Uhart, según lo recopilado por Liliana Villanueva en el libro Las clases de Hebe Uhart (Blatt & Ríos), decía que “el sentimiento de víctima también conspira contra la escritura, porque toda víctima es narcisista”. Belén sostiene que la distancia le permitió no narrar desde ese sentimiento. “Por ahí si lo narraba con veintiún años todavía me sentía víctima. Esto de primero asumirse víctima, después correrse de ese lugar y después poder empoderarse yo creo que tiene que ver con no verlo como una vergüenza, sino con poder hacer algo con eso. La literatura también es una herramienta y un arma”.

Pero puede aparecer, colarse el miedo ante la consecuencia, la reacción a ese contarse a uno mismo y a la propia familia. Para esto, aconseja Belén, lo que importa es desde dónde se escribe, desde qué postura. “Para mí hay y hubo una premisa vital que es no escribir para que me lea mi familia porque en definitiva la narración testimonial tiene que ver con lo subjetivo, con mi verdad. Tomar noción de eso hizo que perdiera un poco el miedo. Entendí que lo que escribía no lo escribía solo para mí, que yo era una más de las miles de millones de mujeres que son abusadas, que mueren, y que yo tenía la herramienta de mi voz, mi escritura y el dinero para ir a un taller literario y que era mucho más importante la consecuencia social y política que podía tener el texto que lo que podía causar o no en mi familia. Sin tener eso claro no hubiese podido publicar el libro”, asegura.

Belén es feminista, integrante del colectivo Ni Una Menos. Asiste a cada marcha y paro de mujeres, a cada convocatoria donde siente que debe poner el cuerpo y su voz para contribuir a la reivindicación de sus derechos.

Sigue colaborando con medios, nacionales e internacionales, pero como freelancer. El fenómeno literario en el que se convirtió Por qué volvías cada verano, que ha tenido varias reimpresiones, le complicó en términos de tiempo y concentración poder mantenerse en un trabajo fijo y alinearlo con la agenda de eventos, dar notas, estar en charlas, que surgían con su libro que cada vez era más leído.

Entonces decidió dedicarse a seguir escribiendo no ficción, las páginas de su segunda novela, que esta vez publicará con el sello de Penguin Random House. Ya está lista, pero el sector editorial también se encuentra detenido por la pandemia del covid-19.

A diferencia del primero, este segundo relato no será coral, sino en primera persona. “Los primeros meses seguí escribiendo polifónicamente hasta que me di cuenta de que la primera persona era lo que más me pedía el texto”, cuenta Belén. Y sobre este nuevo proyecto personal adelanta: “La trama principal se centra en el juicio, en qué vive una mujer que denuncia en Argentina y que denuncia violencia de género. Y después hay tramas paralelas, las enfermedades de mi papá, los viajes al pueblo, qué sucede en el cuerpo de una mujer que vive una denuncia judicial”.

A la par de vivir y de narrar esas experiencias, Belén se dedicó a algo que le hacía bien: escuchar a otras personas y acompañarlas en el proceso de escritura. Por eso dicta talleres de no ficción. “Me parecía que era hora de apropiarnos de la no ficción como denuncia y como vía creativa. La propia experiencia puede ser suficiente para narrar una historia y escribirla muchas veces ayuda, alivia. Hay literatura y recursos literarios tanto en la ficción como en la no ficción. Me encanta hacerlo y me parece que está bueno devolver un poco, ¿no?, todo lo bueno que a mí me hicieron los talleres”.

En este sentido, remontándose a su caso personal, considera importante la tercera mirada, romper con la figura del escritor solitario. “Con esto no quiero decir que no sea posible que exista, lo que digo es que no es la única manera y que hacer el proceso de escritura colectivamente es mucho más enriquecedor”.

El vínculo entre la literatura y la vida se puede convertir en la vida misma y así vive la suya Belén López Peiró.

La lucha de mujeres en la literatura

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En Argentina y fuera de sus límites geográficos hay un consenso. Y es situar a Black Out (Literatura Random House) de María Moreno como el relato que marcó el camino, el de la autoficción. El título de la narradora argentina, que ganó en 2016 el Premio de la Crítica al mejor libro argentino que entrega la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, también es referido por el suplemento Babelia, de El País de España, como “una obra primeriza que inaugura posibilidades en un género que los cazadores de tendencias llaman autoficción”. Moreno cuenta sus memorias y cómo era en el Buenos Aires de los sesenta y setenta ser una mujer periodista y escritora en círculos donde la gran mayoría eran varones. Belén López Peiró también menciona a Moreno como la gran pionera en términos de no ficción.

Después, en ficción, destaca a Sara Gallardo, Aurora Venturini. En lo contemporáneo, agrega: “Cada vez hay más escritoras incorporando las luchas feministas en su literatura”.

Las autoras argentinas están desarmando las lógicas del patriarcado. Dolores Reyes, por ejemplo, está siendo traducida a muchos idiomas por el arrasador éxito de su primera novela, Cometierra (Sigilo), en cuya trama los femicidios y la trata de personas ocupan el lugar central. Claudia Piñeiro, en su última novela Catedrales (Alfaguara), también habla de una adolescente que aparece quemada y descuartizada en un descampado. El aborto es otro de los tópicos que aborda en su última obra pero que ya aparecía en su primera novela, Tuya. Piñeiro es uno de los rostros más visibles de la lucha que por este derecho mantienen las mujeres en Argentina. “Yo creo que no se trata solamente de cómo fue creciendo la literatura intimista, sino de cómo cada vez más los temas que tienen que ver con la lucha de las mujeres empezaron a circular y están circulando en la literatura”, apunta Belén.

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Acerca de Leisa Sánchez

Su gran motivación e interés periodístico son los temas históricos y culturales.
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