Skip to main content

Grageas

por Huilo Ruales

Por Huilo Ruales

Edición 458-Julio 2020

Ilustración: Miguel Andrade

Firmas001a 1

IMG 3069 dos

1

Nada más repudiable que la escritura. A veces, es como un anciano o un hijo enfermo apoltronado en la sombra de esta habitación y que no duerme casi nunca. Siempre está moviendo torpemente sus extremidades. Siempre me está acechando desde sus ojos coagulados, desde su boca enorme a veces sangrienta, a veces desdentada. Su voz me llama por el nombre en la madrugada. Y en los sueños, de repente abre la puerta y gateando se me acerca a la cama y me coloca su enorme mano en el pecho o en la cara. Déjame en paz, le digo temblando de asco y de miedo y ello se ríe, solloza, me escupe desde lejos sin saliva. Maldita escritura. Quisiera envenenarla, estrangularla, rociarla de gasolina y quemarla con todo lo escrito que es a la final su pertenencia, su pasado y su mortaja. Pero aquí está, la muy maligna, encaramándose en mis piernas. Soy tu belleza, me dice con su voz carrasposa, parafraseando a Rimbaud.

2

Escribe sobre las pesadillas de la casona, me decía el bisabuelo que era eterno. Escribe sobre el tesón de las lombrices durante la noche. Sobre las mujeres que retozan menos de goce que de dolor al soltar en la tierra año tras año un nuevo depredado. Escribe con la lengua antes de que te la cercenen, me decía el bisabuelo resentido con la creciente mezquindad de la memoria y la ingratitud de la muerte.

[rml_read_more]

3

Cuando yo era niño tenía miedo de ser eterno y por eso buscaba orificios en la tierra. O me encerraba en el sótano que era un cementerio de tereques. Allí me esperaba la pila de cajas llenas de fotografías familiares y en ellas me zambullía. Hasta los personajes más antiguos me reconocían. Dónde se metieron ustedes les decía a los fantasmas bien vestidos de las fotos que lloraban ante mi desnudez de huesos nuevos, luminosos. Casi ninguno contestaba y más bien se escabullían dentro de su tiempo y de su historia.

4

La soledad casi no me alcanza para resistir el Aleluya en la versión de Jim Buckley. Su guitarra, durante un generoso minuto saca esquirlas del silencio y disemina luciérnagas en este bosque de cemento colmado de jaulas. Arpegios vespertinos trayendo agua para el pecho, izando escaleras en este piso penumbroso que me habita al mismo tiempo que me deshabita. De pronto, como una puerta secreta que se abre, como un gemido viniendo de los sueños brota la voz. Un canto prodigiosamente humano, remoto, como plegaria y presagio. En la gravísima voz de su autor, Leonard Cohen, el canto tiene la concavidad de un templo donde se celebra la epifanía mayor: “El amor no es una marcha victoriosa/ es un frío y roto Aleluya”. En la voz fina y desgarrada de Jim Buckley se convierte en dolor. Se diría que, además de las palabras, en su canto, subyace el otro aleluya. Aquel que triza la noche de los desarraigados del mundo devorados por el mar. Los campos de refugio sin salida. Los campos de amapola. La sangre en los pies. Los niños sobrevivientes bajo el sol, caminando y caminando sin saber si están vivos o si son partículas de un monstruo sediento. Y, a su vez, nos acerca a su tragedia personal: el desamparo en la niñez, la muerte prematura de su padre, y, no sé cómo, nos anuncia que ya es víspera de encontrarse con su propia y temprana muerte. La canción se me prolonga en los ojos, el corazón, estas manos como nunca tan limpias y vacías. Desde este alto piso observo la ciudad desolada, muda, como si ya no hubiese sobrevivientes. Como si a espaldas de esta caterva uniforme de edificios reposara la planta nuclear de Chernóbil.

Ilustración: Miguel Andrade
Edición 458-Julio 2020

Imagen de perfil

Acerca de Huilo Ruales

Escritor ecuatoriano cuya obra abarca todo tipo de estilos, desde la novela, crónicas, teatro, poesía, cuentos y microrrelatos. Es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes del país; sus obras han sido traducidas al francés y alemán.
SUS ARTÍCULOS