La guerra que estaba empezando.
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La guerra que estaba empezando.

Edición 443 – abril 2019.

Mundo-1

El parte de guerra era seco y cortante, críptico: veinticuatro palabras. Y era, sobre todo, el parte final, el definitivo: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares…”. Y concluía, rotundo: “La guerra ha terminado”. Era el 1° de abril de 1939, estaba fechado en Burgos y lo firmaba el generalísimo Francisco Franco.

Mundo-3Casi tres años antes, el 18 de julio de 1936, el ejército había decidido arbitrar a cañonazos una disputa política cada día más agria y enconada entre el gobierno republicano, controlada por la izquierda radical de socialistas, comunistas y anarquistas, y una oposición dispuesta a la conspiración, en que se entreveraban monárquicos, conservadores y falangistas. Desde 1931, cuando había sido proclamada la Segunda República tras el exilio del rey Alfonso XIII, España había vivido tiempos turbulentos, en los que la política se salió de las instituciones y se tomó las calles, que se volvieron tumultuosas y peligrosas.

Al empezar 1936 se multiplicaron las huelgas, los atentados y, también, los asesinatos. El centrismo y la moderación fueron arrasados por los extremistas de lado y lado, que llamaban sin pudor a la acción y a la fuerza. Iglesias y templos fueron asaltados e incendiados. Hubo 262 crímenes políticos en seis meses. La izquierda hablaba de revolución, la derecha de golpe de Estado. Era evidente que algo grave iba a suceder.

Mundo-2Y, claro, algo grave sucedió: el levantamiento militar del 18 de julio devino en una contienda civil larga y de crueldad inaudita, que duró 988 días, que dejó medio millón de muertos y que desembocó en una dictadura que se prolongó hasta noviembre de 1975. Nada menos. Las atrocidades (asesinatos, secuestros, juicios sumarísimos, fusilamientos, ataques a poblaciones civiles, bombardeos a ciudades, sabotajes…) ocurrieron a diario, a uno y otro lado de la línea de fractura. Los relatos históricos sobre la Guerra Civil Española (Hugh Thomas, Stanley Payne, Paul Preston, Santos Juliá, Julio Aróstegui y muchos otros) describen un conflicto despiadado y sin tregua, que cuando terminó con el parte triunfal del generalísimo Franco, hace exactamente ochenta años, había dejado un país pobre, herido y dividido, donde habían sido puestas a prueba las estructuras militares, las capacidades de reacción y las fuerzas de voluntad de las grandes potencias mundiales para la guerra mayor que estaba por estallar.

La guerra mayor estalló, en efecto, cinco meses después, el 1° de septiembre, cuando, en cumplimiento de un pacto secreto entre Alemania y la Unión Soviética, Polonia fue invadida para ser repartida. Las democracias occidentales reaccionaron con fuerza y, además, el entendimiento entre nazis y comunistas duró poco. La guerra se convirtió en mundial cuando el Japón y los Estados Unidos, enfrentados, se incorporaron a la contienda. Al terminar la guerra, en agosto de 1945, quedaron 55 millones de muertos, dos superpotencias globales confrontadas, un mundo con armas atómicas y una cortina de hierro que iba a dividir en dos el planeta durante las décadas por venir.

Mundo-4Todo había empezado en España. Allí, con el gobierno republicano, los “rojos”, se ahilaron soviéticos, franceses, ingleses y estadounidenses. Con los sublevados, los “nacionales”, estuvieron alemanes e italianos. Y ese alineamiento surgido en 1936, al comenzar la Guerra Civil Española, se mantuvo sin cambios para la Segunda Guerra Mundial. Cuando Franco, de su puño y letra, emitió ese parte de guerra, las armas ya estaban en alto y sonaban los redobles de tambores anunciando el conflicto inminente, que sería el mayor jamás habido en este planeta. Tal vez, entonces, en vez de “la guerra ha terminado”, el generalísimo debió informar que, en realidad, la guerra estaba empezando…

 

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