Juan Manuel Correa vio la muerte de frente pero su meta es la Fórmula 1

Juan Manuel Correa.
Fotografías: Cortesía.

“Tenía los ojos abiertos —dice—, pero vivía una pesadilla”. Antes de que sus piernas quedaran destrozadas, antes de que sus pulmones quedaran comprometidos, antes de que su cuerpo y su mente quedaran suspendidos durante dos semanas por el estado de coma, Juan Manuel Correa manejaba tranquilo a 220 kilómetros por hora. 

La pesadilla, que duró más de seiscientos días, empezó el 31 de agosto de 2019, cuando una colisión múltiple en una carrera de Fórmula 2 le arrebató la vida al piloto francés Anthoine Hubert y casi le cuesta la propia a Juan Manuel. Tan solo una semana antes del accidente, el piloto ecuatoriano-estadounidense vivía aún despierto uno de sus sueños: se trepaba a un auto de Fórmula 1. Fue el elegido de Alfa Romeo para conducir un Sauber C32 con motor Ferrari V8 atmosférico, un monoplaza de la máxima categoría del automovilismo. Lo hizo como parte de una prueba con la misión de encontrar mejoras para los autos que conducían el excampeón mundial Kimi Räikkönen y Antonio Giovinazzi.

—Va a tardar, pero sé que mi sueño de correr en Fórmula 1 se dará.

—¿Y si no sucede?

—Lo daré todo para que sí. Claro, si con luchar al máximo no se cumple, sé que no me quedaré frustrado. Antes del accidente pensaba que el no llegar a la Fórmula 1 me volvería infeliz. Pero cuando la muerte te mira de frente, sabes que la vida es mucho más que un sueño. Eso sí, te lo aseguro, daré todo para cumplir el mío.

Podría decirse que no escuchaba canciones de cuna, que lo que sonaba en casa eran los rugidos de motores. Juan Manuel Correa Borja (Quito, 1999) proviene de una familia en cuyo torrente sanguíneo hay un componente de aceite para turbinas. Su abuelo materno, el expresidente Rodrigo Borja Cevallos, y su tío, Rodrigo Borja Calisto, se dedicaron al automovilismo.

Lo propio desde el lado paterno, tanto su abuelo Juan Carlos como su tío Felipe practicaron este deporte. Su padre, también llamado Juan Carlos, corría en competencias de rally. “Mi papá me trepaba delante de su moto y recorríamos una hacienda por Machachi. Me encantaba sentir la velocidad del viento desde pequeño”, recuerda Juan Manuel, quien subió a un carro de karting por primera vez a los siete años.

—¿Tu destino era el automovilismo?

—Siempre me gustaron los carros, pero también practicaba tenis y no me iba mal. Llegó un momento en el que tuve que elegir. Quedó a un lado la raqueta y los autos ocuparon toda mi vida.

—¿Costó la decisión?

—Para nada. Mi pasión son los motores.

Juan Manuel iba dos veces por semana al kartódromo Dos Hemisferios de la Mitad del Mundo, en Quito, y recibía clases con el piloto Patricio Larrea, su primer maestro. Los entrenamientos fueron exigentes desde el principio, demandantes sobre todo con su tiempo, pero el niño-piloto ajustó su ritmo de crecimiento. Con apenas nueve años, fue campeón nacional en la categoría cadete, venciendo a rivales cuatro o cinco años mayores que él.

Juan Manuel Correa.

Luego se mudó a Miami junto con su familia para competir en los principales circuitos de karting estadounidenses, fue campeón en ese país, en 2013, y posteriormente alcanzó el campeonato mundial juvenil. Este logro cambió su vida. Lotus F1 Team, un semillero importante y próximo a la Fórmula 1, puso sus ojos en él. Ya sin su familia, a los catorce años, se mudó a Italia y empezó su carrera en el Campeonato Europeo de Karting CIK/FIA. 

El profesionalismo se antepuso a la adolescencia. Juan Manuel no se comió la publicidad de “la imagen es nada”. Aprendió a sonreír lo necesario frente a una cámara y a mantener un rictus serio que hasta ahora lo acompaña. Entendió que una fotografía no solo podía comprometer el futuro, sino el presente. “Fue sacrificado. Tengo respeto por los deportistas que desde pequeños entrenan para ser profesionales. Creo que no es saludable.

Un niño no merece hacer tantos sacrificios. Hay momentos en que hasta tu vida personal está afectada. Salir con los amigos, jugar e ir a una fiesta es importante. Ir a Italia, sin saber el idioma, esperando que una familia te cuide y al último momento te cancele, es duro. Vivir con un solterón treintañero del equipo, lo que significa vivir solo, es difícil. Al inicio, casi me meto un tiro. Pero bueno, aprendí a lavar y a cocinar, cosas que hasta ahora me sirven”.

—Tras vivir en Italia fuiste a Suiza, ¿ahí no te sentías tan solo?

—Estaba en un internado, pero llegó otra ronda de sacrificios. Hablamos de que tenía quince y dieciséis años. Tienes más amigos, aparecen las mujeres en tu panorama, hay más paseos y fiestas, pero tú no puedes disfrutar de eso. Me di cuenta de que no podía tener todo. No es fácil tomar la mejor decisión para tu futuro, sobre todo si eres un adolescente. Muchos pilotos de esas épocas, amigos míos, se arrepienten de no haber dado ese paso. Yo no me arrepiento de nada.

En 2016 debutó en la Fórmula 4 y después todo fue un efecto dominó gracias a los triunfos y sus grandes actuaciones. De la Fórmula 4 saltó a la Fórmula 3 hasta que en 2019 llegó a la Fórmula 2. En esta categoría fue su cómplice un Sauber Junior Team de la escudería checa Charouz, con el que consiguió dos podios en las rondas de Bakú y Le Castellet; además de convertirse en un piloto de desarrollo del equipo de F1 Alfa Romeo Racing.

En términos futboleros o simplemente universales, fue como fichar en la Liga francesa para después dar un salto a la Superliga española y llegar, goles mediante, a la Premier League inglesa y a un pasito de debutar en la Champions League. Pero la suerte juega con cartas sin marcar.

El circuito de Spa-Francorchamps, en Bélgica, es uno de los más peligrosos dentro de todas las carreras de alta velocidad. Sus curvas vertiginosas y la mítica subida Eau Rouge-Raidillon lo convierten en un guiño a la muerte por el punto ciego que genera la cuesta. En el recorrido, en el intento, han fallecido 48 pilotos y cuatro comisarios desde 1921 hasta la actualidad.

El último accidente mortal se dio tras el impacto entre Hubert y Juan Manuel, el cual comprometió a los bólidos de Juliano Alesi y Marion Sato, quienes salieron mejor librados. Hubert murió una hora después. Juan Manuel sobrevivió tras recorrer su propio viacrucis. 

Todo inició en la segunda vuelta. Juan Manuel subía por Eau Rouge cuando vio que un pedazo de otro vehículo se le metía debajo del suyo. El punto ciego le impedía saber qué sucedía. Al pasar la cuesta observó recién al auto de Hubert. Trató de frenar, intentó darle un giro a su volante, pero las llantas delanteras estaban en el aire. Se estrelló contra su amigo hasta rodar unos doscientos metros. No perdió la conciencia y eso lo asustó más. La adrenalina debía fluir por su cuerpo para aliviar de alguna manera el dolor, pero no sucedió. Salió del automotor y tuvo que arrastrarse porque sus piernas no respondían: se le colgaban del tronco mientras dejaba una estela de sangre en la pista. 

Canal CNN.

El choque le dejó dos vertebras rotas y fracturas múltiples en ambas piernas. A los pocos días, sus pulmones estaban llenos de sangre y agua. Hubo que inducirlo a un coma y asumir que las probabilidades de que despertara eran pocas. Su pierna derecha estaba comprometida y, ante la posibilidad de amputarla, se apresuró una cirugía de casi veinte horas de duración. Todo salió mejor de lo previsto, pero eso no eliminaron los sangrados diarios, las infecciones continuas y la depresión que vivió durante meses.

—¿Cómo asimilas la muerte de Anthoine Hubert?

—Es lo único que cambiaría en mi vida, pero no puedo. Las máquinas del tiempo no existen. Pero si pudiera cambiar algo del pasado, quisiera que estuviera vivo. Ni siquiera el accidente cambiaría, pero sí que él sobreviva.

En 2020 regresó a la pista Spa. Aún convaleciente, hizo una ofrenda para su amigo. En 2021 compitió por la Fórmula 3 luego de veinte cirugías y un proceso de rehabilitación tan disciplinado como exigente (hay que imaginar a un hombre enamorado de la velocidad moviéndose milímetro a milímetro en cámara superlenta). Nadie creyó que volvería a los circuitos tan pronto, de hecho, muchos pensaban que jamás volvería. La mayoría creyó que no soportaría la presión de correr ahí.

Juan Manuel Correa.

Juan Manuel visitó el circuito belga de Spa-Francorchamps para participar en los homenajes
a Anthoine Hubert, fallecido en la carrera de Fórmula2 de 2019.

Juan Manuel vive ahora en Londres. Las paredes de su departamento están plagadas de la obra de su amigo Lukas Avalon. Los impresos pop art de Batman, Superman, Sharon Stone… cuelgan en cada rincón. Nunca cesa la música. El reguetón, el hip-hop y el house music no tienen descanso. “Ponte, DJ sí me gustaría ser”, dice. Con 1,84 metros y una contextura tan ancha como la de un búfalo, una de sus peleas diarias es cuidar su peso. “Como en el automovilismo, ahí también vivo al límite. No te voy a mentir, hay días que me excedo y trago como cerdo, por lo que al día siguiente me toca más cardio”, cuenta entre risas.

Es marzo de 2022, está a días de correr nuevamente en la Fórmula 3 y de estrenarse en las carreras de larga duración del European Le Mans Series. Alternar ambas competencias no le cansa, al contrario, parecería ser un método efectivo para mantenerse en forma. En 2021 se puso a prueba en la escudería francesa ART Grand Prix y terminó en el puesto veintiuno de la temporada con once puntos. Ese año también se enfrentó a sus fantasmas en Bélgica. “No te voy a negar los nervios, pensé que me ganarían, pero miedo nunca tuve. Además, la pista Spa siempre será la más importante para mí”, sostiene al reflexionar que sobre esta hay revanchas por su vida y por la muerte de Hubert, a quien siempre tiene en mente.

Si 2021 fue el año de la confianza y de capitalizar más experiencia, 2022 representa el de la pelea por el campeonato y un nuevo peldaño hacia la Fórmula 1. El circuito de Baréin, la isla que flota en el golfo Pérsico, es el arranque de la Fórmula 3. Juan Manuel, con los dos puntos conseguidos en el sprint y más los doce alcanzados en la carrera principal por su cuarto lugar, es el quinto de la clasificación general. En una sola carrera consiguió más puntos que en toda la temporada anterior.

—Casi logro el podio. Pero en las últimas vueltas el dolor en mi pie izquierdo era insoportable. Me tocó aflojar un poco.

Juan Manuel Correa.

Juan Manuel asegura que su madre María del Carmen Borja fue uno de los pilares fundamentales
para su recuperación.

—El año anterior fue el de la vuelta, este te planteas el de la meta. ¿Los nervios no se pierden?

—(Antes de responder, Juan Manuel manipula su reloj para enseñar las pulsaciones del fin de semana del 19 y 20 de marzo). Mira: 175 pulsaciones el sábado. Es altísimo. El domingo, en la carrera principal, un promedio de 148, siendo los picos más altos los que responden a las últimas vueltas. Pese al dolor, estaba nervioso en la primera carrera. Siempre hay nervios, lo que no puedes sentir es miedo (reitera con determinación).

—¿Cómo defines al automovilismo?

—Debes ser tan estratégico como en el ajedrez, pero a la vez primitivo. Pensar no te sirve mucho, es mejor hacer caso a los instintos.

—¿Está más cerca la Fórmula 1?

—Espero que mi sueño se cumpla en 2023.

Es abril de 2022 y Juan Manuel está a días de estrenarse en las carreras de resistencia de Le Mans. Aquel dolor del pie izquierdo no es una inflamación. Su metatarso está fracturado. En un video compartido a través de sus redes sociales comunica que no competirá en el circuito de larga duración y que, posiblemente, la segunda fecha de la Fórmula 3, en el Gran Premio de Imola (Italia), también puede comprometerse pues amerita algunas semanas de descanso. El niño-piloto ha crecido, quizás un poco a la fuerza, y el primer rasgo de su madurez es la paciencia que antecede a la velocidad. 

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