La gran muestra del Malba.
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La gran muestra del Malba.

Por Milagros Aguirre.

Fotografías: cortesía Malba y otros archivos.

Edición 449 – octubre 2019.

Galeria 1
Pareja, Xul-Solar, 1923.

Doscientos artistas y 230 obras integran  la muestra de aniversario del Museo  de Arte Latinoamericano de Buenos Aires,  el hermoso Malba. Las obras escogidas  son clave para entender el recorrido  del arte latinoamericano desde el principio  de la modernidad hasta el surgimiento  del arte conceptual, con más precisión  entre 1900 y 1970, lo que, según los organizadores,  “destaca la riqueza artística y  cultural del período moderno en América  Latina, uno de los mejor representados  en la Colección Malba”.

El museo se inauguró en 2001, en un  contexto dramático, el atentado a las Torres  Gemelas de Nueva York y una enorme  crisis que puso a Argentina en vilo.  Pero rápidamente se instaló como un  referente por su colección de arte latinoamericano  con piezas muy significativas.  Hoy, la visita al museo es paso obligado  para el turista que recorre la ciudad de  Buenos Aires y también para estudiantes  y porteños en general.

Victoria Giraudo, curadora de la exposición,  explica a Mundo Diners el recorrido  de esta exhibición de aniversario:  “Queríamos mostrar las piezas más emblemáticas  y las más importantes del Malba,  que son de ese período: de los inicios  del siglo XX hasta inicios de los setenta.  Las obras encontradas en este período siguen  siendo lo más fuerte del panorama  de la historia del arte contemporáneo”.

El Malba quería hacer una variación  al recorrido de la exposición permanente,  Verboamérica, curada por Pérez Rubio,  que tuvo gran acogida. Una exposición  rica en contraste y contrapunto entre las  distintas épocas, con obras representativas  de inicios del modernismo, pero que  no fue concebida de manera cronológica.

Esta exposición, en cambio, quiere  resaltar las obras más icónicas de la colección,  pensando en un público amplio.  “Es decir, pasando de las reflexiones más  complejas o filosóficas, a la invitación a  un público más masivo, niños, adolescentes,  a gente que no sabe mucho de artes,  o extranjeros que no saben de arte latinoamericano”.  En ese sentido, la curaduría  encontró que darle un sentido cronológico  a la muestra, echando mano de la historia  y del contexto, es más didáctico y más  atractivo para el público. “Cuando uno se  pregunta qué pasó en los años veinte y luego  se remite a una obra, empieza a hacer  paralelos con su propia región, su propia  historia, empieza a ver cosas en común”.

La muestra la integran importantes  artistas latinoamericanos: Xul Solar, David  Alfaro Siqueiros, Emilio Pettoruti,  Rafael Barradas, Pedro Figari, Joaquín  Torres-García, Frida Kahlo, Diego Rivera,  Wifredo Lam, María Martins, Antonio  Berni, Fernando Botero, Hélio Oiticica,  Lygia Clark, Lidy Prati, Jesús Rafael  Soto, Lucio Fontana, Jorge de la Vega,  Alicia Penalba, entre otros.

Autorretrato con chango y loro, Frida Khalo, 1942.
Autorretrato con chango y loro, Frida Khalo, 1942.
Rux 32, Manuel Rendón Seminario, 1927
Rux 32, Manuel Rendón Seminario, 1927
Escultura de Alicia Penalba en la entrada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
Escultura de Alicia Penalba en la entrada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

El paso por París

El recorrido de esta exposición tiene  siete núcleos temáticos, lo que hace posible  que el espectador arme conexiones.  Al entrar a la sala donde se exhiben las  primeras vanguardias, se habla de la formación  de los artistas latinoamericanos  tanto en sus países de origen como las  experiencias que muchos de ellos tuvieron  en Europa. “No se formaron allí, pero  sus viajes nutrieron su creación artística”,  dice la curadora y pone como ejemplo el  caso de Diego Rivera, que ya había hecho  carrera en San Carlos y viajó a Europa no  solo a perfeccionarse, sino para ver qué  era lo último que estaba pasando, discursos  y discusiones del momento, como  el mano a mano con Picasso en torno al  cubismo.

De esa forma, desde el diálogo, se entiende la construcción de las vanguardias latinoamericanas, artistas cuyas búsquedas están pensadas para hacer una mixtura entre lo que traen de América y lo que está pasando en Europa. De esas mixturas nacen el indigenismo, las reflexiones sobre negritud, los debates sobre la identidad cultural en América Latina. Así vemos Baile de Tehuantepec (1928) de Diego Rivera y trabajos del maestro argentino Antonio Berni como Mercado del altiplano, de 1936, con temática indigenista.

Y también de Pedro Figari sobre las costumbres de los negros en Uruguay y los bailes típicos de la zona, producto, por supuesto, de la crisis de los años veinte y treinta, cuando los artistas hacen un llamamiento a la reflexión social. En la muestra podemos ver también cómo el surrealismo, que surge en París, prende muy rápido en América Latina pues lo mágico y onírico tienen raíces profundas en el continente. También surgen las cuestiones freudianas y en Argentina particularmente esta mirada marcará a las artes. No se copia lo parisino sino que se va creando algo propio con base en los contextos de cada país, con las particularidades de México o de Cuba. Se mezclan la máscara picassiana con las religiones locales, las santerías, los relatos orales.

La muestra tiene una gran escultura de María Martin, formada en Brasil, quien luego fue a Estados Unidos y París, escultura que presenta una metamorfosis influenciada por las leyendas del Amazonas, con mucha fuerza en lo tropical. También está, por supuesto, Tarsila do Amaral, y su Abaporu, obra de peregrinación perteneciente al Malba que fue prestado a Nueva York, que muestra ese estar en las vanguardias y ser auténticos, que es lo que le pasa al arte latinoamericano de ese momento.

El viento, Luis Ortiz Monasterio, 1931 - 1932-
El viento, Luis Ortiz Monasterio, 1931 – 1932-
Lo imposible, María Martins, 1940.
Lo imposible, María Martins, 1940.

Todas las experiencias

En el espacio dedicado a los años cuarenta, se ve la huella de la Segunda Guerra Mundial, que impacta en América Latina. En la sala hay un quiebre, acentuado por el color de la pared: se cuestiona el arte figurativo con las propuestas de arte abstracto y concreto, algo más científico y matemático. En este núcleo las variantes del surrealismo y el realismo mágico son seguidas por las propuestas del arte abstracto y concreto, que en muchos casos se superponen cronológicamente.

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