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Javier Marías: Mala índole, cuentos aceptados y aceptables

por Paola Ponce

Espionaje, asesinato y traición fueron los temas que atravesaron la obra de Javier Marías, el escritor ampliamente laureado al que le faltó el Nobel de Literatura. Sin embargo, esta omisión no le resta mérito a su obra tan taquillera entre los lectores y tan valorada por la crítica. En Mundo Diners reseñamos algunos de sus libros y aquí le presentamos un comentario de Juan Pablo Castro Rodas sobre Mala índole, cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara /2012).

Javier Marías cuentos

Javier Marías es ya un sello, una marca registrada. Para llegar a este santo estado de la contemplación editorial, ha debido recorrer sus años y trasegar con el inasible universo de la palabra. Sus novelas —algunas excepcionales como Corazón tan blanco— constituyen ejercicios de maestría y belleza, armados sobre la base de una de sus singulares características, uno de los pliegues de ese sello: la cadencia rítmica del fraseo. Las frases, para el escritor madrileño, parecen ondas de un río que se desplaza hacia el mar. Quizás la historia —ese puñal que se incrusta en el corazón— puede, aparentemente, subordinarse al propio encantamiento del verbo convertido en acción.

Este presupuesto se evidencia en la antología de sus cuentos recogidos en esta edición que presenta su mimada casa editorial: Alfaguara. Las historias y sus personajes —fantasmas de doble filo, fotógrafos obsesivos, mujeres de belleza resplandeciente, hombres y mujeres prensados en la telaraña del amor y la monotonía— no atrapan al lector por la anécdota que desarrollan, sino —y eso puede ser su límite, al menos su carencia— por el acto mismo de la escritura. Palabra tras palabra, Marías construye su edificio, un armatoste que permite, además, realizar un recorrido casi arqueológico por los primeros cuentos del autor y llegar hasta los más recientes.

Hay una necesidad expresiva por bordear la singular figura del humano, de un humano al que Marías observa, devela y recupera, como si fuese él mismo frente al espejo, y, no obstante, nunca él mismo.

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