XXY: dudas sobre género, sexo y cuerpo

Cine argentino, película XXY
Ricardo Darín (Buenos Aires, 1957).

Cada tanto, el cine argentino produce películas que dan la vuelta al mundo, ganan premios importantes y muestran la fertilidad creativa y su organización industrial cinematográfica.

Solo en lo que va del siglo títulos como La ciénaga, Nueve reinas, El hijo de la novia, Relatos salvajes y la oscarizada El secreto de sus ojos pasaron con gran éxito por los cines de todas partes.

Al mismo tiempo, un nuevo cine argentino, más alternativo e independiente, ha invadido los festivales del mundo con películas admiradas por la crítica.

Historia poco convencional

En algún lugar intermedio entre el cine de grandes públicos y el cine independiente está XXY, un filme de 2007 dirigido por Lucía Puenzo —hija de Luis Puenzo, director de la recordada La historia oficial de 1984, primera ganadora del Óscar para Argentina— e interpretada, entre otros, por el gran Ricardo Darín.

La historia es poco convencional. Alex es una adolescente de quince años cuya identidad sexual podría describirse como intersexual. Es decir, su cuerpo no se encuadra anatómicamente dentro de los patrones sexuales tradicionales que forman el sistema binario varón/hembra.

Alex posee, al mismo tiempo, genitales de ambos sexos. Vive en el campo, cerca de la costa uruguaya, casi aislada, hasta donde llegó de corta edad con sus padres para evitar la perniciosa inquisición ajena. Un día llegan de visita a su casa dos amigos de sus padres con su hijo adolescente. La visita es transformativa en la casa de Alex. Ramiro, uno de los visitantes, es un celebrado médico cirujano, y la madre de Alex le ha pedido que examine su caso para, luego, operarla y eliminar su condición intersexual.

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El padre de Alex (interpretado por Darín), que ha cortado vínculos con el mundo exterior, no tiene respuestas y es retratado con sus dilemas y facetas oscuras. Pero es Álvaro, el hijo adolescente de los visitantes, quien cambiará la fisonomía del relato. Alex, con una sexualidad desbordante, trata de conquistar a Álvaro, y vemos una escena de iniciación sexual impactante.

Allí, entonces, la historia de unos padres que quieren intervenir en Alex empieza a convivir con una de sexualidad adolescente y, finalmente, de amor.

Más preguntas que respuestas

Lucía Puenzo hace de esta historia, que en otras manos podría juzgar o escandalizar, un relato delicado, sutil, lleno de dignidad, que plantea más preguntas y ofrece menos respuestas, cuestionador de las reglas tradicionales y de un orden moral implantado. La directora está fuera de toda corrección política y, al mismo tiempo, ofrece respeto y cuidado ante lo diferente.

Las dudas identitarias de su protagonista, el deseo descomunal, la presencia de la naturaleza —humana y natural— en el relato, la relación entre género, sexo y cuerpo, la desobediencia de las políticas sexuales implantadas, son todos temas importantes de esta película, acaso una de las más inquietantes del cine argentino de este siglo.

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