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La desocupación.

por Francisco Febres Cordero

Edición 441 - febrero 2019.

Firma--29---Fco
Ilustración: Mario Salvador.

Lo que más me duele, a esta provecta edad en que me encuentro, es que me voy quedando sin trabajo. Una de las cosas que hacía con mayor laboriosidad y meticulosidad era barrer, hasta que a la casa llegó, un día de infeliz memoria, esa cosa horrenda que se llama aspiradora, con la cual, definitivamente, no pude competir porque, según aseguró el señor que se la vendió a la Cata, no solo que dejaba las superficies impolutas de todas las basuras que se veían.

Sino que absorbía también las cosas que no se veían, como unos monstruos milimétricos y feroces que se alimentan de la piel humana y no solo son los causantes de todas las alergias imaginables, sino que se reproducen con ansias y velocidad indescriptibles hasta formar colonias de cientos de miles en las alfombras, las telas de los muebles, los colchones, las cobijas. Al ver mi cara de incredulidad, la Cata —a quien el vendedor le acababa de graduar en microbiología— me dijo que esos monstruos se llaman ácaros y que están ahí, aunque no se ven.

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