Historia de armarios y vitrinas
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Historia de armarios y vitrinas

historias-de-armarios-305x175

La palabra homosexual fue utilizada por primera vez en 1869, pero su práctica se remonta a los albores de la historia. Desde finales del siglo XX, varias naciones empezaron a garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales (Lgbti). Países como España, Argentina, México, Uruguay y algunos estados de la Unión Americana han aprobado uniones civiles, matrimonios y adopciones. En el Ecuador se despenalizó la homosexualidad hace 15 años.

Por Pedro Artieda Santacruz

Disco, pop, cumbias y salsa. Transcurrían los años ochenta y noventa del siglo XX. Las discotecas y pubs clandestinos corrían las ventanillas de sus portones. Antes de ingresar, los clientes eran identificados. El mínimo error clausuraría los negocios. El Hueco, Hopp y Ex, el bar de Ana María… Entre copas, pasos de baile y largas charlas, decenas de mujeres y hombres, sexualmente diversos, disfrutaban de su movida. Afuera, en los alrededores del barrio La Mariscal (Quito), los escuadrones volante apretaban sus luces de parqueo. Al burlar aquellas aldabas, la música se detenía. Todos callaban. Adiós abrazos y besos. Los vapores del deseo mutaban en desesperada transpiración.

Geovy Jaramillo, activista trans de los Derechos Humanos del Sur, recuerda con claridad las redadas policiales que humillaron a muchas personas, principalmente a quienes no cumplían con los parámetros de la masculinidad. Las personas transgénero (travestis y transexuales) fueron quienes más sufrieron. Insultos, humillación y maltrato, un triángulo equilátero. Amparados en el Art. 516 del Código Penal, que criminalizaba la homosexualidad, las autoridades hacían de las suyas. Sin embargo, tras declararse anticonstitucional la norma (noviembre, 1997), las mismas fuerzas del orden se vieron obligadas a tirar el tolete. Las marchas del orgullo gay, que empezaron a realizarse en Quito, fueron custodiadas por los gendarmes. ¡Quién lo hubiera pensado!, dice Carlos Palermo, integrante de la comunidad homosexual que participó en las primeros eventos de asfalto.

La diversidad sexual ha existido desde los albores de la humanidad y su población ha ocupado siempre un lugar importante en las sociedades del planeta. Desde finales del siglo XX, varias naciones de la región empezaron a garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales (Lgbti). Países vanguardistas como España, Argentina, México, Uruguay y algunos estados de la Unión Americana han aprobado uniones civiles, matrimonios y adopciones. Pero nada es gratuito. El colectivo Lgbti tuvo que luchar mucho. El Ecuador alcanzó otra meta al legalizar uniones de hecho entre personas del mismo sexo, por ejemplo.

Esta población, tan diversa en su misma diversidad, ha sido clave en la historia política, científica, académica, cultural y deportiva. Líderes, lideresas, luchadores y luchadoras dejaron su huella en ese gran libro de la diversidad sexual que algún día se editará, incorporando su maltrato, desavenencias, injusticias, desarrollo, visibilidad y conquistas. Su metamorfosis cultural. ¿Razones?: ideologías y posiciones totalitarias que no reconocen otras constituciones de pareja y de familia. Solo razonan a partir de la formación de la pareja tradicional entre un hombre y una mujer.

En algunos países, la homosexualidad ha sido vista contraria a la constitución de nación. En su estudio Historia de la literatura gay en Argentina (Adrián Melo, Buenos Aires, Ed. Lea, 2011), el autor plantea la hipótesis de que “la figura del homosexual aparece como una de las metáforas paradigmáticas del sexo anómalo y peligroso, del sexo improductivo… asociado a la idea del fin de una comunidad… y de la imposibilidad de hacer prosperar un proyecto de nación”. Sin intención de hacer apologías sobre homosexuales o lesbianas, parte del desarrollo y pensamiento de la humanidad se debe a personajes de estos colectivos, aunque en sus épocas no existían los términos que ahora los definen. La palabra homosexual fue utilizada por primera vez en 1869.

La época griega es un buen referente. No obstante, aunque es difícil comprobar la existencia de parejas estables del mismo sexo, son claras las relaciones homosexuales que existían entre griegos, regidas, por así decirlo, bajo ciertos parámetros: “… el erastés o amante era el miembro de mayor edad y más activo de una pareja homosexual. El erómenos era el otro miembro de la pareja, más joven y seguramente pasivo” (George Steiner y Robert Boyers, comp. Homosexualidad: literatura y política, Madrid, Ed. Alianza, 1985). Entre tantas figuras históricas, se cita al rey de Macedonia Alejandro Magno (323 a. C.), formado intelectualmente por Aristóteles, que extendió su imperio hasta Oriente. El autor de la célebre novela El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde, fue un reconocido escritor y dramaturgo en la Inglaterra de inicios del siglo XX, aunque estuvo en prisión por su condición sexual.

Entre las mujeres que han trascendido, se puede citar a Juana de Arco (siglo XV) que dirigió el ejército francés. Y de la historia reciente destacan la deportista Martina Navratilova y la escritora Susan Sontang. La literatura constituye, sin duda, un gran espacio para visibilizar las formas distintas de estar sexualmente en el mundo. A través de la ficción y basados en sucesos reales, novelas, cuentos, poesías… descubren a las sociedades y sus habitantes, sus formas de pensar, vivir, amar, odiar. Gregory Woods recorre minuciosamente por textos que tienen como leitmotiv a la homosexualidad, principalmente. En Historia de la literatura gay (Madrid, Ed. Akal, 2001), una suerte de “Biblia” para estudiosos de esta bellísima literatura, aborda clásicos griegos y libros de la Edad Media cristiana, de Oriente, del Renacimiento europeo.

Pero, si la diversidad sexual ha sido tan cotidiana a través de los siglos, ¿por qué llegó a satanizarse, al punto de ser prohibida en muchos países y seguirlo siendo en otros? (Irán, un caso paradigmático de fundamentalismo homofóbico). En nuestra región, el discurso judeocristiano influyó con su moralismo tanto en lo jurídico como en lo médico. Hasta 1973, la homosexualidad fue considerada una enfermedad, según el manual de la Asociación Psiquiátrica Americana, referente para muchas naciones. Lo transgénero todavía no ha salido de esta categoría. Por ello, hay un gran movimiento universal trans para que la próxima edición del texto mude de postura. Activistas hablan más bien sobre entornos amenazantes y no de personas enfermas. No obstante, hay países como Francia que decidieron no tomar en cuenta el manual. “Es importante ver la singularidad del sujeto”, comenta de manera coloquial la argentina Elina Criado, especialista en psicología forense, tras participar en el Primer Congreso Internacional de esta especialidad realizado en Quito, a finales de noviembre de 2012.

El Ecuador dio pasos gigantescos cuando despenalizó la homosexualidad hace 15 años e incluyó la no discriminación a la diversidad sexual en su Constitución de 1998. Pero falta mucho. Reglamentos, normativas y posturas. Y no solo desde el Estado, la sociedad civil y organismos. También desde los propios colectivos que conforman esta diversidad. Al interior también hay discriminación. Absurdo. Y paradójico. Es bastante usual, por ejemplo, que muchos homosexuales discriminen a las personas transgénero. A ello se suma la segregación racial y social (elementos de partida en la teoría Queer). Organizaciones y Gobiernos del mundo que trabajan por los derechos humanos y los respetan deben establecer estrategias para sensibilizar, crear conciencia y consolidar un Colectivo (sí, con mayúscula) que por siglos ha sido maltratado. Y dejar de ver a esos otros como los “otros”. El tema estará resuelto, sin duda, cuando cambien los léxicos y el tono de estos.

¿Qué hicieron algunos conquistadores españoles cuando llegaron a América con los indios homosexuales y travestis? Aquí una cita textual de la investigación Pecar como Dios manda, historia sexual de los colombianos, de Roberto Palacio, quien evoca un relato del cronista Pedro Mártir de Anghiera: “Vasco (Núñez de Balboa) descubrió que el pueblo de Querequa era presa de los vicios más repugnantes. El hermano del rey y otros cortesanos iban vestidos como mujeres, y de acuerdo con los relatos de los vecinos, compartían la misma pasión. Vasco ordenó que cuarenta de ellos fueran destrozados por los perros…” Palacio reflexiona: “Al parecer, el buen cristiano Balboa en la mencionada ocasión mandó aperrear a los ‘putos’ que encontró allí, luego los quemó para limpiar el pecado contra natura…”.

Mas, si el argumento de lo “contra natura” ha sido una base para satanizar lo sexualmente diverso, la misma ciencia ha demostrado que cientos de especies animales mantienen comportamientos homosexuales, es decir, hechos naturales. Aun así, los seres humanos no pueden compararse con los animales. Son seres culturales, ante todo. Los activistas siguen marchando. La reciente candidatura de Diane Rodríguez para asambleísta es otra señal positiva para el colectivo ecuatoriano y mundial, a pesar de resquicios homofóbicos que urgen por no ahogarse en sus propias aguas. Nadar contracorriente ha sido posible. Surfear y driblar hasta el hartazgo. Hasta coronar gigantescas olas y romper las redes del arco contrario.

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

Recibe contenido exclusivo de Revista Mundo Diners en tu correo