Ir a la batalla con una sonrisa
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Ir a la batalla con una sonrisa

ir a la batalla

Por María Fernanda Ampuero

Leo Cómo ser mujer de Caitlin Moran porque todo el mundo está leyendo Cómo ser mujer y quiero saber por qué. En la faja roja que lo rodea, leo que se han vendido más de 500 mil ejemplares del libro —mitad ensayo, mitad biografía— de esta inglesa de 38 años que no trata sobre sadomasoquismo light ni sobre el misterio de Da Vinci ni sobre enzimas milagrosas. Cómo ser mujer es un libro sobre feminismo (¡!) que ha vendido más de medio millón de ejemplares y ha sido traducido a 24 idiomas. ¿Ah? Así mismo me quedé yo.

Haciendo una búsqueda por Internet descubrí que la propia Caitlin protagoniza la imagen de la portada: una mujer de melena negra con un mechón blanco en la frente, los brazos en jarras, ojos azulísimos, piel muy blanca, sonrisa y unas cejas marcadísimas que están en pose de escepticismo divertido, como diciendo “¿de verdad?”. He ahí, en esa foto, el secreto del éxito de Cómo ser mujer: ella está a gusto consigo misma, ella se lo está pasando bien, ella es divertida.

¿Cómo puede ser que lleve esa media sonrisa, esas cejas pícaras? Caitlin Moran es feminista, debe, tiene que estar —muy— cabreada con el machismo, el patriarcado, las violaciones, la violencia de género, la ablación genital, las diferencias salariales, la trata de mujeres, el burka y todas esas cosas de este infame mundo, tan desigual para las mujeres. Pero Caitlin Moran no está furiosa. O lo está, pero no lo demuestra. Su táctica es otra, es proyectar una imagen que parece decir: “estoy a punto de reírme de ti y tu machismo rancio en tu cara”.

Esto dice sobre eso:

“(Las feministas de hoy) No tenemos que amotinarnos, ni que empezar una huelga de hambre. No hay necesidad de que nos arrojemos a los pies de un caballo, ni siquiera de un burro. Solo tenemos que mirar las cosas de frente, directamente, y luego echarnos a reír. Parecemos más apasionadas cuando nos reímos. La gente nos desea cuando nuestra risa es natural y relajada. Es posible que no les parezcamos tan atractivas cuando golpeamos las mesas con el puño, gruñendo ‘¡ARRG! ¡ARRG! ¡Sí, esto ES lo que hay! ¡JÓDETE patriarcado!’”…

Lo que viene a decir Cómo ser mujer, este libro divertidísimo sobre sostenes, sobrepeso, depilación, amores no correspondidos, pornografía, masturbación, ídolos musicales, amor y esa búsqueda de quién diablos es una misma, es que, a día de hoy, las mujeres —y los hombres— feministas debemos ir a la batalla con una sonrisa. El mantra que repite Caitlin es que debemos ser feministas, claro, por supuesto, cómo no vamos a ser feministas si el mundo, con su lógica patriarcal, nos intenta aplastar a cada paso:

“Si no quieres decir en voz alta que eres feminista lo que estás diciendo es: dame una patada en el culo y quítame el voto femenino, patriarcado, por favor”.

Es más, pide que nos trepemos a una silla y gritemos a lo que nos dé el pecho: “¡soy feminista!”, pero también dice —atención a esto— que debemos controlar esos ataques de ira, ese dedo acusador contra el macho, ese chillido de rata fea y desquiciada, que lo único que consiguen es desacreditarnos: “ah, otra loca feminista”.

Nos hemos equivocado estando furibundas tantos años, viene a decir Caitlin Moran.

Lo que debemos hacer es ser mujeres divertidas —no frágiles, no complacientes, no fáciles, no tontonas—, sino mirar las cosas de frente, decir lo que nos parece o lo que no y echarnos a reír. Reír como arma, qué maravilla.

La alternativa de Cómo ser mujer, tan diferente a la del feminismo que quemaba sostenes —imagínense quemar los sostenes, con lo que ayudan, con lo que cuestan—, es sin lugar a dudas la que recomendaría a todas las mujeres y a todos los hombres. Es más, cojan la silla más cercana, súbanse en ella y digan bien fuerte: “soy feminista”.

Y luego, una vez que tienen claro eso, por favor, diviértanse.

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