Sí al cambio, no a los barbarismos

Igualdad de género en el lenguaje.
Fotografía: Shutterstock.

Como anotábamos en artículos anteriores, la lengua no es la causante de la discriminación ni del machismo; en realidad son las taras de la sociedad que han durado demasiado, lamentablemente.

Cuando nos referimos, por ejemplo, a la fiscal general, no tenemos necesidad de escribir la ‘fiscala’; tampoco cuando mencionamos correctamente a una general no hay necesidad de escribir la ‘generala’.

Sin embargo, por lo que conocemos como “la fuerza de la costumbre”, nos saltamos todas las reglas y escribimos como se nos antoja.

O recurrimos a lo que los teóricos de la lengua denominan la duplicación que, como expresa el escritor Álex Grijelmo, nace de la creencia según la cual el genérico masculino “constituye un rasgo de machismo”.

Y la idea de usar el duplicativo no significa que vamos a lograr la igualdad de género y llegar a lo que en la actualidad conocemos como lenguaje inclusivo (el-la, ellos-ellas, nosotros-nosotras, nuestro-nuestra, ecuatorianos-ecuatorianas, mexicanos-mexicanas…).

No todas las palabras ni las expresiones se vuelven inclusivas por el solo hecho de agregarles la vocal ‘a’ al final de una frase.

En Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo, Grijelmo ofrece una lista de uso muy común que no admite cuestionamientos; son palabras que se conocen como comunes en cuanto al género:

el pediatra – la pediatra
el joven – la joven
el portavoz – la portavoz
el modelo – la modelo
el atleta – la atleta
el militar – la militar
el conserje – la conserje
el albañil – la albañil
el profesional – la profesional
el corresponsal – la corresponsal
el comensal – la comensal
el concejal – la concejal
el amante – la amante
el criminal – la criminal
el mártir – la mártir
el rehén – la rehén
el cónyuge – la cónyuge
el delincuente – la delincuente
el intérprete – la intérprete
el paciente – la paciente
el cómplice – la cómplice
el cantante – la cantante
el alférez – la alférez
el agente – la agente

En nuestro medio hay voces que perdieron esa idea de común en cuanto al género. ‘Concejala’ se usa a cada rato, lo mismo ocurre con ‘jueza’ en lugar de ‘la juez’. Esto no constituye ningún drama, simplemente es el registro de que, por causa de la costumbre, se producen los cambios.

Ni siquiera las palabras que terminan en ‘a’ y en ‘o’ determinan el género, la clave casi siempre está en el artículo y en las demás concordancias.

Ejemplos de ‘la’: la modelo, la contralto, la mano, la soprano, la sobrecargo (azafata).

Ejemplos de ‘el’: el pediatra, el espía, el internauta, el fisioterapeuta, el día.

Terminadas en ‘e’ pero de distinto género: café, mate, sangre, esfinge.

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