La bitácora de Valarezo
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La bitácora de Valarezo

Por Milagros Aguirre.

Fotografía: cortesía de las artistas.

Edición 455 – abril 2020.

De cómo creamos monstruos cuando pensamos en el otro. De eso va lo que Diana Valarezo expuso en la galería N24 de Quito, en lo que sería un reencuentro del espectador con su obra. Ella no vive en el país desde hace mucho tiempo y no ha podido exhibirla, pero su trabajo es constante, como son sus búsquedas. Por ejemplo, la reflexión sobre la migración, sobre el otro, en una obra realizada entre 2010 y 2013.

De la misma manera que los conquistadores vieron en el continente americano a las gigantes y bravas guerreras amazonas que tenían un ojo en medio de la frente o que encontraron en su camino al Gastrocéfalo, un personaje con el rostro en el pecho que ella ha retratado en cerámica, de esa misma manera ven, vemos, al migrante, a aquel al que consideramos diferente. Construimos, en nuestra imaginación, monstruos de varias cabezas, seres malvados o violentos, enormes o peligrosos. Con esa metáfora, Diana Valarezo, desde el dibujo y la acuarela, pone en la mesa de discusión los imaginarios que llevan al desprecio y a la xenofobia y a lo que significa sentirse extranjero, a veces invisible, en el lugar de destino.

Con una paleta más bien alegre, con un sentido del humor muy particular, estos “monstruitos” emergen de su cabeza y se hacen presentes en una serie de dibujos del Bestiario de Bruselas, formado por personajes mitad persona mitad animal en obras con títulos divertidos, como “Lágrimas de cocodrilo” o “Soy todo oídos”. Una serie que hizo en un formato más bien pequeño para poder llevarla en la maleta.

¿Por qué los animales?, se preguntará el espectador. Y es que el caminar de un lugar a otro, sea China, donde vivió durante cinco años, o Bélgica, donde reside actualmente o Senegal, donde ha ido a vivir por el trabajo de su compañero, ha hecho que la artista reflexione sobre ese instinto que permite aprender cosas que uno ni se imagina: balbucear palabras para hacerse entender, usar el lenguaje de las señas, probar palabras que incluso en el mismo idioma significan cosas distintas, situaciones que sacan de nuestro lado primitivo el instinto de supervivencia.

LOS RESBALOSOS, Acuarela y tinta, 2011.

LLUVIA SOBRE BRUSELAS, acuarela y tinta sobre papel, 2011.

Sello chino, humor latino

La exposición Conciencia imaginada, cartografías del nuevo mundo y sus deformaciones bestiales se nutre de colores y personajes africanos, de imágenes surrealistas, de crónicas de viajeros y de objetos que van formando parte del equipaje de la artista y que son constantes en sus cuadros: utensilios de cocina como ralladores, licuadoras, ollas, que forman parte de la continua mudanza, de la vida doméstica, refugio ante todo aquello que es ajeno y que hace parte del ser migrante.

Esta obra de Diana Valarezo es casi una bitácora de viaje: Bélgica, Senegal y Lima. Pero es una bitácora de viaje hacia el interior. Es decir, la artista no dibuja paisajes, salvo en una obra de gran formato donde, seducida por el gris de Lima, cuenta sobre su vida en pareja (esas obras, además, vienen acompañadas de poemas de su compañero, Guy Castadod) y del encuentro del león y el colibrí, sino que hace sus paisajes de tejidos y bordados que descubre en sus andanzas o en personajes míticos con los que se identifica, como Diana, la venadita, cuidadora del bosque, o el mismo colibrí, el ave pequeñita que va, veloz, de un lado a otro.

Diana Valarezo es una artista versátil: dibuja, pinta, hace grabado, fotografía digital, instalaciones, cerámica en porcelana. No se repite, busca. Y encuentra referencias como Guamán Poma de Ayala (Nueva Crónica i Buen Gobierno) o Bosco y las reinterpreta y juega con ellas. Hace mapas, traza rutas y también se divierte: encuentra peces voladores que habitan en su interior, plancha olas o echa raíces (Objetos híbridos, 2010) o deambula por los mercados de las ciudades buscando dibujos para sus cuadros. Y en el camino encuentra a la milagrosa Santa Rosa de Lima y a Sarita, la Santa Pagana, símbolo de resistencia y bandera de lucha de las mujeres en Perú, a quienes, por supuesto, retrata.

Sus obras siempre llevan el sello chino con el que las firma. Ella es buscadora de formas, de tejidos, de otras culturas, de personajes. A la vez que hace reflexiones profundas sobre el miedo al otro y la migración, no pierde el sentido del humor y hace que el espectador también sonría.

En los últimos años ha participado en varias residencias artísticas y ha expuesto en la Mythra Gallery, en Rotterdam; en la Abadi Art Space Gallery, en Nueva Delhi; en la Galería del Centro Cultural Ccori Wasi, en Lima.

Además de esta muestra, Diana tiene una nutrida obra en su portafolio: dianavalarezo.com, donde incluye dibujo, grabado, imágenes digitales, esculturas y pinturas. Sus esculturas en cerámica, porcelana esmaltada, de la serie Seres de la memoria (2017), sorprenden y cautivan. Anémonas, agua fragmentada, oleaje, seres nautas, corales y floraciones imposibles, donde el mar y sus objetos parecen solitarios protagonistas de un universo desconocido. El portafolio de una artista de intensa producción, que hay que visitar.

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