Isabel Robalino: convicción y lucha
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Isabel Robalino: convicción y lucha

Isabel Robalino.
La Dra. Robalino fue la única mujer que participó en la asamblea constituyente convocada por el presidente interino Clemente Yerovi con quien saluda en la foto (1966). Fotografías: Tomadas de la edición impresa de la Revista Mundo Diners de enero del 2018.

El cuarto donde habita es pequeño, austero, ordenado y está en el interior de un convento. Quizá por eso no sorprende la sobriedad de la habitación.

Los padres dominicos le ofrecieron hospedaje a fin de honrar una vieja amistad.

A sus 100 años, doña Isabel Robalino Bolle tiene agenda llena.

Para coordinar la entrevista con ella debí esperar su regreso de Colombia.

Viajó a una convención para revisar las actividades sociales de la congregación religiosa.

Cuando finalmente hablé telefónicamente con ella, concertar la cita no fue fácil.

Cada día de la semana tenía ocupaciones preestablecidas.

De mi lado, tenía pocas fechas para negociar, el panorama se mostraba complicado. Doña Isabel me echó una mano. Movió sus actividades y fijó día y hora.

Cuando Isabel Robalino nació, las mujeres no votaban, ni se divorciaban, tampoco iban a la universidad.

Ella creció en un mundo dominado por hombres y repleto de prejuicios.

Los derribó todos, con paciencia, uno a uno.

Isabel Robalino.
Era muy extraño para la época que una mujer participara de eventos donde el personal masculino fuera la mayoría.

Es que fue una adelantada a su tiempo, se suele decir cuando alguien rompe el molde.

Doña Isabel fue diferente a las mujeres de su época.

Me atrevo a pensar que en una personalidad como la suya influyó la genética, esa mixtura entre lo criollo y lo alemán.

El Historiador Enrique Ayala lo explica:

“(Isabel Robalino) es hija de don Luis Robalino Dávila, escritor quiteño, internacionalista, fundador de la Cruz Roja, pero sobre todo historiador de la patria. De él heredó su hija el amor al país, la inclinación por la política como servicio y el compromiso ético. Su madre, doña Elsbeth Bolle, era una alemana que amó entrañablemente a su familia y al Ecuador. De ella tiene la disciplina y la austeridad en la vida y en la fe”.

Lo cierto es que doña Isabel tuvo un temperamento recio que se manifestó desde muy joven.

Por ejemplo, decidió, contra la voluntad de su padre, ingresar en el colegio Nacional Mejía, cuando la tradición femenina, en el Quito conservador de entonces, era estudiar en establecimientos religiosos.

80 años atrás, la mujer que terminaba el bachillerato “cumplía” socialmente su formación académica, no se exigía maestrías o doctorados, aquellas que iban a la universidad eran la excepción y, por supuesto, Isabel Robalino estuvo en ese grupo. 

Cursó Derecho en la Universidad Central.

La única mujer en clase. La única en graduarse de abogada. La única.

Laura Arcos, sobrina de doña Isabel, dice: “Ella siempre tuvo mucha personalidad, además contaba con el apoyo incondicional de su madre… ella no hubiera podido hacer lo que hizo si no contaba con su soporte”.

Pronto llegarían los cargos públicos: concejal del municipio de Quito, asambleísta constituyente, senadora, miembro del Tribunal del Crimen y de la Corte de Menores.

Pero también ejerció la docencia en colegios y universidades.

Su vocación siempre fue social, de cercanía con los marginados.

Recuerda que en su juventud un sacerdote amigo viajó a Roma, al regreso trajo consigo ideas nuevas, nacidas bajo el influjo de la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII.

Se trataba de aplicar la doctrina social de la Iglesia, de la opción preferencial por los pobres.

Robalino cuenta que fue un descubrimiento platicar con aquel sacerdote sobre una Iglesia más comprometida. Una que proponía a las autoridades religiosas dejar la parafernalia, bajarse del pedestal y caminar junto al pueblo. Esa visión política-religiosa marcó su destino.

Y el trabajo social lo corrobora: quienes han investigado su vida sostienen que debió organizar más de 2 500 sindicatos.

“Es un referente para el país que requiere trabajo, seriedad, honradez, alegría, sentido de vida. Ella en estos años ha hecho eso, un testimonio de lucha, un testimonio de vinculación con los trabajadores”, dice el historiador Enrique Ayala Mora.

Ciertamente, una mujer de izquierda, comunista, dijeron muchos.

Su sobrina Laura aclara: “Ella jamás fue comunista. Lo que quería era el desarrollo de la gente pobre, del obrero, del trabajador y lo que pretendía es que se unieran esas personas para exigir sus derechos”.

Escribió libros sobre ética profesional, sindicalismo y un manual de derecho al trabajo.

Su posición ideológica no fue óbice para que se acercara a políticos de pensamiento distinto: fue amiga de Clemente Yerovi, Carlos Julio Arosemena, Velasco Ibarra, Assad Bucaram.

Isabel Robalino.
Entrevista con el arzobispo de Quito, Carlos María de la Torre (1950).

“Es un símbolo. Un símbolo de los valores fundamentales de la vida y además un reto porque nos impone la obligación de seguir su camino… ella es un símbolo de lo que Ecuador debe ser. Un país de libertad. Un país de dignidad. Un país de honradez y un país de coraje”, diceBlasco Peñaherrera Padilla, exvicepresidente de la República.

Isabel Robalino, mujer de izquierda y de fe. 

Asegura que aún va a misa y que de vez en cuando se confiesa.

¿A los 100 años, de qué se confiesa, doctora? 

—Jajaja ¡eso es confidencial! 

—O sea que tiene sus pecadillos… pero qué, ¿se escapa del convento? 

—No, no me escapo porque cuando vine acá me entregaron las llaves. 

La siguiente pregunta la formulo con cierta malicia, dados los mitos sobre la vida nocturna en los conventos:

Y cuando llega tarde en la noche, ¿no ha visto nada raro en los pasillos del convento?

—No, no, todo bien… jajaja.

“Isabel a sus 100 años está en plena lucidez, activa. Yo creo que la personalidad de Isabel Robalino se evidencia en lo que hace hasta ahora. Ha sido pionera en su juventud, es pionera al llegar a los 100 años, ejemplo de que la edad cuenta cuando primero están los valores de la ética y de la patria”, diceLeón Roldós, exvicepresidente de la República.

Le pregunto a la doctora Robalino si tiene fotografías de antaño y con emoción me muestra dos álbumes con imágenes y recortes de periódicos del siglo anterior. 

Son cuadernos rectangulares como de 40 centímetros. 

Las páginas desgastadas de cartón oscuro, duro y corrugado muestran el paso del tiempo. Intercaladas entre los folios encuentro delicadas hojas traslúcidas, con diseños barrocos, que dividen y protegen las fotografías.

Manipulo las páginas con cuidado y pienso que necesito guantes…

Le pregunto sobre algunas fotos y su rostro se ilumina mientras me explica: viajes a Europa, reuniones en sindicatos de obreros, encuentros con políticos. Su vida en un centenar de fotos en blanco y negro. 

Me atrevo y le propongo llevarme temporalmente los álbumes a la oficina para obtener copias de calidad. 

Generosamente me los confía.

Nunca se casó ni tuvo hijos, las labores sociales ocuparon su tiempo e interés.

“En mi juventud me gustaba bailar pero con una persona que se pudiera conversar de manera interesante, que planteara temas…”

La formación académica y el trabajo social crearon en Isabel Robalino un compromiso de fondo. 

Los pobres y sus problemas, el desarrollo laboral del indigente. La inequidad, la falta de oportunidades. 

Por la cantidad y relevancia de los cargos y ocupaciones que ejerció Robalino, hoy, diríamos que pudo ser una mujer mediática pero no se interesó en los flashes ni en el boato. Menos aún en la farándula politiquera.

Su sobrina Laura Arcos agrega: “Tenía muchos admiradores, mucha gente que le buscaba, pero ella lo que quería era seguir con su trabajo. Fue muy recta y dura en sus intenciones”.

En cuestión de amores, Doña Isabel no enfrentó dilema alguno: “Sí, lo tenía claro: la vida matrimonial no era mi vocación”.

—¿Cuál era su vocación? 

—Bueno, los estudios, la vida profesional. 

—¿Y nunca se enamoró entonces?

—Puede ser que alguna vez pero hasta cierto punto, no más…

—¿Pesó más su carrera?

—Sí.

—¿Y está conforme?

—Sí.

A su edad, esta mujer-roble podría tomar vacaciones, pero Robalino rompió el molde: hoy es parte de la Comisión Cívica Anticorrupción.

“Sí, es lo mejor para no decaer, porque descansar podría resultar depresivo”. 

Dice estar al tanto de los casos de corrupción.

Ha investigado a Odebrech y a funcionarios del Gobierno de Rafael Correa.

—¿El Gobierno de Correafue una década ganada o perdida?

—Perdida.

—¿Por qué?

—El Gobierno anterior era “facistoide”, como yo lo denominé.

Isabel Robalino
Sus intervenciones internacionales han sido innumerables.

Sin entrar en detalles, agrega que la administración de Correa tuvo prácticas claramente totalitarias.

“A los 100 años, que una mujer siga luchando por la democracia y por la libertad creo que es motivo de optimismo sobre el futuro del Ecuador, y es una lección de honestidad y en contra de la corrupción”, dice Oswaldo Hurtado, expresidente de la República.

Con cien años cumplidos, el ser humano se predispone a reflexionar.

En el ocaso de la vida surgen temas sensibles.

—Para usted, ¿qué hay después de la muerte? 

—¿Después de la muerte? Esperamos una salvación, una salvación para siempre.

—¿Usted ha hecho las tareas?

—No creo que mucho, pero he tratado de hacer lo que he podido. 

—¿Y está preparada para ese paso? 

—Creo que sí, al menos lo miro con tranquilidad.

—¿No hay angustia?

—No.

El pasado14 de octubre celebró su cumpleaños número 100 (2018).

Quiso que fuera en un lugar especial, allí donde se formó, en la Universidad Central.

Los organizadores convocaron a diferentes actores sociales y el auditorio quedó pequeño.

Hubo gente de derecha y de izquierda, empresarios y trabajadores, religiosos y agnósticos.

Las distancias ideológicas desaparecieron, las diferencias intelectuales también.

Aquel día, las diversas tendencias políticas expresaron, al unísono, admiración y respeto.

Ella calificó a la ceremonia como exagerada.

Aprovechó el momento para destacar los valores que motivaron su vida “como son la libertad, la democracia, el servicio a los demás, la búsqueda primordial de vivir en un mundo, en una sociedad. Hay que tener fe y un objetivo concreto en la vida”.

“Sabe que yo llegué riendo al programa, pero en mitad del evento se me fueron las lágrimas porque nunca pensé que iba a estar al frente de una mujer de 100 años con una lucidez interminable y que concluye diciendo que sigamos luchando por la libertad, por la democracia, por el servicio a los demás como camino para el buen vivir”, dice Lourdes Tibán, exasambleísta.

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