Historia de la buena mesa.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Historia de la buena mesa.

Por Gonzalo Dávila Trueba.

Ilustración Camilo Pazmiño.

Edición 428 – enero 2018.

Firma---Gonzalo-DSudorosos cazadores cromañones regresaban en hilera por un chaquiñán enclavado en n risco. En las profundidades resonaba el eco que respondía a los ruidos que prorrumpían y que parecían decir: “¡achachay, hou, hou!, ¡achachay, hou, hou!”. Se veía a uno de ellos portar sobre sus hombros un ciervo que sería engullido por toda la tribu.

Ya en la cueva, los niños jugaban cerca del fuego y esto era la causa de los continuos chillidos, hasta que uno de ellos gritó: “¡arrarrauuu!”, lo que produjo un profundo silencio: aquel sonido les pareció del todo nuevo y desconocido. “¡Arrarrau!, arrarrau!”, repitieron, y llamaron al quemado de esa forma. Fue entonces cuando a otro miembro del clan se le ocurrió lanzar las tripas del ciervo a la lumbre. Luego de enroscarse, dorarse y emanar un humo de magnífico olor, las sacaron para zamparse a mordiscos y jirones, entre pequeñas riñas. Culminó el festín en una gran siesta, pues todos tenían la panza llena.

Por cierto, desconocían haber inventado la tripa mishque rellena.

Por esos mismos tiempos forjaron una manera de entenderse que sería el origen de un idioma rudimentario, cuyos símbolos no dudaron en esculpirlos en el techo de la cueva, junto a los perfiles de sus manos pintadas con achiote y una que otra pintura alusiva a cosas de mayores.

Cincuenta mil años más tarde, los miembros de la delegación diplomática de Venezuela habían hecho del Mare Nostrum —afamado restaurante de Quito— uno de sus bastiones gastronómicos. La mariscada los tenía obsesionados, pues en ella encontraron la inaudita exquisitez de la langosta, los langostinos, las almejas, los mejillones, el pulpo, los calamares y los camarones. Bañados, todos ellos, en una deliciosa salsa de mantequilla fundida con inauditas especias heredadas de los cromañones —que, hasta tanto, ya se habían mezclado con los neandertales y dieron lugar al aparecimiento del homo sapiens-sapiens—. Cada ingrediente mantuvo su propia esencia, por lo que bien podría considerarse a la mariscada, más que como un plato, una sinfonía, la Nº 1, de los sabores de la nueva gastronomía marina ecuatoriana.

El embajador solía asegurarnos que no dudaría en llevar al presidente Chávez para que la probara. Lo que nunca sucedería ya que, a pesar de las primeras piedras y esporádicas visitas, temía que lo envenenasen, tal como sucedió con el emperador Claudio quien, pese a los mismos temores y a haber sobrevivido a Calígula, estiró la pata mientras se servía el calentadito de la víspera (prándium) en el que habían puesto burundanga.

Maduro, en cambio, llegó a la presidencia a causa del cáncer pélvico de un pajarito, y a pesar de ello él sí fue al Mare Nostrum. Resultó ser un hombre inmenso, inmenso como los cromañones, de suerte que ni de broma le ofrecieron sopa. Mejor le pusieron algo con exoesqueleto para facilitarle el agarre, como la langosta o los cangrejos.

Si la mesa está vestida de gala y la comida es como la descrita mariscada, faltaría aquello que ya no depende del anfitrión: un elevado nivel de tertulia, alejada del “achachay, hou, hou”, ovejuno, o del impertinente celular, en la que se plantee que la democracia, si bien se cuece alrededor del fuego, también nos ilumina para entender lo que es honestidad, respeto y alternabilidad. Solo en ese instante feliz se puede decir: ¡salud!

 

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

En este mes

Un resto inaccesible al consuelo

Por Daniela Alcívar Bellolio Edición 459 – agosto 2020.Ilustraciones: Shutterstock No hay palabras que puedan presentar con justicia este texto, pero lo intentamos: si hay

En este mes

Ochipinti o la eterna alegría

Por Francisco SantanaEdición 459 – agosto 2020.Fotografía: Shutterstock   Esto es así de sencillo: había una vez un hombre que preparaba los mejores cangrejos de

Arquitectura

Hiroshima y Nagasaki

Se les recuerda por el lanzamiento de dos bombas atómicas, pero también tienen otra cara que mostrar: la de hermosos sitios naturales, templos y tradiciones

En este mes

Una guerrera por el planeta

Por Elisa Sicouret Lynch. Fotografía: Cortesía. Edición 459 – agosto 2020. Cecilia Hidalgo Torres, directora de la oenegé Mingas por el Mar, considera que el

En este mes

Retratos centenarios

Texto y fotografías: Jorge Vinueza Edición 459 – agosto 2020. En el centro del parque Centenario se encuentra, desde hace mucho tiempo, un personaje que

También te puede interesar

Columnistas

La madre de la mujer triste.

Por María Fernanda Ampuero. Ilustración Maggiorini. Ella sabe ser la madre de la niña gorda y golosa, de la niña a la que le brillan

Ana Cristina Franco

No seas (tan) quiteña

Por Ana Cristina Franco Un amigo me dijo alguna vez que nuestra santa Marianita de Jesús representa bien a las quiteñas: dramáticas, sufridoras, mojigatas. No

Mónica Varea

¡SALUD 2016!

Por Mónica Varea Si la palabra gracias tuviera un superlativo, diría graciototas a mis lectores. También agradecería a papá porque me dejó una herencia inagotable:

Anamaría Correa Crespo

#Prayingfor.

Por Anamaría Correa Crespo. @anamacorrea75 Ilustración: María José Mesías. Edición 454 – marzo 2020. En Australia arden las llamas, se ven imágenes de canguros calcinados,

Columnistas

EL HOMBRE ARAÑA.

Por Huilo Ruales. Ilustración Miguel Andrade. Edición 422 – julio 2017. Estoy en primer grado y es víspera de Na­vidad. Por primera vez en la