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La comida chatarra debe ser la excepción y no la regla

por Redacción Mundo Diners

Edición 458-Julio 2020

Fotografías: Shutterstock

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El exceso en su ingesta pueda acarrear graves problemas de salud, por ello se recomienda limitar su consumo y optar por opciones más saludables.

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Si cuando piensa en comida chatarra solo le vienen a la mente hamburguesas, papas fritas y pizzas, debe saber que la lista va más allá; los dulces, pasteles y helados también entran en esta categoría. ¿Por qué? Porque la grasa, el azúcar y la sal que contienen son los responsables de estimular ciertos receptores del cerebro que producen una sensación de satisfacción, lo que hace que nos guste tanto la comida poco saludable. Y aunque no podamos eliminarla de nuestra vida, sí es importante controlar su consumo.

El nutriólogo Diego Suárez explica que el boom de la comida chatarra llegó con la Revolución Industrial, cuando el trabajo sedentario empezó a tener relevancia, “cortando la actividad física y buscando mecanismos más rápidos de alimentación”. Pero la industria de la comida rápida como la conocemos nació en 1921, en Kansas (Estados Unidos), con la hamburguesería White Castle, que creó un sistema rápido y limpio para cocinar este tipo de comida, pero no fue sino tras la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial que este modelo de negocio creció.

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Con más dinero en el bolsillo, comer fuera se volvió parte del entretenimiento familiar. Así, en 1948 arrancó Mc Donald’s y a partir de la siguiente década surgieron nuevas cadenas como KFC (1952), Burger King (1954) y Pizza Hut (1958), mientras en 1976, según el documental Historia de la comida rápida, había sesenta mil locales repartidos en Estados Unidos y en los años noventa era un fenómeno mundial difícil de resistir.

Del sabor a la adicción

¿Por qué es tan adictiva esta comida? Hay varias razones y la primera es que los azúcares de los carbohidratos son de fácil digestión y absorción, y generan una rápida sensación de bienestar, lo cual, por ejemplo, frente a niveles de estrés hace que busquemos este tipo de alimentos.

En términos más fisiológicos, la comida chatarra aumenta la liberación de dopamina (el neurotransmisor considerado como el centro del placer: regula la motivación y el deseo) y crea incluso cierta dependencia por el efecto que produce, obligando al organismo a consumir más comida para volver a tener una y otra vez la misma sensación.

Otra de las razones es la facilidad de obtenerlos, pues es más sencillo, y muchas veces más barato, conseguir un alimento ultraprocesado que uno natural. También se relaciona con la evolución de la biotecnología, explica Suárez, pues el desarrollo en laboratorio de las grasas trans, usadas sobre todo en la comida chatarra con el fin de tener alimentos que duren más y mantengan su sabor, ha puesto en grave peligro a la salud.

Por ello el problema radica, además de la adicción que pueden generar, en las enfermedades que se derivan de un consumo excesivo de esos alimentos, entre ellas, diabetes, sobrepeso e hipertensión, también problemas renales e incremento de la posibilidad de sufrir accidentes cardiovasculares. De ahí que la Organización Mundial de la Salud recomienda que la ingesta de alimentos con grasas trans no supere el 1 % de la dieta.

¿Adiós para siempre?

Pero entonces, ¿se deben abandonar para siempre las salchipapas y las donas? Suárez explica que no hay de desecharlas pero sí limitarlas, es decir, que su consumo sea la excepción y no la regla hasta encontrar un equilibrio en la alimentación. Sobre cómo hacerlo, el especialista sugiere unos pasos iniciales:

• Preparar comida en casa.

• Quitar los jugos del almuerzo.

• Disminuir el consumo de arroz.

• No consumir azúcar diariamente.

• Mejorar los procesos de cocción (preferir el horno o el vapor).

• Seleccionar mejor los restaurantes a los que vamos.

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Pero sobre todo trabajar en la disociación entre felicidad y comida, para así disminuir los niveles de ansiedad y no tener ataques repentinos de consumo de alimentos chatarra. Pero el punto clave es reconocer si la ingesta de este tipo de alimentos es habitual; es decir, se debe analizar si están reemplazando a alguna de las tres comidas principales y si esto ocurre a diario. En caso de que la respuesta sea afirmativa y usted considere que se está excediendo con la comida chatarra, lo primero será buscar especialistas que le ayuden a crear un plan de alimentación a su medida, sin que le genere sufrimiento o ansiedad y le permita mejorar su relación con la comida. (Ángela Meléndez)

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