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La desmemoria.

por Milagros Aguirre

Edición 444- mayo 2019.

Firma---Aguirre
Ilustración: Adn Montalvo E.

Me aterra cuando me encuentro con al­guien, me saluda y no sé su nombre. Soy extre­madamente despistada y supongo que aquellas personas a las que no recuerdo y me saludan cariñosamente creerán que soy muy antipática. Me disculpo de antemano: a veces ando en las nubes. Es herencia paterna. Mi padre no solía recordar nombres y, para salir del paso, saludaba a todo el mundo diciéndole “ñatito / ñatita” o “flaquito / flaquita”.

Nunca quedaba mal pues siempre el cariñoso apelativo venía con apretón de manos o palmaditas en la espalda o abrazo apretado. Yo, en cambio, quedo pésimo porque, por más que pienso, no se me viene dónde vi esa cara o de qué me suena ese nombre. Enton­ces hago una sonrisa, que seguro se nota falsa, y digo: “Hola, ¡a los tiempos!… ¿qué haces, en qué andas?”. Con eso espero que me dé una respuesta que sea una pista, una señal, de con quién estoy hablando. No es gracioso: es verda­deramente angustioso y, cuando ocurre, suelo pasar muy malos momentos.

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Acerca de Milagros Aguirre

Periodista y editora, autora de varios libros sobre la Amazonía. Actualmente, Editora General de Abya Yala.
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