Felipe Guamán Poma de Ayala
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Edición 447 – agosto 2019.

Tal como han venido destacando los historiadores, el descubrimiento de América fue un gran excitante de la fantasía de los hombres de la época. El acontecimiento hizo que todo resultara más creíble, incluso aquello que resultaba francamente inverosímil. Una buena prueba de ello fue la reactualización de leyendas que durante siglos habían circulado por Europa. Mitos tales como la prometida Edad de Oro, el País de la Cucaña, Ofir, la Ciudad de los Césares, la Fuente de la Eterna Juventud, etc., empezaron a ser vistos como realidades plausibles. A tal punto se excitó la imaginación que incluso hubo quienes creyeron que en las tierras recién descubiertas yacía ese Paraíso Terrenal sobre cuya localización tanto habían disputado los doctores medievales. Para colmo, no pocos intelectuales de fines del siglo XV y comienzos del siguiente llegaron a concluir que la hazaña colombina estaba abriendo las puertas a una nueva etapa de la humanidad. El clima de optimismo que se forjó en torno a la aventura colombina permitió identificar a América como un lugar geográficamente hecho para que los hombres alcanzaran la dicha y la felicidad. Lo divulgado por los primeros testigos acerca de los portentos que habían visto tuvo un impacto descomunal entre una población poco alfabetizada y ya de por sí muy propensa a imaginar más de la cuenta. Las novedades americanas aderezadas con el componente de la mitología clásica y medieval crearon las condiciones perfectas que abrieron de par en par las puertas de la credibilidad. En realidad el entusiasmo que generaron las “maravillas” del Nuevo Mundo no hizo sino poner en evidencia la necesidad de solventar viejas demandas que desde hace mucho tiempo se mantenían represadas y sin solución aparente. Las noticias, verdaderas o falsas, acerca de las riquezas que allí podían encontrarse movilizaron a centenares de campesinos, viejos soldados y hasta convictos por la justicia. América se convirtió, pues, en una poderosa fuente de optimismo y a la larga en un lugar apto para realizar fantasías de todo tipo. Los significados que se atribuyeron al descubrimiento dieron pie a que se escribiera eso que bien podemos llamar como el primer capítulo de la gran Enciclopedia de la esperanza americana. De una manera resumida, este fue el universo mental que envolvió a la Europa de la época y particularmente a España.
Felipe Guamán Poma de Ayala
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