Edición 454

En El nuevo Zaldumbide, Salvador Izquierdo se refiere a una carta en la que Joaquín Gallegos Lara, como varios intelectuales de la época, al parecer, le pedía ayuda a Benjamín Carrión y terminaba diciendo: “Si es necesario le agradeceré como un perro”. Cuando leí esa frase no pude evitar soltar una carcajada. Claro, al principio me reí de esa típica conducta ecuatoriana y serrana de “permisito, disculparán nomás”, pero luego la carcajada devino en tristeza. Porque obvio, yo no me identifiqué con Carrión.
¿Cuántas veces he tenido que acudir a colegas acomodados en puestos culturales para pedirles o, mejor dicho, rogarles algún tipo de apoyo? En esta historia de hacer realidad mis proyectos cinematográficos-culturales me ha tocado rogar, llorar, luchar cuerpo a cuerpo. Entonces me reconozco plenamente en la súplica de Gallegos Lara, quien, como acota Izquierdo, además, era tullido y murió sin máquina de escribir. Sobre todo, me identifico profundamente con eso de agradecer como perro o, mejor dicho, de sentirse como uno.
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