EDICIÓN 485

A 7000 kilómetros de Londres
Aunque parezca mentira, el té se tomaba mucho antes de las cinco de la tarde y lejos de Inglaterra, exactamente a 7780 kilómetros, en China. Las leyendas sobre su origen abarcan a un emperador casi mitológico del quinto milenio antes de Cristo y a Bodhidharma, monje budista de origen persa, quien junto con las artes marciales llevó la bebida a los monasterios de Henan.
La única certeza es que el pueblo chino fue el primero en apreciar las cualidades de la planta de tal modo que le dedicaron tratados poéticos, al tiempo que desarrollaban formas distintas de consumirla.
Pronto el té fue al Tíbet a lomos de caballo, en barco al Japón y en camello al mundo árabe. Por otro lado, Europa tuvo que esperar hasta el siglo XV para su popularización, cuando los portugueses lo trasladaron desde el subcontinente a Lisboa, junto con otro producto importantísimo: el azúcar.
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