El 30 de julio de 2007 Bergman falleció en su casa de El Färo, lugar predilecto del director sueco para concentrarse en una labor creativa de muchas décadas, allí concibió sus guiones y una obra cinematográfica que hoy está ubicada entre los clásicos del cine junto a los grandes de la cinematografía: Fellini, Antonioni, Stanley Kubrik, y algunos otros notables cineastas del siglo XX.
Nació un domingo 14 de julio de 1918 en Estocolmo, su niñez y juventud las pasó en Upsala. El padre, vicario de la iglesia cristiana, educó a sus hijos con un método tan estricto que llegó al maltrato sistemático, aspecto que dejó honda huella en la sensibilidad de Bergman e influyó en una personalidad compleja que, lejos de buscar la evasión, ahondó en los aspectos más intrincados y abismales del espíritu humano. El don maravilloso de la creación artística le ayudó a exorcizar la terrible experiencia infantil de un padre fanatizado por la religión y que representó para Bergman el aspecto tenebroso de muchos de sus personajes. La madre significó el punto luminoso con el cual decía identificarse más, y de los recuerdos rescataba aquellos que formaron parte de su desarrollo artístico, pues existió en el claroscuro de su niñez el genio de la imaginación unido a las posibilidades que tuvo de conocer la música, el teatro, la literatura, iniciándose en la infancia con la práctica del teatro de títeres.
La presencia de la abuela y de esa gran familia matizaban los recuerdos que aparecieron en su obra fílmica posterior: Fanny y Alexander y que recoge parte de esos sueños y memorias.
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